El origen de las lenguas urálicas: el ADN descifra el vínculo entre el húngaro y el finlandés

Los ancestros de los hablantes urálicos actuales vivían hace unos 4.500 años en el noreste de Siberia, en una región conocida hoy como Yakutia, más cercana geográficamente a Alaska y Japón que a Finlandia.
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Kaja Kallas, alta representante de la UE y ex primera ministra de Estonia. / Consejo Europeo
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Kaja Kallas, alta representante de la UE y ex primera ministra de Estonia. / Consejo Europeo

Un nuevo estudio genético publicado en Nature ha reescrito la historia del origen de la familia de lenguas urálicas —entre las que se encuentran el húngaro, el finés y el estonio— situando su cuna mucho más al este de lo que se pensaba. Según la investigación, dirigida por un equipo de científicos de la Universidad de Harvard, los ancestros de los hablantes urálicos actuales vivían hace unos 4.500 años en el noreste de Siberia, en una región conocida hoy como Yakutia, más cercana geográficamente a Alaska y Japón que a Finlandia.

El análisis combina datos genéticos de 180 individuos antiguos secuenciados recientemente con más de 1.000 muestras previas de múltiples continentes que abarcan unos 11.000 años de historia humana. Este trabajo fue liderado por los investigadores Alexander Mee-Woong Kim y Tian Chen Zeng, bajo la dirección del genetista David Reich, uno de los referentes mundiales en el estudio del ADN antiguo. Los resultados apuntalan la hipótesis minoritaria que situaba el origen de las lenguas urálicas más al este, desafiando la teoría dominante que las ubicaba en torno a los Montes Urales, al este de Moscú.

“Nuestro estudio muestra una señal genética que se propaga de este a oeste al mismo tiempo que se expanden las lenguas urálicas”, explicó Zeng, quien recientemente obtuvo su doctorado en biología evolutiva humana. Según los investigadores, esta señal genética está ausente en otras poblaciones euroasiáticas, lo que refuerza la conexión entre estos genes ancestrales de Yakutia y la expansión lingüística urálica.

El rastro genético también aparece en grupos de cazadores-recolectores nómadas que se movían por las extensas taigas del norte de Eurasia, desde la península escandinava hasta la cuenca de los Cárpatos, donde se habla actualmente el húngaro principalmente en las regiones que corresponden a Rumanía, rodeado por lenguas indoeuropeas. Esta expansión habría coincidido en el tiempo con la de la cultura Yamnaya, conocida por la difusión de las lenguas indoeuropeas desde las estepas ucranianas hace unos 5.000 años, lo que sugiere interacciones entre ambas grandes familias lingüísticas.

La ascendencia genética de Yakutia

Los investigadores también vinculan la expansión urálica al fenómeno arqueológico conocido como Seima-Turbino, caracterizado por la aparición repentina de sofisticadas técnicas de fundición de bronce hace unos 4.000 años en una vasta franja del norte eurasiático. Estos objetos metálicos, como armas o símbolos de poder, se hallan en yacimientos que también presentan rastros genéticos de Yakutia, lo que sugiere que las comunidades portadoras de este legado jugaron un papel clave en la transformación cultural de la región, incluso sin ser poblaciones numéricamente dominantes.

“Este es un relato sobre la capacidad de pueblos pequeños pero determinados para influir en el continente a nivel cultural y lingüístico”, afirmó Kim, arqueólogo especializado en Siberia y Asia Central. El estudio también evidencia una diversidad genética considerable entre los practicantes del fenómeno Seima-Turbino, incluyendo influencias de grupos iranios y cazadores-recolectores bálticos, todos enterrados en los mismos emplazamientos.

En cuanto a la persistencia de la ascendencia genética de Yakutia, el análisis reveló que las poblaciones urálicas actuales la conservan en grados variables: los estonios muestran un 2 %, los finlandeses un 10 %, y los nganásanos —un grupo indígena del norte de Rusia— conservan casi el 100 %. Por el contrario, los húngaros modernos han perdido casi por completo esta huella genética, aunque el ADN de los conquistadores medievales que llevaron la lengua al corazón de Europa sí muestra esta ascendencia.

Descubrimientos de otras familias lingüísticas

Además, el estudio arroja luz sobre otra familia lingüística originada en Siberia: la yeniseica. Hoy en día está prácticamente extinta, con el ket como único representante, hablado solo por unos pocos ancianos en el centro de Siberia. Sin embargo, su influencia histórica es evidente en numerosos topónimos actuales de regiones donde se hablan lenguas túrquicas o mongólicas. Según los investigadores, los primeros hablantes yeniseicos vivieron hace unos 5.400 años en torno al lago Baikal, al sur de Siberia.

Por último, los hallazgos proporcionan un posible indicio genético que respalda la controvertida hipótesis Dene-Yeniseiana, que plantea una conexión entre las lenguas yeniseicas y las na-dené de los pueblos indígenas de América del Norte. Aunque se trata de una señal preliminar, constituye el primer soporte genético tangible para esta teoría, que sugiere vínculos transcontinentales más profundos de lo que se creía hasta ahora.

Este estudio supone un hito en la reconstrucción del pasado lingüístico de Eurasia y muestra el poder de la genética antigua para resolver debates históricos de larga data, revelando cómo poblaciones pequeñas, pero estratégicamente situadas moldearon el mapa cultural del continente. @mundiario

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