La robótica soluciona problemas pero crea otros que no sabemos resolver
Los robots avanzan ocupando cada vez más facetas de la vida, y mientras nos liberan de labores penosas, generan una necesidad de cambios que no logramos realizar con prontitud.
Primero entraron en nuestras vidas tímidamente. Se introdujeron en los hogares en forma de lavadoras y lavavajillas, lo que libero a la entonces llamada ama de casa del tremendo esfuerzo de lavar a mano, al mismo tiempo que hizo innecesaria, o menos necesaria, la ayuda de la asistenta que solía estar en muchas casas como una empleada por horas. Había una gran diferencia con otros grandes cambios o avances de la sociedad. Mientras la industrialización provoca la migración del campo a la ciudad, o el ferrocarril genera un gran incremento del comercio con el interior cuando hasta entonces había sido fundamentalmente entre ciudades costeras, la robótica amortiza trabajo sin crear apenas otro nuevo.
Hoy en día la robótica ha contribuido a grandes avances de la medicina y sobre todo de la producción en serie. Ya hay fábricas que producen sin necesidad de un solo trabajador, completamente automatizadas, y con la particularidad ya mencionada de no crear nuevas necesidades. La vieja disputa de hace un siglo sobre como se repartirá la riqueza una vez que las máquinas (ahora robots) nos "liberen" del trabajo, ya comienza a hacerse presente y la única lucha posible contra el paro es consumir más o consumir cosas que no necesitamos, por ejemplo, cambiar de móvil, o de tableta, o de ordenador, o de televisión, o de cualquier cosa que esté en uso, por otra nueva, o cambiar de ropa cada año o varias veces al año con la disculpa de que la ropa o los zapatos usados van destinados a gente más necesitada. En cualquier caso, y por mucho que nos esforcemos, esto tocará fondo antes o después porque su progreso es imparable debido a la globalidad que impide ir reduciendo la jornada laboral debido a la competencia de países que rehusan sumarse a la necesidad de repartir el trabajo que va quedando y que se inclina cada vez más a un creciente sector de servicios.
El siguiente paso será el robot humanoide que se encargue de todo, una enciclopedia andante con buenos sentimientos que cuidará y educará a los niños además de ocuparse de las tareas de la cada. Puede parecer una lejana utopía pero ya está aquí. Un robot que hasta sabe jugar y puestos a dar hasta da convesación, y que ha hecho realidad un gallego de Pontevedra afincado en Tenerife llamado Javier Lamas.
No sólo está amenazado el futuro del trabajador, esta amenazado el propio estado. Algo que debería ser un motivo de alegría y satisfacción, es motivo de preocupación por la lentitud de los gobiernos para adaptarse a la nueva realidad (en España hasta para formar gobierno) ¿porqué? Porque el sistema se ha establecido sobre la base de que las personas trabajan fundamental para el estado. Paga su Seguridad Social, su IBI, su IVA, sus plusvalías, su IRPF, cotiza para el paro, la recogida de basura, las donaciones, y otras cosas que solé de su trabajo, y con lo poco que le queda compra cosas como su IVA para que otras empresas puedan pagar también sus impuestos. Si llevamos las cosas a un extremo e imaginamos que hemos llegado al punto en que ya no es necesario el trabajador, que todos los bancos, las gasolineras, y hasta los bares están automatizados o que los taxis y autobuses funcionan sin conductor, llegaríamos a la conclusión de que el robot, debería pagar impuestos y cotizar a la Seguridad Social para que el estado tenga recursos para mantenernos. Claro que no parece fácil que con tantos gigas de inteligencia, los robots no encuentren la forma de evadir impuestos con o hacen casi todos los humanos poderosos.
Más acertado parece que el mundo recapacite y acepte ir reduciendo la jornada laboral, todos los países a la vez, y el que no lo acepte que sufra las arrugas arancelarias defensivas, sin que esto libere a la ONU (Unicef, etc) de ofrecer las ayudas que requiere el crecimiento desigual que padece el mundo.