El impacto del agua de deshielo en la Antártida podría ser mayor de lo esperado
Los investigadores descubrieron que el 57% del fluido en la superficie se encuentra en forma de aguanieve, mientras que el 43% restante está en forma de líquido estancado.
Un reciente estudio realizado por un equipo de científicos liderado por la Dra. Rebecca Dell del Instituto de Investigación Polar Scott (SPRI) de la Universidad de Cambridge ha revelado que el agua de deshielo en la Antártida podría tener un impacto mucho mayor del previsto. Este hallazgo tiene implicaciones significativas para la comprensión de la estabilidad de las plataformas de hielo y el aumento del nivel del mar.
El estudio, que también contó con la participación de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder y la Universidad Tecnológica de Delft, utilizó modelos de aprendizaje automático para evaluar la cantidad y los efectos de la aguanieve producido por el deshielo en verano. Hasta ahora, este tipo de agua no había sido considerado en los modelos climáticos estándar utilizados para estudiar la región.
Los investigadores descubrieron que el 57% del agua de deshielo en la superficie de la Antártida se encuentra en forma de aguanieve, mientras que el 43% restante está en forma de agua estancada. Esta diferencia es crucial, ya que ambos tipos de agua tienen la capacidad de absorber más calor del Sol que el hielo o la nieve, lo que acelera el derretimiento de las plataformas de hielo.
Para llevar a cabo esta investigación, el equipo utilizó herramientas de inteligencia artificial junto con datos del satélite Landsat 8 de la NASA. Esta combinación permitió mapear el aguanieve y diferenciarlo de otras formaciones similares observadas desde el espacio. El período de estudio abarcó desde 2013 hasta 2021, proporcionando una visión detallada de la evolución de las plataformas de hielo.
Según el artículo publicado por la Universidad de Cambridge, los modelos climáticos actuales subestiman la formación de agua de deshielo en un factor de 2,8. Esto se debe a la capacidad de la aguanieve y del agua estancada para absorber más calor, un aspecto que no se ha tenido en cuenta en las estimaciones actuales.
“El aprendizaje automático nos permite utilizar más información del satélite, ya que puede funcionar con más longitudes de onda de luz de las que el ojo humano puede ver. Esto nos permite determinar qué es y qué no es aguanieve, y luego podemos entrenar el modelo de aprendizaje automático para identificarlo rápidamente en todo el continente”, explicó la Dra. Dell.
El profesor Ian Willis, también de SPRI y coautor del estudio, señaló que, aunque la aguanieve es más sólido que el agua de los lagos, y por tanto menos propenso a causar hidrofracturas, sigue siendo un factor crucial a considerar en la predicción del colapso de las plataformas de hielo.
El equipo de investigación ha destacado la necesidad de incorporar estas nuevas variables en los modelos climáticos para mejorar la precisión de las predicciones. “Me sorprendió que los modelos climáticos tuvieran tan poco en cuenta el agua de deshielo. Nuestro trabajo como científicos es reducir la incertidumbre, por lo que siempre queremos mejorar nuestros modelos para que sean lo más precisos posible”, afirmó la Dra. Dell.
El estudio subraya que el calentamiento global y el deshielo en la Antártida son procesos cíclicos que podrían continuar empeorando si no se toman medidas drásticas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La mayor retención de calor por parte del agua de deshielo puede llevar a una mayor inestabilidad de las plataformas de hielo y a un aumento significativo del nivel del mar, afectando a comunidades costeras de todo el mundo. @mundiario


