Una tasa a los vuelos frecuentes: la apuesta ecologista para recortar un 21% de las emisiones
Varias organizaciones ecologistas han lanzado este jueves una campaña en favor de la implantación de una tasa progresiva a los vuelos frecuentes (TVF). La medida busca desincentivar el uso intensivo del transporte aéreo mediante un impuesto que aumente en función de los viajes realizados por pasajero a lo largo del año, con un objetivo claro: reducir las emisiones del sector un 21% en la Unión Europea. Sin embargo, la propuesta genera controversia en el sector aéreo, quien alerta que este tipo de medidas perjudican al turismo.
El esquema propuesto establece que los dos primeros vuelos anuales de un pasajero estén exentos, pero los siguientes llevarían un recargo que empezaría en 50 euros y podría llegar hasta 400 euros por trayecto a partir del noveno billete. Pablo Muñoz, portavoz de Ecologistas en Acción, señala que la iniciativa pretende que "las personas que más vuelan sean las que más contribuyan", evitando que un impuesto convencional afecte a los pasajeros con menor poder adquisitivo.
Además del recargo por número de vuelos, se prevén tasas adicionales para primera clase y vuelos largos. Volar en primera clase supondría un coste extra de 100 euros por su menor eficiencia energética, y habría un recargo por distancia: 50 euros para trayectos de hasta 4.000 kilómetros y 100 euros para los superiores. Según las organizaciones promotoras, estos gravámenes podrían ser sustituidos por un impuesto al queroseno, una medida que la Comisión Europea está debatiendo como parte del paquete Fitfor55.
Podría desincentivar el turismo
Mientras los ecologistas subrayan que la tasa recaería principalmente en las rentas más altas, las aerolíneas y sectores ligados al turismo expresan su preocupación. Javier Gándara, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), advierte que gravar los vuelos podría desincentivar el turismo en España, reduciendo en 4,5 millones el número de visitantes en 2030. Además subraya que un impuesto al queroseno podría desviar a los turistas hacia destinos fuera de Europa, como Marruecos o Egipto, sin generar una mejora real en las emisiones globales.
Las aerolíneas, por su parte, defienden que ya afrontan costes como los derechos de emisión y las tasas aeroportuarias. Proponen en cambio incentivar el uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF), que podrían reducir las emisiones hasta un 80%. “Nuestro compromiso es alcanzar emisiones netas cero en 2050”, afirma Gándara.
Por otro lado, las organizaciones ecologistas argumentan que la implementación de esta tasa podría recaudar 56.400 millones de euros anuales en la UE, dinero que se destinaría a impulsar la movilidad sostenible, la inversión en ferrocarril y las energías renovables. La propuesta también contempla utilizar esos fondos para reformar el sector aéreo, haciéndolo más eficiente.
Por ahora, varios países europeos, como Alemania y Bélgica, ya aplican tasas a los billetes, aunque sin distinción por frecuencia de vuelo. En España, la propuesta de un impuesto a los vuelos quedó en suspenso con la llegada de la pandemia, y el Ministerio de Hacienda no ha dado señales de reactivarla. “Una tasa europea armonizada sería la mejor solución”, concluye Muñoz. @mundiario



