Estados Unidos supera las 800.000 muertes por la covid-19

Imagen referencia de un test de coronavirus. / Pixabay
Imagen referencia de un test de coronavirus. / Pixabay

Pero muchos seguidores del ex presidente Donald Trump se oponen incluso a que se estimule la vacunación contra el virus.

Estados Unidos supera las 800.000 muertes por la covid-19

Esta semana Estados Unidos rebasó el umbral de las 800.000 muertes a causa de la fatídica pandemia de la COVID-19. Con esta penosa cifra, la nación norteamericana sigue siendo la que más fallecimientos ha tenido en todo el planeta. El índice de muertes por millón de habitantes es de 2.467, uno de los más altos del mundo, superado por muy pocos países, entre ellos Brasil, con un índice de 2.875, y la República Checa, con 3.252. En cambio, China, donde se detectó el virus por primera vez, tiene un índice de fallecimientos de 3 por millón de habitantes.

El 14 de diciembre, poco menos del 61 por ciento de la población estadounidense (casi 201 millones) estaba completamente vacunada. Es un porcentaje bajo en comparación con otros países, como España, donde en la misma fecha el 80 por ciento de la población (más de 37 millones de personas) había recibido la pauta completa.

Está demostrado que la vacuna contra la COVID reduce notablemente los contagios y, sobre todo, las hospitalizaciones y los fallecimientos. Pero la renuencia de muchos estadounidenses a vacunarse tiene fundamentos ideológicos, no científicos.

El legado de Trump

Esa renuencia se debe en parte al legado que dejó Donald Trump tras su estancia de cuatro años en la Casa Blanca. El ex presidente republicano enfrentó la COVID tratando de minimizar la gravedad de la epidemia e incluso ofreciendo a la población recetas caseras disparatadas para combatir el virus. Trump prefirió reducir el impacto de la pandemia en las empresas e insistió en mantener abiertos los negocios cuando la plaga se extendía por la nación como un reguero de pólvora.

Más adelante se rindió a la evidencia, recomendó el uso de mascarillas en público y ordenó que se produjera una vacuna rápidamente. Pero entre sus seguidores ya se había fortalecido la idea de que la protección contra la enfermedad era una decisión personal. El individualismo, tan arraigado en la mentalidad estadounidense, se convirtió en un obstáculo para una respuesta salvadora a la pandemia que habría evitado muchos miles de muertes. Vacunarse, usar mascarillas, mantener una “distancia social” en lugares públicos para evitar los contagios, son vistos por muchos norteamericanos como un ataque a su libertad individual.


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Incluso hoy, cuando la variante ómicron se extiende por los Estados Unidos, más seguidores de Trump no solo se niegan a vacunarse, sino que se oponen a que el gobierno aliente a la población a recibir la vacuna, según una reciente encuesta de Yahoo News/YouGov.

Casi la mitad de los votantes de Trump (el 48 por ciento) está en contra de que se estimule la inmunización, mientras el 41 por ciento está a favor. Entre los republicanos en general, el 45 por ciento aprueba la promoción de la vacuna, y el 43 por ciento se opone. En cambio, el 85 por ciento de los demócratas apoya que se vacune a tantas personas como sea posible. Junto al saldo fatal de más de 800.000 muertes, el coronavirus también ha dividido a Estados Unidos en vertientes ideológicas separadas por un abismo.

Como todas las epidemias, la COVID-19 pasará un día cuando se alcance la inmunidad colectiva mediante la vacunación. Pero si la actitud frente a la pandemia no se hubiera politizado en países como Estados Unidos, el precio en vidas sería mucho menor. El culto a la libertad del individuo no ha tenido en cuenta la salvación de los demás.


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