El Reino Unido cierra un acuerdo con Ruanda para deportar migrantes tras la prohibición del Supremo
El Gobierno británico, liderado por Rishi Sunak, se encuentra en un pulso con diversos actores, desde jueces hasta organizaciones humanitarias y sectores internos del Partido Conservador, en su esfuerzo por salvar una política de deportaciones hacia Ruanda. A pesar de que el Tribunal Supremo del Reino Unido declaró ilegal dicha política, el Gobierno busca reafirmarla mediante la renegociación de un acuerdo con Ruanda.
El ministro del Interior, James Cleverly, viajó a Kigali para revisar el acuerdo cerrado por Boris Johnson en abril de 2022. El objetivo es asegurar que el nuevo acuerdo, según el comunicado del Gobierno británico, garantice que "las personas desplazadas a Ruanda no correrán el riesgo de ser devueltas a un país donde su vida o su libertad se vean amenazadas". Este intento de reforzar el acuerdo busca superar las preocupaciones legales y de derechos humanos planteadas anteriormente.
El Gobierno británico cree que, al obtener un nuevo acuerdo y respaldo parlamentario, podrán superar los obstáculos judiciales y avanzar con el plan que consideran crucial para reducir los números de inmigrantes. Además, se contempla la posibilidad de enviar un equipo de abogados británicos a Ruanda para colaborar en los trámites de solicitud de asilo.
Aunque inicialmente se comprometió a pagar más de 160 millones de euros anuales a Ruanda, el Gobierno busca reforzar económicamente el acuerdo. Sin embargo, Ruanda ha sido más un símbolo que una solución efectiva frente al aumento de la inmigración. La cifra récord de 745.000 personas inmigrantes en 2022 y las más de 20.000 que han cruzado el canal de la Mancha en lo que va de año han generado una creciente presión sobre el Gobierno de Sunak.
Además, se han presentado nuevas medidas para restringir la inmigración legal, elevando los requisitos salariales para obtener visados y endureciendo las condiciones para trabajar en sectores con escasez de mano de obra. Estas medidas responden a la creciente preocupación de la población británica sobre la inmigración, según encuestas recientes. La obsesión del Partido Conservador por abordar este tema se ha convertido en una crisis existencial de cara a las próximas elecciones generales. @mundiario



