La huella genética de los mosquitos revela cómo la trata de esclavos propagó enfermedades

El tráfico transatlántico no solo trasladó millones de africanos hacia América, sino que también transportó consigo al principal vector del dengue, la fiebre amarilla, el virus del Zika y el chikungunya.
Un mosquito. / RR. SS.
Un mosquito. / RR. SS.

Un reciente estudio científico ha arrojado luz sobre una conexión insospechada entre la historia y la sanidad pública actual. Investigaciones publicadas en la revista Science revelan cómo el tráfico transatlántico de esclavos entre los siglos XVI y XIX no solo trasladó a millones de africanos a América, sino que también transportó consigo al mosquito Aedes aegypti, hoy principal vector del dengue, la fiebre amarilla, el virus del Zika y el chikungunya.

Gracias a un análisis genético sin precedentes, realizado con el genoma de 1.206 mosquitos de 73 poblaciones de todo el mundo, se reconstruyó la evolución de esta especie que actualmente habita cerca de 4.000 millones de personas y provoca 390 millones de infecciones de dengue cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los resultados muestran que el Aedes aegypti pasó de alimentarse de reptiles y pequeños mamíferos en selvas africanas a especializarse en la sangre humana, lo que marcó el inicio de su expansión global.

La bióloga evolutiva Andrea Gloria-Soria, coautora del estudio, explica que el mosquito surgió en las islas del océano Índico, se expandió por África y llegó a América con los viajes europeos. Allí, en el marco del comercio esclavista, la especie encontró las condiciones para transformarse en una versión más invasiva y adaptada a los humanos. “El punto más importante es que la forma doméstica apareció en América y desde allí se extendió de nuevo a otras regiones”, destaca.

El estudio detalla cómo esta adaptación provocó los primeros brotes de fiebre amarilla y dengue en América ya en el siglo XVII, según recuerda Jacob Crawford, investigador de la empresa Debug, vinculada a Alphabet. Posteriormente, entre finales del siglo XIX y mediados del XX, la población del mosquito sufrió un fuerte retroceso debido a campañas de saneamiento, uso de insecticidas y mejoras en infraestructuras de agua y alcantarillado. Sin embargo, la globalización y la urbanización revirtieron esa tendencia, facilitando su regreso a África y su propagación a nuevas regiones, incluidas Europa, Chipre, Madeira y Canarias.

Mutaciones para resistir insecticidas

En paralelo, la misma edición de Science presenta otro trabajo centrado en el Anopheles funestus, un mosquito menos conocido que sus parientes del complejo Anopheles gambiae, pero considerado uno de los vectores más peligrosos de la malaria en África subsahariana, donde se registran el 94 % de los casos mundiales de esta enfermedad, con cerca de medio millón de muertes anuales.

La investigación, liderada por Marilou Boddé, del Instituto Pasteur de Madagascar, analizó más de 600 ejemplares de An. funestus recolectados entre 2014 y 2018, además de muestras históricas de museos que datan de 1927 a 1967. Los resultados mostraron que esta especie desarrolló resistencia a los insecticidas desde los años 60, lo que complica las estrategias de control. Los científicos identificaron mutaciones genéticas que neutralizan los efectos de las fumigaciones y de los mosquiteros tratados, otorgando una ventaja evolutiva a los individuos resistentes.

Este hallazgo abre la puerta a nuevas líneas de investigación que incluyen el uso de técnicas de modificación genética para debilitar a los mosquitos más peligrosos y frenar su capacidad de transmisión. Aunque la solución definitiva aún está lejos, los estudios refuerzan la necesidad de reforzar la vigilancia sanitaria global, dado que tanto Aedes aegypti como Anopheles funestus siguen representando amenazas crecientes para la salud pública mundial. @mundiario

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