Una posible Tierra helada: el legado del telescopio Kepler y la búsqueda de mundos similares
La exploración del universo no siempre avanza mirando hacia el cielo con instrumentos nuevos. A veces, los descubrimientos surgen al revisar con otros ojos datos antiguos. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con el Telescopio Espacial Kepler, retirado por la NASA en 2018, cuyos archivos siguen revelando pistas sobre mundos lejanos.
Un nuevo estudio identifica un posible exoplaneta, HD 137010 b, que podría ser ligeramente más grande que la Tierra y orbitar una estrella similar al Sol a unos 146 años luz, pero con una diferencia crucial: su superficie podría ser tan fría como la de Marte, o incluso más.
El estudio, publicado en The Astrophysical Journal Letters, describe a HD 137010 b como un planeta “candidato”, una categoría que refleja tanto el potencial del hallazgo como la cautela científica necesaria antes de confirmarlo. El equipo internacional, liderado por Alexander Venner, identificó la señal a partir de una única observación de tránsito registrada durante la segunda misión de Kepler, conocida como K2.
Los exoplanetas se detectan comúnmente cuando pasan por delante de su estrella, provocando una leve disminución del brillo estelar. En este caso, el tránsito duró unas diez horas, un dato clave que permitió estimar el tamaño del planeta y su órbita, que sería cercana a un año terrestre. Esa similitud orbital es una de las razones por las que el objeto resulta tan atractivo desde el punto de vista científico.
Una Tierra… pero más fría
A pesar de su tamaño y órbita comparables a los de la Tierra, HD 137010 b recibe menos de un tercio de la energía que nuestro planeta recibe del Sol. Su estrella anfitriona, aunque similar a la nuestra, es algo más fría y menos luminosa. Según los modelos del estudio, esto podría traducirse en una temperatura superficial media cercana a los –68 °C, ligeramente inferior a la media marciana.
Este detalle cambia por completo la narrativa. No se trataría de una “Tierra gemela” en sentido estricto, sino de una posible “Tierra helada”. Sin embargo, los investigadores subrayan que la temperatura final dependería en gran medida de la composición de su atmósfera. Un efecto invernadero más intenso, con mayores concentraciones de dióxido de carbono, podría elevar las temperaturas hasta niveles compatibles con agua líquida.
El estudio sitúa a HD 137010 b cerca del borde exterior de la llamada zona habitable, la región alrededor de una estrella donde podrían darse las condiciones para la existencia de agua líquida en la superficie. A partir de simulaciones atmosféricas, los autores estiman que el planeta tiene un 40 % de probabilidad de encontrarse dentro de la zona habitable “conservadora” y un 51 % dentro de una definición más “optimista”. Al mismo tiempo, reconocen que existe una probabilidad similar de que esté completamente fuera de ella.
Estos porcentajes reflejan tanto el potencial del hallazgo como sus incertidumbres. La zona habitable no es una frontera fija, sino un rango que depende de múltiples variables físicas y químicas, muchas de ellas aún desconocidas en este caso.
La clave del estudio está en el análisis detallado de una única señal de tránsito. Aunque lo habitual es confirmar exoplanetas observando múltiples tránsitos periódicos, el equipo logró extraer información relevante combinando la duración del tránsito con modelos orbitales precisos del sistema estelar. La calidad de los datos de Kepler permitió una estimación más robusta de lo que sería posible con observaciones menos sensibles.
El futuro de un planeta helado
Aun así, los propios autores insisten en que la confirmación definitiva requerirá nuevas observaciones. Dado que el planeta tendría una órbita larga, detectar otro tránsito será complicado y podría llevar años.
La validación del planeta podría llegar gracias a misiones actuales como TESS, el satélite de la NASA dedicado a la búsqueda de exoplanetas, o CHEOPS, de la Agencia Espacial Europea. Si estas no logran captar nuevos tránsitos, el estudio de HD 137010 b podría quedar en pausa hasta la llegada de telescopios de próxima generación.
Más allá de este caso concreto, el hallazgo subraya el valor científico de los archivos astronómicos y la posibilidad de encontrar mundos relevantes incluso después de que una misión haya concluido. HD 137010 b no solo plantea la imagen de una posible Tierra congelada, sino que también recuerda que la búsqueda de planetas similares al nuestro es un proceso gradual, lleno de matices, donde cada candidato amplía los límites de lo que entendemos por habitabilidad. @mundiario


