Nuevos marcadores permiten identificar especies extintas a partir de huesos fragmentados

Un equipo internacional de científicos ha logrado aislar marcadores de colágeno que permiten identificar especies de megafauna australiana a partir de fósiles incompletos.
Cráneo del marsupial Protemnodon en Australia. /Paleocolour- Wikimedia Commons
Cráneo del marsupial Protemnodon en Australia. /Paleocolour- Wikimedia Commons

Desde hace décadas, uno de los grandes desafíos en la paleontología es identificar especies a partir de restos óseos fragmentados. Este problema se acentúa especialmente en regiones cálidas y húmedas, donde el ADN suele degradarse rápidamente, lo que deja a los investigadores sin una de sus herramientas más precisas. Sin embargo, un nuevo estudio dirigido por científicos de la Universidad de Viena y la Universidad del Algarve propone una solución ingeniosa: el uso de proteínas, específicamente colágeno, como marcador de identidad biológica.

La técnica en cuestión se conoce como Zooarchaeology by Mass Spectrometry (ZooMS). Este método analiza péptidos —cadenas cortas de aminoácidos— en el colágeno conservado en los huesos. A diferencia del ADN, el colágeno es más resistente al paso del tiempo y a las condiciones ambientales extremas, lo que lo convierte en una herramienta clave para regiones tropicales como el continente de Sahul (que comprendía Australia, Nueva Guinea y Tasmania).

Aunque esta técnica ya se ha aplicado exitosamente en especies euroasiáticas, hasta ahora no existían marcadores de referencia para la megafauna australiana. Este nuevo estudio llena ese vacío con la caracterización de tres especies clave de marsupiales: Zygomaturus trilobus, Palorchestes azael y Protemnodon mamkurra.

Las tres especies seleccionadas no fueron elegidas al azar, ya que representan distintos linajes extintos que pueden ofrecer información crucial sobre los procesos de desaparición de la megafauna en Australia

Zygomaturus trilobus, por ejemplo, era un marsupial del tamaño de un hipopótamo, similar a un wombat gigantesco. Por otro lado, Palorchestes azael poseía un cráneo inusualmente retraído, una lengua extensible y garras colosales, lo que le confería un aspecto que recuerda más a una criatura de fábula que a un animal real. Finalmente, Protemnodon mamkurra era un canguro robusto y probablemente cuadrúpedo, que pudo haber coexistido brevemente con los primeros humanos en Tasmania.

La elección de estas especies busca no solo expandir el conocimiento sobre extinciones antiguas, sino también evaluar posibles interacciones con humanos, un tema que aún se debate entre arqueólogos y paleontólogos.

Una método con base científica sólida

El equipo de investigación descartó contaminantes y comparó los péptidos obtenidos con marcadores existentes. Gracias a la buena conservación del colágeno en los fósiles estudiados, lograron identificar patrones peptídicos únicos que permiten diferenciar entre los tres géneros analizados.

Aunque no fue posible distinguir con precisión entre Zygomaturus y Palorchestes debido a la lenta evolución de las secuencias de colágeno, el avance sigue siendo notable. A menudo, en ZooMS, los marcadores permiten una identificación segura a nivel de género, más que de especie.

Este avance también posibilita identificar huesos hallados en zonas tropicales, donde la conservación del ADN es casi nula y donde la megafauna extinta podría haber dejado rastros aún sin clasificar.

Más allá de mejorar las técnicas de identificación, este estudio tiene implicaciones profundas para la ciencia. Por un lado, expande el alcance de las nuevas herramientas para reconstruir ecosistemas prehistóricos y entender cómo y por qué ciertas especies desaparecieron. Por otro, permite allanar el camino hacia la investigación de la posible influencia humana en esas extinciones, especialmente en el contexto del poblamiento temprano de Australia.

La capacidad de analizar restos óseos previamente considerados "inútiles" por su fragmentación o mal estado podría multiplicar exponencialmente el número de muestras útiles en excavaciones. Esto, a su vez, facilitaría la elaboración de mapas más detallados sobre la distribución geográfica y temporal de especies extintas.

Un primer paso hacia una nueva era de análisis fósil

Aunque aún quedan muchos marcadores por desarrollar —los investigadores citan, por ejemplo, a Diprotodon, el marsupial más grande que existió, y el Thylacoleo, el principal depredador marsupial—, este avance representa un hito metodológico.

Como señaló la investigadora Carli Peters, “podemos empezar a identificar un número mayor de restos fósiles de megafauna en los conjuntos paleontológicos australianos”. En otras palabras, lo que antes era solo polvo y fragmentos ahora se convierte en pistas concretas hacia el pasado.

Este hallazgo no solo mejora nuestra comprensión de especies extintas, sino que refuerza el papel de la ciencia molecular como aliada de la paleontología. Al desarrollar nuevos marcadores específicos para regiones como Australia, se abren puertas a descubrimientos que antes parecían inalcanzables. @mundiario

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