El histórico terremoto de 8,8 en Kamchatka: causas, consecuencias y protocolos de alerta

La península en el Extremo Oriente de Rusia se encuentra en una de las zonas más activas sísmicamente del planeta, donde la placa del Pacífico se desliza por debajo de la placa de Norteamérica a una velocidad de ocho centímetros por año.
Ilustración de un tsunami. /Freepik
Ilustración de un tsunami. /Freepik

El potente terremoto de magnitud 8,8 registrado este miércoles frente a la península rusa de Kamchatka ha activado alertas de tsunami en diversas zonas del océano Pacífico, entre ellas Hawái, Ecuador y la propia costa rusa. Se trata de uno de los diez seísmos más fuertes del mundo desde 1900, y el más grave desde el que provocó el devastador tsunami de Fukushima en 2011. Sin embargo, no todos los terremotos de gran magnitud generan tsunamis, ni todos los tsunamis tienen como origen un seísmo, lo que plantea una pregunta clave: ¿qué condiciones deben coincidir para que se dispare esta peligrosa cadena de fenómenos naturales?

Para que un tsunami se origine tras un terremoto, deben coincidir varios factores. En primer lugar, el seísmo debe producirse bajo el mar o muy cerca de la costa. Además, debe liberar una gran cantidad de energía de forma vertical, lo que implica una ruptura del lecho marino y un desplazamiento repentino de la columna de agua que lo cubre. Cuando estos requisitos se cumplen, como en el caso de Kamchatka, el agua oceánica se desplaza violentamente, generando olas que pueden recorrer miles de kilómetros a velocidades de hasta 800 kilómetros por hora.

La activación de las alertas de tsunami se basa en sistemas de detección sísmica y modelos de propagación de olas. Aunque las ondas sísmicas viajan más rápido que el tsunami, permiten anticipar su comportamiento con cierto margen. Así ha sido en esta ocasión, cuando el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico emitió sus proyecciones minutos después del seísmo, advirtiendo de olas de hasta tres metros en las costas afectadas. En la isla de Hilo, en Hawái, las primeras olas superaron el metro de altura tras recorrer unos 5.000 kilómetros desde el epicentro.

El riesgo de tsunami aumenta significativamente cuando el terremoto es de magnitud superior a 7, se produce a poca profundidad y genera un desplazamiento vertical del fondo marino. En ocasiones, incluso si no hay ruptura del lecho, puede haber deslizamientos submarinos que impulsan enormes volúmenes de agua. La forma del litoral, la existencia de barreras naturales y artificiales, y la elevación del terreno también influyen en el impacto que puede tener un tsunami al llegar a la costa.

El terremoto más potente desde 1952

Los expertos advierten de que la primera ola no siempre es la más destructiva, por lo que el monitoreo puede extenderse durante seis horas o más tras el seísmo. Si el epicentro se encuentra cerca de la costa, las olas pueden alcanzar tierra firme en apenas 10 o 20 minutos. En ese tiempo, es crucial actuar con rapidez. Las señales de alerta incluyen un fuerte temblor, el repentino retroceso del mar o un sonido similar al rugido de un tren.

En alta mar, los tsunamis pueden pasar desapercibidos para las embarcaciones debido a que su altura es baja en aguas profundas. Sin embargo, al acercarse a tierra firme, las olas pierden velocidad y ganan altura, pudiendo superar los 30 metros en casos extremos. Es en los últimos kilómetros donde la peligrosidad se dispara, dependiendo en gran parte de la configuración del litoral.

El terremoto de Kamchatka forma parte de una secuencia sísmica iniciada 10 días antes. El Servicio Geológico de EE UU (USGS) registró al menos 50 temblores previos de magnitud superior a 5, incluido uno de 7,4 el 20 de julio. Solo el 30 de julio, día del gran seísmo, se detectaron 24 réplicas superiores a magnitud 5. La región de Kamchatka se encuentra en una de las zonas más activas sísmicamente del planeta, donde la placa del Pacífico se desliza por debajo de la placa de Norteamérica a una velocidad de ocho centímetros por año.

Este tipo de actividad tectónica explica que en la misma zona ya se produjera un terremoto de magnitud 9 en 1952, con un epicentro muy cercano al del seísmo de este miércoles. Según el USGS, el nuevo terremoto ha “rellenado cualquier vacío sísmico” que quedara entre las rupturas de 1923 (magnitud 8,4) y 1952, lo que sugiere que esta fractura de placas ha liberado una acumulación de energía de décadas.

La magnitud del seísmo y la velocidad de reacción de los sistemas de alerta han evitado por el momento consecuencias catastróficas, pero la amenaza de tsunami sigue siendo real. Los expertos recuerdan que el conocimiento científico, la preparación ciudadana y la actuación rápida siguen siendo las mejores herramientas para minimizar los efectos de uno de los fenómenos naturales más destructivos del planeta. @mundiario

Comentarios