Lo que los datos revelan sobre la inmigración y el trabajo en España

La inmigración transforma España. ¿Quiénes son? ¿Dónde viven? ¿En qué trabajan? Una mirada más allá del prejuicio.
Personas caminando en Madrid. / RR. SS.
Personas caminando en Madrid. / RR. SS.

España se ha convertido en una sociedad marcada por la diversidad, aunque la crispación política y el discurso del miedo impidan ver lo evidente: uno de cada cinco residentes en el país nació fuera. A pesar de su peso en la economía y en el rejuvenecimiento de una población envejecida, la inmigración sigue tratándose como un problema, no como lo que es: una realidad estructural e irreversible. Rocío De Meer, portavoz de Vox, ha puesto voz esta semana a una visión excluyente que gana terreno: la de deportar no solo a inmigrantes, sino también a sus hijos nacidos en España. En ese marco, conviene hacer una pausa, mirar los datos y entender qué papel juegan realmente las personas migrantes en el país.

La narrativa que culpa a los extranjeros del declive cultural o económico se tambalea ante los hechos. Según señala El País, hay 9,3 millones de personas nacidas en el extranjero que residen legalmente en España, y de ellas, más de tres millones ya tienen nacionalidad española. Lejos del tópico de la "invasión", lo que hay es una transición demográfica en marcha: la inmigración ha pasado de representar un 5,6 % de la población en 2002 al 19 % actual. No es un fenómeno pasajero, ni tampoco una amenaza. Es una constante que define el presente y, sobre todo, el futuro.

Los datos desmontan la idea de que estas personas son incapaces de integrarse. Lo cierto es que están presentes, de forma significativa, en casi todos los rincones del país, especialmente en las zonas de mayor actividad económica. Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Baleares concentran la mitad de la población extranjera. Pero también hay presencia destacada en regiones agrícolas como Almería, Huelva o Lleida, donde su trabajo es esencial. En muchas provincias costeras —desde Málaga hasta Castellón— los europeos comunitarios conviven con otras nacionalidades en una sociedad plural.

El peso de América Latina y el talento desaprovechado

Más de cuatro millones de residentes nacidos fuera de España provienen de América Latina. Este dato es crucial porque, a menudo, se invisibiliza que gran parte de quienes migran ya comparten idioma, religión y raíces culturales. A eso se suma que muchos son hijos, nietos o bisnietos de españoles emigrados en el siglo XX. Y sin embargo, se les sigue mirando como extraños.

Hay una contradicción difícil de digerir: mientras se criminaliza la inmigración, se la necesita. El 76 % de los nuevos puestos de trabajo creados en España entre 2019 y 2024 han sido ocupados por personas nacidas en el extranjero. Los tres millones de afiliados extranjeros a la Seguridad Social no solo sostienen sectores clave como la hostelería o la construcción, sino también el sistema de pensiones de un país envejecido.

Jóvenes, pero invisibles

Una de las contribuciones más ignoradas de la inmigración es su papel rejuvenecedor. Frente al declive demográfico de los nacidos en España, el 73 % de los extranjeros tienen entre 20 y 64 años. Entre los menores de 3 años, uno de cada cuatro niños tiene al menos un progenitor extranjero. Esta segunda generación —española por nacimiento— está creciendo en nuestras escuelas, en nuestros parques, en nuestras ciudades. Y, sin embargo, sigue siendo etiquetada como "los otros".

Basta ver la evolución de los nombres en el padrón: ya hay más Mohammeds que Marcos, más Ahmeds que Iñigos. Esta transformación cultural no es una amenaza, es el reflejo del mundo global en el que vivimos.

España no solo depende laboralmente de su población migrante. También tiene una deuda con ella. El 54 % de los inmigrantes con estudios universitarios está sobrecualificado y trabaja en empleos por debajo de su formación. Una pérdida de talento que evidencia un fallo estructural en el reconocimiento de cualificaciones, el racismo institucional y la precariedad. @mundiario

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