Recrean el accidente de Chernóbil para estudiar los efectos de la radiación
El 26 de abril de 1986 marcó un hito trágico en la historia con la explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, desencadenando la mayor liberación de material reactivo jamás registrada. A casi cuatro décadas de esta tragedia, el área de Chernóbil se ha transformado en un laboratorio natural excepcional para investigar los efectos de la radiación en la fauna y flora, así como para comprender cómo las especies recolonizan territorios abandonados por los seres humanos.
Desde hace ocho años, un equipo científico conformado por la Universidad de Oviedo y la Estación Biológica de Doñana ha estado trabajando en esta área, realizando estudios pioneros. Actualmente, debido a la situación de guerra que dificulta su regreso a Chernóbil, los científicos han puesto en marcha una serie de experimentos en laboratorio para recrear el accidente nuclear y estudiar cómo la radiación afecta a los anfibios y escarabajos.
Los anfibios son una opción ideal para este tipo de investigaciones debido a su exposición tanto a ambientes acuáticos como terrestres y su movilidad limitada, lo que permite una exposición estable a la radiación. Pablo Burraco, investigador de la Estación Biológica de Doñana – CSIC, señala que “los anfibios son un buen modelo de estudio para este tipo de investigaciones”.
El equipo ha emprendido la tarea de simular un accidente nuclear para comprobar si la melanina actúa como un factor de protección contra la radiación, respaldado por observaciones previas en Chernóbil antes de que la pandemia interrumpiera sus proyectos. Durante años, han observado cómo la radiación afecta a las ranas arborícolas orientales (Hyla orientalis), notando diferencias en la coloración de las ranas expuestas a la radiación en comparación con las que viven fuera de la Zona de Exclusión.
Radiación en la biodiversidad
Ahora, los investigadores están llevando a cabo experimentos en laboratorio para estudiar de manera controlada el impacto de la radiación en anfibios y escarabajos. Han recreado condiciones de exposición a la radiación en larvas de sapos de espuelas (Pelobates cultripes) para investigar si la melanina realmente actúa como un mecanismo de protección.
“Estamos empezando a ver diferencias en la mortalidad”, afirma Pablo Burraco, refiriéndose a los resultados preliminares de su experimento. Además, el equipo ha iniciado otro estudio con ranas del género Xenopus en Escocia, analizando los efectos de la exposición prolongada a niveles bajos de radiación, similares a los que existen en Chernóbil actualmente.
El siguiente paso para el equipo es investigar los efectos de la radiación en escarabajos, que tienen ciclos de reproducción más cortos y permiten estudiar patrones de adaptación y evolución en tiempo real. Además, planean estudiar la recolonización del caballo de Przewalski en Chernóbil, una especie reintroducida en la región después del desastre nuclear.
Germán Orizaola de la Universidad de Oviedo destaca que Chernóbil se ha convertido en un refugio de fauna impresionante, con una biodiversidad vibrante que ha florecido en ausencia de la presencia humana. Para los investigadores, esta zona representa una oportunidad única para entender cómo reacciona la naturaleza cuando el ser humano se retira de un territorio.
El legado de Chernóbil, 38 años después de la tragedia, es un testimonio de la capacidad de la naturaleza para recuperarse y adaptarse a condiciones extremas. Los estudios realizados en esta área no solo ayudan a comprender el impacto de la radiación en los ecosistemas, sino que también ofrecen lecciones valiosas sobre la conservación y la relación entre el ser humano y la naturaleza. @mundiario


