Temporada de huracanes: cómo una “broma” revela el estado de la agencia contra emergencias en EE UU
La Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), el organismo encargado de coordinar la respuesta federal ante desastres naturales en EE UU, atraviesa uno de sus momentos más delicados en la historia contemporánea de su país. Bajo la administración del presidente Donald Trump, ha sufrido recortes de personal, cuestionamientos a su eficacia e incluso propuestas para su eliminación. En este contexto, una polémica reciente ha vuelto a poner a la FEMA en el centro del debate: su actual director en funciones, David Richardson, habría afirmado en una reunión interna que “no sabía que Estados Unidos tiene una temporada de huracanes”.
Aunque el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) aseguró que el comentario fue una broma sacada de contexto, el momento no podría haber sido peor. La declaración se dio justo un día después del inicio oficial de la temporada de huracanes en el Atlántico, un periodo crítico que suele poner a prueba la capacidad de la agencia para responder a esos tipos de emergencias a gran escala que suelen ser comunes en EE UU.
Más allá del tono del comentario de Richardson, el trasfondo es alarmante. Su nombramiento ha sido recibido con inquietud por parte de los empleados de FEMA debido a su falta de experiencia directa en gestión de emergencias. Con un historial centrado en el combate contra armas de destrucción masiva dentro del DHS, y sin trayectoria en desastres naturales, su llegada a la agencia ha sido interpretada por los críticos como una señal de que la Casa Blanca no prioriza la profesionalización del liderazgo en este sector.
La situación se agrava con la destitución de su predecesor, Cameron Hamilton, quien fue removido del cargo justo después de afirmar ante el Congreso estadounidense que FEMA era esencial y que no debía ser desmantelada, lo que contradecía en su momento la narrativa de Trump que aseguraba que la agencia era "muy burocrática". Si bien el DHS negó una conexión directa entre sus declaraciones y su salida, la coincidencia ha generado el rechazo de la oposición, el Partido Demócrata.
Reducción de personal y capacidad operativa mermada
Desde el inicio del segundo mandato de Trump, FEMA ha perdido aproximadamente una cuarta parte de su plantilla a tiempo completo, incluida una quinta parte de sus coordinadores principales de desastres. Estas bajas están relacionadas con las recomendaciones del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE)—entidad que fue impulsada por el multimillonario Elon Musk— que abogó por una depuración masiva de empleados federales.
Este debilitamiento estructural se produce en un contexto en el que la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) ha advertido que hay un 60 % de probabilidades de que esta temporada de huracanes sea más activa de lo normal. Se prevén entre seis y diez huracanes, de los cuales hasta cinco podrían alcanzar la clase “mayor”, que se refiere a los ciclones de categoría de 3 a 5, como los huracanes Ida (2021) e Irma (2017).
En este contexto, reducir la capacidad de FEMA en estas circunstancias podría tener graves consecuencias, especialmente porque el presidente Trump aún enfrenta serias criticas por su desastrosa gestión durante el huracán María (2017) que golpeó fuertemente a Puerto Rico.
En aquel entonces, el siniestro combo de Irma y María, uno tras otro, dejó a los servicios básicos inoperativos durante varios meses, lo que generó una situación insostenible y una fuerte polémica sobre el primer mandato del republicano. Esta controversia se intensificó con la publicación de un estudio de la Universidad George Washington, que, a petición del gobierno local, realizó un conteo de víctimas que arrojó 2.975 fallecidos. Ante esto, el presidente acusó a los investigadores de colaborar con los demócratas para desacreditar la gestión de su Administración e insistió en que los ciclones apenas dejaron un saldo de 68 muertos.
El debate sobre su futuro: ¿reestructuración o eliminación?
Donald Trump ha sugerido en varias ocasiones que FEMA es una agencia “lenta” y “burocrática” y ha planteado su reestructuración o incluso su eliminación. Durante una visita a Carolina del Norte tras el paso del huracán Helene en septiembre de 2024, reiteró su visión crítica sobre la agencia. Por su parte, la actual secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, también ha expresado dudas sobre la necesidad de mantener al organismo en su forma actual, aunque ha seguido operando discretamente para mantener sus funciones ante la falta de una alternativa viable.
La posibilidad de desmantelar una agencia federal sin tener una estructura que la reemplace podría generar un vacío operativo con consecuencias catastróficas. FEMA no solo coordina respuestas ante huracanes, sino también ante incendios forestales, terremotos y emergencias sanitarias. Su rol como nexo entre los gobiernos estatales, locales y federales la convierte en un componente esencial (y hasta ahora irremplazable) del sistema de respuesta a desastres en EE UU.
De cualquier forma, la polémica en torno a Richardson ha generado fuertes críticas desde el Congreso. Líderes demócratas como los senadores Chuck Schumer y Amy Klobuchar han cuestionado públicamente su idoneidad para el cargo. Para muchos, el comentario —broma o no— refleja una falta de seriedad en la gestión de una agencia crucial.
Más allá del comentario de Richardson, el verdadero problema está en el enfoque general hacia FEMA. La combinación de liderazgo cuestionado, recortes de personal, propuestas de eliminación y falta de una visión clara de futuro deja a la agencia en una posición vulnerable, justo cuando más se necesita.@mundiario

