La resiliencia de Bergoglio: ¿qué enfermedades aquejaban al Papa Francisco?

El Santo Padre vivió su pontificado marcado por numerosos desafíos de salud e intervenciones quirúrgicas, que afrontó con serenidad, conciencia y una notable fortaleza espiritual.
El papa Francisco oficia el Urbi et orbi de 2024. / @Pontifex
El papa Francisco oficia el Urbi et orbi de 2024. / @Pontifex

Con la muerte del Papa Francisco a los 88 años, concluye una etapa histórica en el Vaticano marcada no solo por reformas y un estilo pastoral cercano, sino también por una admirable gestión de su salud. A lo largo de su vida, Jorge Mario Bergoglio convivió con un historial médico complejo que nunca lo detuvo en su misión pastoral ni debilitó su voluntad de servicio.

Desde muy joven, el sumo pontífice tuvo que enfrentarse a importantes desafíos de salud. A los 21 años, una grave neumonía obligó a los médicos a extirparle una parte de su pulmón derecho, una intervención que habría marcado profundamente su capacidad respiratoria de por vida. Sin embargo, lejos de limitarlo, esta experiencia temprana pareció dotarlo de una perspectiva de vida más contemplativa y resiliente, cualidades que serían constantes en su pontificado.

Durante los últimos años, su estado físico se volvió motivo de atención recurrente. Afecciones respiratorias, intervenciones quirúrgicas complejas, problemas de movilidad y dolencias cardiovasculares convivieron con su intensa agenda como líder espiritual de más de mil millones de fieles. Lejos de dramatismos, el Santo Padre supo manejar su deterioro físico con serenidad y transparencia, incluso cuando las especulaciones sobre una renuncia anticipada eran frecuentes.

Una de las etapas más críticas de su salud ocurrió en febrero de 2025, cuando fue ingresado de urgencia por una neumonía bilateral causada por una infección polimicrobiana. Según su equipo médico, Francisco estuvo al borde de la muerte el 28 de ese mes, pero su lucidez y consciencia plena sobre la gravedad de su estado “fueron clave para mantenerse con vida”. Finalmente, salió del hospital para participar, con gran esfuerzo, en las celebraciones de Semana Santa. Sería su última aparición pública.

En sus últimos años, el Papa enfrentó intervenciones quirúrgicas significativas: en 2021, fue operado por una estenosis diverticular del colon y, en 2023, por una hernia abdominal dolorosa. Ambas cirugías fueron exitosas, aunque requirieron períodos prolongados de recuperación. Además, padecía dolor ciático, gonalgia (dolores en las rodillas) y problemas lumbares que afectaban su movilidad, lo que lo obligaba a utilizar con frecuencia un bastón o una silla de ruedas. A pesar de estas dificultades, nunca dejó de participar en actos públicos, manteniendo su estilo pastoral cercano y comprometido.

Más allá del dolor físico, Bergoglio nunca ocultó su lucha con el estrés y la ansiedad, revelando que en su juventud convivió con una forma de neurosis ansiosa. Frente a este desafío, encontró consuelo en la música clásica, especialmente en las obras de Johann Sebastian Bach, lo que muestra una dimensión muy humana del Pontífice: la de alguien que buscaba refugio espiritual también en lo cotidiano.

El 21 de abril de 2025, a las 7:35 a.m., el Papa Francisco falleció debido a un ictus que derivó en un coma y un colapso cardiocirculatorio irreversible, según informó el Vaticano. Su salud, ya comprometida por antecedentes de bronquiectasias, insuficiencia respiratoria, hipertensión arterial y diabetes tipo II, no resistió el embate final. En su última aparición pública, apenas un día antes, se mostró entre la multitud sin cánula nasal, sonriente, saludando a los fieles y desoyendo las advertencias de sus médicos.

La actitud de Bergoglio ante la enfermedad ha dejado una profunda huella. No solo mostró coherencia entre su mensaje de humildad y su vivencia personal, sino que también visibilizó una forma digna de envejecer y enfrentar la fragilidad. Nunca buscó dramatizar su condición ni esconderla tras muros de secretismo, como había sido frecuente en otros pontificados. Su postura transparente y serena es, en sí misma, una lección de fe y realismo.

Hoy, mientras la Iglesia se prepara para el cónclave que elegirá a su sucesor, la figura del Papa Francisco queda grabada no solo por su legado teológico y pastoral, sino también por la fuerza silenciosa con la que enfrentó las limitaciones físicas. En tiempos donde la salud suele medirse en términos de productividad y juventud, su ejemplo nos recuerda que la verdadera autoridad también se ejerce desde la vulnerabilidad, y que el liderazgo espiritual no necesita de cuerpos perfectos, sino de corazones entregados. @mundiario

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