Todo pintaba perfecto para Miguel Arias Cañete hasta que abrió la boca
Miguel Arias Cañete era como aquel tío de Murcia al que en tu infancia solo veías de verano en verano y que te soltaba la calderilla que le rondaba en el bolsillo...
Hay personas como Arias Cañete cuya apariencia física les hace un gran favor. Ese hombre, no me lo nieguen, tiene aspecto de bonachón. Como sacado de una postal navideña y del que podríamos esperar un lote de regalos al llegar diciembre al ritmo del jo jo jo. A ese hombre que se nutrió de yogures caducados en pos de la economía de la sociedad española, de chuletones de ternera en la época de las vacas locas, de insectos para convencernos de sus cualidades proteicas, siendo ministro de agricultura, daban ganas de abrazarlo cual osito de peluche en las noches de tormenta. Arias Cañete era como aquel tío de Murcia al que en tu infancia solo veías de verano en verano y que te soltaba la calderilla que le rondaba en el bolsillo para que te fueras a comprar un polo de limón.
Arias Cañete, en fin, podía haberse presentado a las elecciones europeas y a las africanas y a las americanas si se lo propusiese, porque a su cándida expresión no podría resistirse ni la izquierda más radical. El físico no lo es todo, dicen, pero en el caso del candidato del PP tenía un algo magnánimo que traspasaba las vallas publicitarias, las imágenes de la prensa o la pantalla de plasma de cualquier cafetería. En fin, todo pintaba perfecto, nunca mejor dicho, hasta que el buen hombre abrió la boca y dijo algo así como que no podía abusar de su superioridad intelectual para hablar con su opositora del PSOE, Elena Valenciano. Que si lo hiciera sería como acorralar a una mujer indefensa. Que debatir entre un hombre y una mujer es complicado. Pero lo más revelador ha sido cuando, para arreglarlo, ha confesado que en dicho debate no pudo ser él mismo. Entonces ha sido cuando me he dado cuenta de que aquel que vestía piel cordero es todo un lobo. Como cuando te enteras de que Papa Noel, en realidad, son los padres. Y no puedo con el trauma.