Víctor Rodríguez y Cosmorama: la pulsión biológica del acto creativo en la pintura

Técnica mixta de Víctor Rodríguez. / Mundiario
Tecnica mixta

Adquiere un lugar preferente en la plástica. Carácter, estilo y modernidad caracterizan su nueva etapa Cosmorama presentada en A Coruña, que bascula entre el expresionismo y el informalismo abstracto.

Víctor Rodríguez y Cosmorama: la pulsión biológica del acto creativo en la pintura

Adquiere un lugar preferente en la plástica. Carácter, estilo y modernidad caracterizan su nueva etapa Cosmorama presentada en A Coruña, que bascula entre el expresionismo y el informalismo abstracto.

En la difícil vida de los pintores que nacen con vocación de artistas, como es el caso de Víctor Rodríguez Espiñeira (Vigo,1981), uno de los retos, aparte del perfeccionamiento técnico, es la búsqueda de estilo. Muchas veces es una quimera que nunca se alcanza. Y puede afirmarse categóricamente que el vigués ha encontrado definitivamente su camino en Cosmorama, su última etapa. Un camino que le augura un sitio preferente en el actual panorama de la plástica gallega.

Aún habiéndose formado en diferentes escuelas, y de la mano de Mingo Teixeira y del extrarordinario grabador cubano Omar Kessel, Víctor Rodríguez se presenta al espectador sin alardes como un autodidacta que va experimentando y conociéndose como artista a través del ensayo y error, y sobre todo con mucha praxis, tanta que se convierte en toda una filosofía de vida.. toda una pulsión biológica basada en el hecho físico de la creación pictórica. Un volcán energético y creativo que contrasta con el carácter ascético de su estudio de pintura en una aldea suspendida en la falda de una ría gallega, muy alejado, por tanto, de los círculos habituales del merchandising artístico.

Víctor Rodríguez, tras abandonar sus estudios de ingeniería industrial, lleva dedicándose a la pintura en cuerpo y alma desde hace casi una década. Sorprende esta formación científica en un pintor que se muestra en sus pinceles tan apasionado, y que se aleja de la ortodoxia cartesiana, impregnando sus lienzos de un aura que traspasa el mundo real para entrar en las esferas de mundos mágicos y oníricos.

Evolución del artista

Hasta el momento su prolífica carrera estaba marcada por episodios paisajísticos,-en los que destacaban interesantes marinas-, bodegones, retratos, grabados... emparentados en ciertos aspectos con el surrealismo y caracterizados por un gran dominio de la línea y un amarre forzado a la figuración.

Cosmorama es la prueba tangible de un sorprendente cambio de rumbo pictórico, producto sin duda de un cambio existencial, que por sus características podría adscribirse al expresionismo con ciertos toques del informalismo abstracto. Un atinado vuelco que le ha llevado a alcanzar las cotas de calidad más altas de su trayectoria. En Cosmorama, presentada al público en A Coruña, parece liberarse como artista, que ha soltado lastre y amarras, y optado por una sorprendente disolución de la forma y una secuencia pictórica marcada por una gran potencia del color- sobre todo sus azules de vértigo-  enriquecido con técnicas mixtas como el collage. 

La pintura actual de Víctor Rodríguez, aún en continua mutación, dada su dedicación exclusiva al arte, se centra composiciones imposibles que articulan escenas que se salen del marco, rostros inquietantes, paisajes urbanos que conforman espacios que se transforman hasta diluirse en una nada que también es un infinito.. Sugerentes grafismos que se alejan y acercan a la figuración.  Idas y vueltas  donde encontramos concesiones como el espléndido gaitero y abstracciones muy logradas .. Todo ello marcado a fuego por una valoración matérica y plástica del pigmento - exacerbando una vigorosa espátula en algunas de sus obras- y la introducción de telas, arpilleras, cartones... Versátil en soportes y formatos, paradójicamente en los grandes tamaños realiza sus obras más destacadas.

Víctor Rodríguez  se aleja más que nunca del academicismo  y muestra sin ambages un desdén al dibujo y a ese color marcado de sus primeras épocas, optando por la poética de lo desdibujado, y la potencia de la mancha llegando en algunos lienzos al vigor de Pollock... También se aparta de la perspectiva convencional, para optar por nuevos enfoques que utiliza como recursos expresivos.

En este  nuevo y complejo mundo onírico se rastrean elementos que ya aparecían en sus inicios: torres, tejados, pináculos, siluetas, ciudades desoladas, edificios derruídos, avenidas, escenas marinas y barcos encallados...que recuerdan en algunos casos a Chagall.  Incluso como guiño a las tendencias clásicas  filtradas por del arte pop, ejecuta una interesantísima serie de Meninas.

La pulsión biológica antes citada se exhibe a través de un dinamismo que raya en el caos y que bascula en una sinfonía vital de potentes azules y blancos que contrastan con grises y negros urbanos, un espectro cromático apenas salpicado de anecdóticas notas de  color. Este gran dominio de las gamas frías desata sensaciones que van del desasosiego al encantamiento, pero nunca dejan indiferente al espectador.

Una obra personal
Sus figuras humanas son apenas atisbadas, casi espectros, y  surgen mínimizadas en las composiciones. Cuando se centra en el retrato, una de las facetas más logradas del artista, encontramos son trazos inacabados  y deformados en los que parece rastrearse la antigua constante romántica de la insignificancia del hombre ante la naturaleza y el destino... 
El artista vigués Víctor Rodríguez a través de Cosmorama presenta una obra tremendamente personal. Consigue que todo fluya en el caos y exhibe tres valores esenciales en un pintor: carácter, estilo y modernidad  y sobre todo y lo más importante.. ha encontrado su sitio en el mundo del arte, algo que tantos tardan tanto en encontrar. Bienvenido.

 

Víctor Rodríguez y Cosmorama: la pulsión biológica del acto creativo en la pintura
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