De tragedia a prevención: cómo un sensor podría cambia las carreras equinas

Una investigación de la Universidad Estatal de Washington pone a prueba un dispositivo que mide el movimiento de los caballos a una escala imperceptible para el ojo humano. El objetivo: anticipar las lesiones y evitar episodios catastróficos.
Caballos de carreras. / Pixabay
Caballos de carreras. / Pixabay

Las carreras de caballos son una industria que combina prestigio, tradición y enormes intereses económicos, pero también un riesgo inherente para los animales. Las lesiones musculoesqueléticas —especialmente fracturas— suelen ser repentinas y devastadoras: terminan la carrera deportiva del caballo y, en el peor de los casos, provocan la eutanasia.

Ante esa realidad, investigadores de la Universidad Estatal de Washington (WSU) han desarrollado una herramienta pionera: un sensor portátil capaz de identificar con gran precisión qué ejemplares muestran patrones de movimiento que podrían anticipar una lesión fatal.

El dispositivo registra aproximadamente 2.400 puntos de datos por segundo, capturando microvariaciones en la zancada durante una carrera. Estos datos se procesan mediante un algoritmo avanzado que compara los patrones de cada caballo con registros históricos de animales sanos y de otros que sufrieron lesiones catastróficas. Con esa información, se genera un índice de riesgo entre 1 y 6, siendo 6 el nivel de mayor peligro.

El equipo de WSU probó los sensores en condiciones reales: casi 30.000 carreras, con más de 11.800 caballos pura sangre en 10 hipódromos de Estados Unidos entre julio de 2021 y mayo de 2024. Esta escala aporta un nivel extraordinario de robustez estadística, poco común en la investigación deportiva equina.

Los caballos con un riesgo nivel 6 fueron 44 veces más propensos a sufrir una lesión fatal que aquellos con un puntaje de 1. Aunque solo representaban el 0,4% de los arranques, acumularon el 4% de todas las muertes registradas. De acuerdo con los investigadores, enfocar la intervención sobre este pequeño grupo permitiría disminuir casi un 20% las fatalidades.

El líder del proyecto, el profesor Warwick Bayly, explicó que “esta tecnología puede ayudarnos a intervenir antes de que ocurra una lesión musculoesquelética fatal. Ahora tenemos el potencial de evitar lesiones que pondrían fin a la carrera o incluso a la vida de un caballo, y hacer que las carreras sean más seguras”.

Por qué el sensor es diferente a lo que ya existe

Hasta ahora, las evaluaciones previas a la carrera dependían en gran medida de la observación humana: veterinarios y entrenadores mirando cómo se mueve el caballo. Pero a velocidad de galope, muchas señales de microcojera son invisibles. Algunos hipódromos han incorporado escáneres o análisis videoacelerados, sin embargo, ninguno detecta en tiempo real las irregularidades del paso con resolución biomecánica.

Estos sensores intentan cumplir exactamente ese rol: traducen patrones microscópicos de movimiento —difíciles o imposibles de ver— en información aplicable. Los datos no sustituyen al veterinario, sino que lo alertan antes de que una dolencia silenciosa se convierta en fractura.

El estudio publicado en el Journal of the American Veterinary Medical Association no solo analizó zancadas. También correlacionó factores externos. La edad no resultó un predictor relevante, mientras que los caballos machos mostraron mayor probabilidad de lesiones fatales que las hembras. Las carreras más cortas tendieron a arrojar puntajes de riesgo más altos, posiblemente por la intensidad del esfuerzo en distancias breves. Por último, las superficies de tierra y césped presentaron mayor mortalidad que las pistas sintéticas, un hallazgo consistente con investigaciones previas.

Otro dato clave proviene de necropsias históricas: el 93% de los caballos con lesiones catastróficas presentaban condiciones óseas preexistentes. El sensor no cura esas patologías, pero sí puede detectarlas de forma indirecta antes de que el daño alcance el punto de no retorno.

La WSU colaboró con la empresa desarrolladora del sensor, StrideSAFE, desde 2020. Las primeras pruebas se realizaron en el Hitchcock Research Racetrack, el único hipódromo dedicado exclusivamente a investigación en una universidad estadounidense. Tras obtener resultados prometedores, el sistema se trasladó a pistas como Emerald Downs (Seattle) y luego a circuitos emblemáticos: Saratoga, Belmont, Keeneland y Churchill Downs.

El desarrollo tecnológico fue gradual. Cada iteración ajustó el algoritmo comparando miles de perfiles de zancada, hasta lograr que el puntaje fuera un verdadero predictor, no solo una lectura biomecánica.

La investigación no garantiza la eliminación total de las fatalidades. Sin embargo, marca un punto de inflexión: del diagnóstico reactivo al enfoque predictivo. Un pequeño dispositivo de unos pocos gramos podría convertirse en la herramienta que permita a entrenadores y veterinarios introducir pausas, tratamientos o cambios de calendario antes de enfrentar una tragedia.

“Si identificamos caballos en riesgo y actuamos con anticipación, no solo salvaremos vidas, sino que también fortaleceremos la integridad y la sostenibilidad del deporte”, insistió Bayly. @mundiario

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