Genetistas descubren cómo aumentar el sabor de los tomates sin reducir su tamaño

Esta técnica, descubierta en España y perfeccionada por científicas galardonadas con el Nobel, marca un hito para la agricultura moderna.
Tomates. / Pixabay.
Tomates. / Pixabay.

El avance de la tecnología CRISPR, desarrollada a partir del hallazgo del biólogo español Francis Mojica y perfeccionada por Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, ha permitido crear un tomate más dulce sin alterar su tamaño ni producción.

El científico chino Jinzhe Zhang y su equipo del Instituto de Vegetales y Flores de Pekín han logrado aumentar en un 30% los niveles de fructosa y glucosa al inactivar dos genes específicos, SlCDPK27 y SlCDPK26, responsables de frenar la producción de azúcares en la maduración del fruto. Este logro, que se publica en la revista Nature, promete revolucionar el mercado agrícola.

El problema del sabor del tomate ha sido histórico: al priorizar el tamaño, se sacrificó el gusto, dejando un vacío en el paladar de los consumidores. Los tomates actuales son hasta 100 veces más grandes que sus antecesores, pero carecen de la dulzura y el sabor que tenían originalmente. Con esta nueva modificación, se eleva el contenido de azúcares, aunque con una ligera reducción en el número y peso de las semillas. No obstante, Zhang afirma que la germinación se mantiene, lo que podría abrir la puerta a variedades comerciales más competitivas.

5 grados Brix de dulzura

Antonio Granell, genetista español que ha colaborado en estudios previos sobre el sabor del tomate, aplaude el avance, aunque advierte que hay margen para mejorar. Según Granell, un tomate modificado con CRISPR alcanza 5 grados Brix de dulzura, todavía lejos de los 7 grados de algunas variedades tradicionales europeas. Granell, junto con un proyecto europeo, busca seguir perfeccionando el equilibrio de genes para maximizar el sabor.

El éxito de CRISPR en la mejora de alimentos podría extenderse a otros frutos como manzanas y naranjas, un plan que ya está en marcha en China. Sin embargo, aún queda pendiente la autorización de la Unión Europea, tradicionalmente cautelosa con los alimentos modificados genéticamente.

Según Cristóbal Aguado, presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores, CRISPR tiene el potencial de hacer más competitiva y sustentable a la agricultura europea. Este es un paso más hacia un futuro en el que calidad, sabor y sostenibilidad no sean incompatibles. @mundiario

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