Arquitectura sanitaria: las hormigas rediseñan sus colonias para frenar enfermedades

Una investigación de la Universidad de Bristol revela que estos insectos modifican activamente las estructuras de sus nidos para reducir el riesgo de contagio entre individuos.
Hormigas. / Pixabay
Hormigas. / Pixabay

Durante años, los científicos han admirado la organización social de las hormigas, pero un nuevo estudio publicado en la revista Science demuestra que su capacidad para gestionar riesgos sanitarios va aún más lejos de lo imaginado. Investigadores de la Universidad de Bristol descubrieron que las colonias de hormigas alteran de forma activa la estructura de sus nidos cuando detectan una amenaza de enfermedad, reorganizando las entradas y conexiones internas para limitar la propagación de patógenos.

El trabajo, liderado por Luke Leckie, investigador doctoral en biociencias, revela por primera vez que una especie no humana modifica su entorno físico para reducir la transmisión de enfermedades. “Sabíamos que las hormigas ajustaban su comportamiento de excavación según la temperatura o la composición del suelo”, explicó Leckie. “Pero este es el primer caso documentado en que cambian su arquitectura por motivos sanitarios”.

El estudio analizó cómo dos grupos de colonias de hormigas reaccionaban ante la exposición a esporas de hongos infecciosos. Cada grupo, compuesto por 180 obreras, fue colocado en recipientes con tierra para que construyeran sus nidos. Tras 24 horas, los investigadores añadieron 20 hormigas adicionales a cada colonia, introduciendo esporas fúngicas solo en uno de los grupos.

Las colonias siguieron excavando durante seis días, mientras los científicos realizaban escaneos tridimensionales periódicos mediante microtomografía computarizada (micro-CT), una técnica avanzada que permite reconstruir con precisión el interior de los nidos.

El resultado fue sorprendente: las colonias expuestas al patógeno diseñaron nidos más segmentados, con entradas más separadas y menos conexiones directas entre cámaras. Esta distribución redujo las probabilidades de contacto entre individuos y limitó el paso del hongo a las zonas más sensibles del nido, como las que almacenan alimentos o albergan las larvas.

Posteriormente, el equipo generó modelos digitales en 3D de los nidos y realizó simulaciones computacionales para observar cómo se propagaría una enfermedad dentro de cada tipo de estructura. Los resultados confirmaron que las modificaciones arquitectónicas disminuían significativamente el riesgo de infección masiva, actuando como una forma de “distanciamiento estructural” que complementa los comportamientos higiénicos ya conocidos en las hormigas.

De hecho, las hormigas son célebres por su arsenal de estrategias frente a las enfermedades: limpian a sus compañeras con secreciones antimicrobianas, rocían sustancias desinfectantes y, en algunos casos, los individuos infectados se aíslan voluntariamente para proteger a la colonia. El nuevo estudio demuestra que, además de comportarse de manera preventiva, las hormigas rediseñan su hábitat para reforzar esa inmunidad colectiva. Para eliminar las hormigas hay infinidad de productos, entre ellos trampas y geles. 

Leckie destacó otro hallazgo revelador: “Cuando añadimos el factor de autoaislamiento a nuestras simulaciones, observamos que su eficacia era aún mayor en los nidos modificados. Esto sugiere que las hormigas combinan estrategias conductuales y estructurales de forma integrada”.

El descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre el comportamiento social de estos insectos, sino que también abre un campo de reflexión para los humanos. Según los investigadores, los patrones de construcción de las hormigas podrían inspirar nuevas formas de planificación urbana y diseño arquitectónico que minimicen los contagios en entornos densamente poblados, sin sacrificar la conectividad o el flujo de recursos.

En palabras del equipo de Bristol, “al igual que las ciudades humanas, los nidos de hormigas son redes complejas que equilibran el movimiento de recursos, individuos e información. Entender cómo ajustan ese equilibrio para contener las enfermedades puede ayudarnos a repensar nuestros propios espacios sociales ante futuras epidemias”.

La investigación combina métodos de biología del comportamiento, modelado digital y simulación epidemiológica, demostrando que el control de enfermedades no solo depende de la medicina o la biología, sino también de la arquitectura y la organización del espacio. Lo que para las hormigas es una respuesta instintiva podría servir como modelo de resiliencia colectiva para las sociedades humanas. @mundiario

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