Móviles: por qué los nuevos dispositivos podrían destronarlos

La revolución post-smartphone se acelera: gafas, colgantes y asistentes invisibles prometen romper con la hegemonía móvil.
Una ilustración sobre los dispositivos futuristas y la tecnología avanzada. / Mundiario.
Una ilustración sobre los dispositivos futuristas y la tecnología avanzada. / Mundiario.

La cuenta atrás para la caída del móvil como rey de la tecnología personal ha comenzado. En silencio, sin estruendos, se está gestando una revolución que no llegará en forma de pantalla más grande o cámara más potente, sino justo al revés: sin pantalla, sin cámara visible, sin interfaz que distraiga. OpenAI, Meta y Google están construyendo un futuro donde el móvil ya no es el centro, sino un satélite más de un nuevo sistema solar de dispositivos. El anuncio de la compra de la start-up io por parte de Sam Altman, el creador de ChatGPT, con el mítico diseñador del iPhone Jony Ive a bordo, ha sido el disparo de salida. ¿Estamos ante el principio del fin del smartphone tal como lo conocemos?

Desde hace más de una década, nuestra relación con la tecnología personal ha girado alrededor de una pantalla. La tocamos, la miramos, la desbloqueamos cientos de veces al día. El móvil ha sido nuestro centro de operaciones, pero también nuestra fuente constante de interrupción, ansiedad e incluso aislamiento. Ahora, los principales actores del sector están diseñando el sustituto: un asistente de inteligencia artificial que escuche, hable, nos entienda… y no nos mire.

Los nuevos dispositivos post-pantalla —como las gafas inteligentes, los colgantes sin pantalla o incluso aparatos de bolsillo con IA contextual— suponen una ruptura cultural más que técnica. No buscan imitar al móvil, sino superarlo. Altman lo explicó bien: si quiero preguntarle algo a ChatGPT, no debería tener que desbloquear un aparato, abrir un navegador y esperar. El dispositivo del futuro debería escucharme, saber lo que quiero y responder en voz baja, sin que nadie más lo note. Así de simple. Así de revolucionario.

¿Y si, como ocurrió con los ordenadores tras la llegada del iPhone, los móviles quedaran relegados a un segundo plano? La idea no es descabellada. Google se ha lanzado a competir con gafas de diseño, Meta afina su propia línea Ray-Ban y OpenAI trabaja en un asistente invisible, casi místico, que sustituya la interfaz visual por la conversación directa. El hardware ya no es un fin, sino un medio silencioso. El móvil dejaría de ser un objeto omnipresente para convertirse en un recurso más entre varios.

Volver al contacto humano

La paradoja de este cambio es que llega de la mano de los mismos que crearon la era de los móviles. Jony Ive fue el artífice del iPhone, y ahora se arrepiente. “Asumo gran parte de la responsabilidad por lo que estas cosas nos han traído”, dijo, aludiendo a la ansiedad digital y la dependencia constante. Sam Altman, por su parte, confiesa que no se siente bien con su relación con la tecnología actual. Su propuesta es volver al contacto humano: hablar con la inteligencia artificial como si fuera un amigo, no una máquina.

Desde un punto de vista técnico, las promesas son tentadoras: asistentes contextuales, sin necesidad de pantallas ni notificaciones, que se adapten a nuestro entorno y que actúen más como una extensión del pensamiento que como una caja de cristal en el bolsillo. Desde el punto de vista emocional, es aún más potente: estamos cansados. Cansados de mirar, de tocar, de perder tiempo en infinitas pantallas. Queremos volver a mirar al mundo, no a un dispositivo.

¿Esto significa que el móvil desaparecerá? No en el corto plazo. Pero como ya pasó con los MP3, las cámaras digitales o incluso los ordenadores de sobremesa, su relevancia puede erosionarse hasta convertirse en un objeto de nicho. La revolución no será inmediata, pero sí implacable.

El final de los móviles, tal vez, no llegue con una explosión, sino con un susurro: el de una IA que te responde al oído, mientras tú caminas sin mirar ninguna pantalla. @mundiario

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