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Juan Guaidó: “Maduro se mantiene en el poder a sangre y fuego”

La compleja realidad del país sudamericano se estanca. La crisis nacional depende cada vez más de la capacidad del régimen chavista para adaptarse a subsistir en su ecosistema de poder a fin de no perder esa condición elitista.
Juan Guaidó: “Maduro se mantiene en el poder a sangre y fuego”
El líder de la oposición y simbólico presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó (de fondo; el escudo nacional venezolano) / El País.
El líder de la oposición y simbólico presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó (de fondo; el escudo nacional venezolano) / El País.

La fuerza y la coacción son la base de la estructura de poder que el régimen comunista de Nicolás Maduro ha instaurado en Venezuela como la norma, la ley y el orden en medio de una crisis económica y social que su Gobierno creó en 2014, y que ahora busca contener mediante el control sobre el malestar de la población para evitar una implosión que devenga en un golpe de Estado militar, pues precisamente, ese poder autoritario de Maduro se sostiene sobre el respaldo de la élite castrense venezolana.

Este es el escenario actual de una nación donde sobrevivir es la regla; sobrevivir a mucho más que la pandemia de Covid-19, sino también al desgaste social que las familias venezolanas sufren por la hiperinflación, la devaluación de la moneda local, el alto costo de la vida y la precariedad de los servicios públicos. Evitar que una masa social se vuelque en la capital, Caracas, contra la permanencia del Gobierno (de facto) de Maduro, es lo que se resume con una simple frase: “sangre y fuego”.


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Y es que el líder de la oposición y simbólico presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, comparó el pasado viernes a Nicolás Maduro con el fallecido líder-dictador de Libia Muammar Gadafi y afirmó que “las elecciones legislativas convocadas por el chavismo (para el 6 de diciembre) serán desconocidas por la comunidad internacional”, afirmó en una entrevista con la Voz de América, una agencia de prensa del Gobierno de Estados Unidos.

Esto implica que la nueva estrategia de Guaidó se basa en instaurar y exponer la matriz de opinión pública preconfigurada de que las elecciones parlamentarias en Venezuela son ilegítimas desde su origen el mecanismo fraudulento que el régimen de Maduro ha estructurado en la logística, la administración y el financiamiento al Consejo Nacional Electoral (CNE).

Guaidó advirtió que el informe de la Misión Independiente de la ONU -publicado esta semana que presentaba testimonios de violaciones a derechos humanos de más de 200 personas- demuestra que “el gobierno en disputa de Maduro está dispuesto a aniquilar a la disidencia con tal de mantenerse en el poder”.

La peligrosidad de la permanencia de Maduro en el poder

Este advertencia deja entrever un peligroso escenario potencial en el país sudamericano: la anulación mediante el monopolio de la fuerza por parte del régimen de Maduro sobre la disidencia política, dado que con cada proceso electoral que el Gobierno chavista continúe prediseñando para mantener el control territorial del país y sean elecciones tildadas de fraudulentas, la oposición se verá presionada y arrinconada por la extrema influencia que el chavismo tiene sobre el poder militar, institucional, financiero y político del país.

El reporte señala que “las fuerzas de seguridad venezolanas y grupos aliados han cometido violaciones de los derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad”. 

Entonces, el estatus quo en Venezuela ahora se basa en la creciente fuerza autoritaria con la que el régimen de Maduro controla cada espacio de la vida nacional para evitar alteraciones en el orden social y político ante el masivo malestar civil contra una crisis que parece no tener fin y que podría prolongarse si el chavismo llega a convertirse en una especie de dinastía política mediante el dominio del Parlamento para gobernar el país por decretos unilaterales con medidas económicas aun más regresivas.

El también presidente del Parlamento venezolano indicó a la VOA que el Gobierno en disputa “se mantiene en esa posición a sangre y fuego, literalmente”.

Es decir, la interpretación de la crisis nacional y de la capacidad del régimen para adaptarse a subsistir en su ecosistema de poder a fin de no perder esa condición elitista, se basa en que la comunidad internacional debe aplicar medidas de presión lo suficientemente sólidas como para disuadir al Gobierno de no instaurar un Estado totalitario que tenga la intención de reducir a su población con tal de no perder la prerrogativa del poder. 

El potencial escenario en la crisis del país

“¿Qué opciones tenemos entonces, entendiendo que nos enfrentamos a unos delincuentes? Mucho más parecidos hoy a Gadafi, en mezcla con Pablo Escobar. Porque tiene el señalamiento por narcotraficante y por terrorismo, pero también por delitos de lesa humanidad”, agregó Guaidó, en referencia al histórico capo del narcotráfico colombiano y al líder​​​​ libio que gobernó su país con mano de hierro durante 42 años.

De esta forma, se puede inferir que la estrategia del líder opositor, como agente político de Estados Unidos para una transición de sistema en Venezuela, se enfocará en arreciar la política de sanciones financieras sobre el régimen con mayor precisión en los puntos neurálgicos de los monopolios del chavismo en la cúpula militar y empresarial venezolana, logrando así que el aislamiento financiero sobre la jerarquía armada influya en una ruptura de su bloque de apoyos hacia Maduro para que la Fuerza Armada se apegue a la Constitución y al principio del artículo 350, ligado al retorno de la democracia y la recuperación de la mermada estabilidad del país. @mundiario