La segunda ola de calor del verano llegará entre el domingo y el martes

La Aemet describe el episodio como potente, ya que las masas de aire que sobrevolarán España “serán hasta 10 grados más cálidas de lo normal”.
Unas mujeres con calor. / RR. SS.
Unas mujeres con calor. / RR. SS.

Durante tres días, España volverá a arder. La segunda ola de calor del verano llega con una virulencia que no solo amenaza la salud pública y los ecosistemas, sino que nos enfrenta de nuevo a una pregunta incómoda: ¿nos estamos acostumbrando demasiado rápido al calor extremo? La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha activado este jueves un aviso especial por la ola de calor que abarcará, al menos, de domingo a martes.

No se trata solo de un episodio más de altas temperaturas: esta vez, las masas de aire que sobrevolarán la península serán hasta 10 grados más cálidas de lo normal, según sostiene la agencia meteorológica. En los valles del Guadalquivir y del Guadiana los termómetros podrían dispararse por encima de los 42 °C. El fuego invisible del verano español amenaza con abrasar todo, menos Canarias, que se librará del fenómeno, al menos, por ahora.

La intensidad de esta ola de calor llega tras dos semanas de tregua térmica, un espejismo que podría haber dado falsa sensación de alivio. Pero el clima no olvida. Julio se partió en dos, con una primera mitad sofocante y una segunda sorprendentemente fresca. Junio, en cambio, fue el mes más anómalo jamás registrado en España, con 3,6 grados por encima de lo habitual. Y ahora, agosto comienza con un mazazo térmico que podría durar más allá del martes, dependiendo del movimiento de la depresión en altura que actualmente flota al suroeste peninsular.

Mientras el anticiclón atlántico se asienta en el Cantábrico y la circulación africana empuja masas de aire caliente hacia el centro y el suroeste de la península, la Aemet advierte: esto no es un simple calor veraniego. Es un fenómeno meteorológico de gran escala, prolongado y extremo. Y lo más preocupante es que cada vez es menos extraordinario.

El calor se normaliza, pero sus consecuencias se agravan

España se encamina hacia un peligroso punto de inflexión. Las olas de calor ya no son eventos raros ni breves. Se han convertido en un patrón, una secuencia recurrente que erosiona nuestra capacidad de respuesta. Las temperaturas nocturnas tampoco dan tregua: se esperan noches tórridas, con mínimas por encima de los 25 °C en amplias zonas del sur y centro peninsular.

Este nuevo episodio pondrá a prueba a los servicios de emergencia, al sector agrícola, a la red eléctrica y a la ciudadanía, especialmente a los grupos más vulnerables: mayores, niños y personas sin recursos. Pero el calor no se ve. No tiene forma, ni olor, ni sonido. Solo deja cuerpos agotados, campos secos y una sensación creciente de asfixia colectiva.

El verano ya no es lo que era

Nos dijeron que el cambio climático iba a traer “veranos más largos y calurosos”. Pero lo que estamos experimentando es más radical: un cambio en la estructura misma de las estaciones. Los veranos se adelantan, se prolongan y se intensifican. La pregunta ya no es si hará más calor, sino cuánto y con qué frecuencia.

España necesita repensar su relación con el verano. No se trata solo de refugiarse en la sombra o encender el aire acondicionado. Hace falta una revolución en las políticas urbanas, en la planificación agrícola, en la infraestructura energética. Hace falta que los gobiernos —locales, autonómicos y estatales— dejen de tratar las olas de calor como episodios aislados y empiecen a legislar como si el futuro dependiera de ello. Porque así es. @mundiario

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