El 25% del paisaje europeo, aproximadamente, podría ser renaturalizado
En el marco de la Agenda 2030, la Unión Europea ha establecido como objetivo ampliar al 30 % la extensión de territorios naturales protegidos en el continente y restaurar áreas dañadas con potencial para la conservación de la naturaleza. Este ambicioso plan busca preservar la biodiversidad y promover la sostenibilidad a largo plazo.
Una de las estrategias propuestas para alcanzar este objetivo es la renaturalización del territorio. Esta técnica consiste en regenerar ecosistemas naturales mediante el restablecimiento de sus funciones ecológicas y la biodiversidad, además de reducir la presión humana sobre estos espacios. La renaturalización puede llevarse a cabo de manera pasiva, manejando procesos naturales, o de forma activa, mediante la reintroducción de especies clave en los ecosistemas.
En este contexto, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de la Universidad de Évora, en Portugal, han desarrollado una innovadora metodología para identificar áreas en Europa con potencial para la renaturalización. Este enfoque busca apoyar a los Estados miembros en sus esfuerzos por ampliar la superficie de espacios naturales protegidos, contribuyendo así al cumplimiento de las metas ambientales fijadas por la Unión Europea para esta década.
Según los análisis realizados por los investigadores, aproximadamente una cuarta parte del territorio europeo cumple con los criterios necesarios para aplicar estrategias de renaturalización, ya sea de manera pasiva o activa. Miguel B. Araújo, investigador del MNCN, señala que "alrededor de 117 millones de hectáreas, casi una cuarta parte del continente, tienen el potencial para aplicar estas estrategias, lo que representa una oportunidad significativa para la conservación de la biodiversidad en Europa".
Reintroducción de especies
Las áreas identificadas por el estudio son extensas, poco pobladas y tienen un bajo impacto de la actividad económica. Además, cuentan con la presencia de especies de mamíferos, tanto herbívoros como carnívoros, que son esenciales para la dinámica natural de los ecosistemas. Diogo Alagador, investigador posdoctoral de la Universidad de Évora, destaca que "el 70 % de estas áreas se localizan en las zonas más frías de Europa, como Escandinavia, Escocia, los estados bálticos y la península ibérica", regiones con un gran potencial para la renaturalización pasiva.
La renaturalización pasiva se enfoca en gestionar dinámicas territoriales, como la conectividad ecológica y la dispersión de especies, para permitir el desplazamiento natural de especies hacia territorios donde han desaparecido a causa de extinciones locales. Por otro lado, la renaturalización activa se basa en la reintroducción de especies que son fundamentales para el funcionamiento de los ecosistemas, especialmente en aquellos casos donde estas especies no pueden recolonizar de manera natural.
"En áreas como Croacia, Cerdeña, el sur de Francia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia o Noruega, la renaturalización activa podría jugar un papel crucial en la restauración de ecosistemas", añade Alagador. Esta técnica es particularmente importante en territorios europeos que están sufriendo un proceso de abandono rural, donde la acumulación de biomasa incrementa el riesgo de incendios y representa un problema social grave.
La reintroducción de grandes herbívoros y carnívoros, como el lobo o el oso, podría ser una solución para estos territorios. Estos animales desempeñan un papel esencial en la gestión de poblaciones de herbívoros y en la creación de paisajes más resilientes a los incendios. Además, la transición de una gestión rural a una gestión natural, enfocada en la recuperación de hábitats con baja presencia humana, ofrece oportunidades económicas interesantes, especialmente en los sectores del ocio y el turismo.
La renaturalización se presenta como una estrategia clave para alcanzar los objetivos de conservación de la naturaleza en Europa. "Varios países podrían aprovechar estas áreas despobladas para ampliar las zonas protegidas y contribuir al desarrollo de la estrategia europea para la biodiversidad en el horizonte 2030", concluye Miguel B. Araújo. Esta metodología no solo apoya la preservación del medio ambiente, sino que también ofrece beneficios económicos y sociales a largo plazo. @mundiario

