Primavera peligrosa: el polen dispara las alergias en toda España
La primavera de 2026 llega con un aviso claro para millones de españoles: respirar no será tan fácil como antes. Según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), la temporada promete ser intensa y prolongada, con concentraciones de polen sin precedentes que convierten la estación de las flores en un desafío diario para quienes sufren alergias respiratorias. Juan José Zapata, presidente de la SEAIC, lo describe con contundencia: “Nos encontramos ante la tormenta perfecta”.
La combinación de factores climáticos excepcionales y cambios ambientales ha creado un escenario poco habitual. Las lluvias intensas de este invierno, seguidas de un aumento acelerado de las temperaturas, han favorecido un crecimiento explosivo de las gramíneas y otros tipos de polen. A esto se suman la contaminación urbana y el cambio climático, que modifican los patrones tradicionales de polinización y amplifican sus efectos sobre la salud.
Pedro Ojeda, coordinador de Comunicación de la SEAIC, explica, según señala EL PAÍS, que esta “tormenta perfecta” se traduce en síntomas más frecuentes y severos, desde estornudos incontrolables hasta complicaciones respiratorias que afectan la calidad de vida. Ciudades como Madrid, Toledo, Sevilla y Jaén se sitúan en el epicentro de esta alerta, con niveles de polen que podrían alcanzar los 12.000 granos por metro cúbico, cifras que superan cualquier registro habitual de la última década.
Gramíneas y árboles: los protagonistas del caos alérgico
Las gramíneas continúan siendo las responsables de la mayoría de las alergias en España, pero no son las únicas. Cipreses, plátanos de sombra, olivos y ciertas urticáceas y amarantáceas alcanzan concentraciones elevadas en distintos puntos del país. Esta diversidad amplifica los síntomas y prolonga la temporada de polinización, que podría extenderse un 19% más que otros años, según los especialistas.
El efecto no es solo inmediato. Zapata alerta sobre “el efecto multiplicador”: la exposición prolongada a altos niveles de polen sensibiliza las mucosas, provocando que incluso pequeñas cantidades futuras desencadenen síntomas cada vez más intensos. En otras palabras, cada primavera puede ser más dura que la anterior para quienes padecen alergias.
La contaminación, un agravante silencioso
Los contaminantes ambientales agravan aún más el problema. El aire cargado de partículas irritantes no solo inflama las vías respiratorias, sino que interactúa con el polen, aumentando su capacidad para provocar reacciones alérgicas. Ojeda advierte que esto puede incluso afectar a personas previamente no sensibilizadas, generando nuevos casos de alergias en población sana.
Frente a este panorama, los expertos recomiendan medidas preventivas que van más allá de los tratamientos convencionales. Evitar las salidas al aire libre en horarios de máxima polinización, utilizar filtros en el hogar, mantener ventanas cerradas y reforzar la limpieza de ropa y superficies son algunas de las estrategias que permiten reducir la exposición al polen. Asimismo, se prevé un aumento en la demanda de consultas médicas y tratamientos antihistamínicos, así como la necesidad de información precisa sobre los niveles diarios de polen en cada región. @mundiario

