Cromotripsis: el monstruo genético detrás del cáncer óseo infantil
En agosto de 2019, el anuncio de Luis Enrique sobre la muerte de su hija Xana, de 9 años, a causa de un osteosarcoma conmovió a España y puso en el centro de atención a este agresivo cáncer óseo. Ahora, un equipo de científicos encabezado por los españoles Isidro Cortés Ciriano y José Espejo Valle-Inclán ha dado un paso decisivo en la comprensión de esta enfermedad, revelando un mecanismo genético que podría transformar su diagnóstico y tratamiento.
El osteosarcoma, que afecta a unas cinco personas por cada millón al año, se caracteriza por un fenómeno conocido como cromotripsis. Este "terremoto genético" fragmenta los cromosomas en cientos de pedazos que se reordenan de forma caótica, generando células tumorales con genomas extremadamente complejos. Según Cortés Ciriano, jefe del grupo de Genómica del Cáncer en el Instituto Europeo de Bioinformática, estos genomas son “como Frankenstein, con cromosomas formados por fragmentos de hasta 15 otros”.
El nuevo estudio, basado en datos del Proyecto 100.000 Genomas, identifica un papel central del gen TP53, conocido como "el guardián del genoma". Este gen, encargado de reparar errores en el ADN, se inactiva en las células tumorales, lo que desata una cascada de eventos que culminan en los cromosomas aberrantes. “Este es el mecanismo detrás de la complejidad tan bestial que vemos en los osteosarcomas”, explica Cortés Ciriano.
Una tormenta perfecta
El equipo utilizó técnicas avanzadas de secuenciación para analizar diferentes fragmentos de tumores, reconstruyendo la evolución genética de las células cancerígenas. Este enfoque ha permitido descubrir que la cromotripsis no es un evento único, como se pensaba, sino que ocurre repetidamente en el 75% de los casos de osteosarcoma y también en otros tipos de tumores.
Para Espejo Valle-Inclán, investigador en Lisboa, este caos genético representa una “tormenta perfecta” que no solo desactiva el guardián del genoma, sino que también multiplica oncogenes, potenciando el crecimiento tumoral. Según el bioquímico Óscar Fernández Capetillo, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, este trabajo es un “excelente ejemplo” de cómo la biología computacional está revolucionando la investigación del cáncer.
Conocer este mecanismo ayudará a mejorar el pronóstico de los pacientes y a desarrollar terapias más eficaces, especialmente en una enfermedad que hoy requiere quimioterapias agresivas y, a menudo, amputaciones. Como señala Fernández Capetillo, “con las preguntas correctas, se puede sacar oro”. Y esta vez, ese oro puede ser la esperanza de miles de niños y sus familias. @mundiario


