Relatos sexuales: “Dejé su pene libre y totalmente preparado para mí”

Pareja practicando sexo en un ascensor.
Pareja practicando sexo en un ascensor.

Encuentro sexual en un ascensor entre el cero y el quinto piso. Unas finas bragas negras de encaje asomaron de debajo de esas tupidas medias también negras. Primer piso.

Relatos sexuales: “Dejé su pene libre y totalmente preparado para mí”

Encuentro sexual en un ascensor entre el cero y el quinto piso. Unas finas bragas negras de encaje asomaron de debajo de esas tupidas medias también negras. Primer piso.

La excitación recorría nuestros cuerpos a una velocidad tal que subir en ascensor a un quinto piso resultaba realmente flemático No tardamos en sentir que prescindir de la ropa no era tan mala idea. La piel ardía de tal modo… incluso el vaho se estaba apoderando de los espejos del ascensor, unos espejos que parecían querer dejar de vernos y envolvernos en una intimidad hacia las alturas.

Las medias no resultan el complemento más sensual cuando se habla de rapidez y comodidad a la hora de practicar sexo. Nunca las recuperé. Él prescindió de ellas como si fuese un gato rabioso. Unas finas bragas negras de encaje asomaron de debajo de esas tupidas medias también negras que ya habían perdido su nombre y su sentido y que ahora yacían en el suelo del ascensor junto a mis zapatos y mi bolso. Primer piso.

La posición en la que nos encontrábamos no podía resultar más excitante. Pegada en una de las esquinas del ascensor con la pierna derecha alzada y apoyada sobre la barra en la que los vecinos habitualmente colocaban sus manos. La falda subida dejando al aire mis bragas y mi sexualidad expuesta para él. En seguida supo qué hacer. De rodillas y con su mano, descorrió la parte de mis bragas que cubría mi vagina como si quisiese que el sol le iluminase tras descorrer una cortina tupida. Acercó su boca húmeda y lamió la parte externa de mis labios menores explorando el terreno en el que se hallaba. Segundo piso.

Subió al clítoris y jugueteó, de nuevo como un gatito, pero ahora sin rabia, con gusto, con hambre. La pierna que tenía apoyada en el suelo del ascensor me flaqueaba. Tercer piso.

Cuando se incorporó, su miembro estaba peligrosamente a punto de traspasar el vaquero, así que desabroché su cinturón con mucha prisa y bajé con cuidado la cremallera optando por tirar de los pantalones hacia abajo junto con los calzoncillos y dejar su pene libre y totalmente preparado para mí. Me arrodillé y lo lamí primero con mi lengua aguada para después introducirlo entero en mi boca. Hasta cinco veces su pene erecto entró y salió de entre mis labios. Sin levantarme aún saqué de mi bolso un condón, rasgué el envoltorio del preservativo XL, lo coloqué en la punta de ese pene eréctil y volví a chupar, de nuevo hasta el fondo. Cuarto piso.

Me levanté. Sentía mis bragas húmedas por los rastros de saliva que había dejado al practicarme el sexo oral y porque estaba tan excitada que solo haría falta una buena embestida en forma de penetración para hacerme eyacular.

Volví a mi posición en la esquina de ese cuadrilátero sexual en el que estábamos y con las manos bien colocadas en la barra y el culo apoyado de manera muy medida en ese vértice, volví a posicionar mi pierna formando un ángulo de 90 grados. Con una mano él volvió a retirar mi braga y con el otro brazo me levantó la pierna que aún se apoyaba al suelo. Penetró con fuerza y hasta el fondo. Ahí ya no había tiempo ni ganas para dejar las cosas a medias. Volvió a penetrar y con cada embestida suya yo creía estar más alejada de cualquier control mente-cuerpo. Otra y otra y otra. No podía cerrar las piernas ni mover las manos o me caería, solo podía disfrutar otra vez y otra vez y otra vez. Quinto piso.

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