La violencia machista y los fallos de prevención en el asesinato de una mujer en Alhaurín el Grande
El asesinato de una mujer de 33 años en Alhaurín el Grande no es solo un suceso policial ni un dato más que sumar a una estadística que crece con dolorosa regularidad. Es un golpe seco contra la idea de que la violencia machista puede ser contenida únicamente con protocolos, niveles de riesgo y medidas judiciales que, aunque necesarias, no siempre llegan a tiempo ni con la intensidad adecuada.
La víctima figuraba en el sistema VioGén con un riesgo catalogado como bajo. Esa etiqueta, que en teoría sirve para priorizar recursos, vuelve a quedar en entredicho cuando la realidad demuestra que el peligro no siempre se comporta de forma previsible. La violencia machista no sigue un calendario ni respeta categorías administrativas. Puede permanecer latente, casi invisible, y estallar cuando nadie espera que lo haga.
Qué significa realmente el riesgo bajo
El sistema VioGén es una herramienta clave en la lucha contra la violencia machista en España. Evalúa la probabilidad de que una mujer vuelva a sufrir agresiones por parte de su pareja o expareja y asigna niveles de riesgo en función de distintos indicadores. Sin embargo, riesgo bajo no significa riesgo inexistente. Significa, simplemente, que según los datos disponibles en ese momento, no se detecta una amenaza inmediata.
El problema surge cuando esa clasificación genera una falsa sensación de seguridad. Las medidas de protección se relajan, el seguimiento se vuelve menos frecuente y la víctima queda más expuesta. Como una casa con la alarma desconectada porque la última noche no pasó nada, el sistema confía en la calma sin tener en cuenta que el peligro puede irrumpir de forma repentina.
El papel del entorno y la respuesta institucional
En este caso, fueron los vecinos quienes dieron la primera voz de alarma al escuchar los gritos de auxilio. La escena es tan reveladora como inquietante. La violencia ocurrió dentro de una vivienda, en una zona residencial, a plena luz del día. No fue un hecho oculto ni aislado en un lugar remoto. Fue un acto brutal en medio de la vida cotidiana.
La rápida intervención de los servicios de emergencia no logró salvar la vida de la mujer. Después, el presunto agresor se entregó, cerrando el círculo penal, pero no el social. Porque la pregunta que queda flotando es por qué, pese a las órdenes judiciales y a la vigilancia activa, no se pudo evitar el desenlace.
Más allá del castigo hace falta anticipación
España cuenta con uno de los marcos legales más avanzados de Europa en materia de violencia machista. Aun así, las cifras siguen recordando que el problema no está resuelto. Cuatro mujeres asesinadas en lo que va de año y 1.347 desde 2003 no son números, son historias truncadas.
La prevención necesita ir más allá del control policial. Requiere recursos suficientes, formación constante, revisión crítica de los protocolos y una mirada más fina sobre los factores de riesgo. También implica escuchar más a las víctimas, incluso cuando el sistema no detecta señales alarmantes.
Cada asesinato machista es una derrota colectiva. No basta con investigar y condenar después. La verdadera eficacia se mide en vidas salvadas. Mientras el riesgo bajo siga siendo una etiqueta que tranquiliza más al sistema que a las mujeres, el problema seguirá llamando a la puerta, a veces con un cuchillo en la mano. @mundiario




