Los perros de asistencia podrán entrar a todos los espacios públicos de España

Una nueva normativa elimina barreras y reconoce el vínculo entre persona y animal como una unidad indivisible en todo el país.
Un perro de asistencia. / RR. SS.
Un perro de asistencia. / RR. SS.

En España, si tienes discapacidad y necesitas un perro de asistencia, ya no tendrás que justificar su presencia en una piscina pública o en el supermercado de tu barrio. El Consejo de Ministros ha aprobado este martes un real decreto que cambia las reglas del juego: a partir de ahora, estos animales tendrán libre acceso a todos los espacios públicos y privados de uso público del territorio nacional, independientemente de la comunidad autónoma en la que vivas. Parece obvio, ¿verdad? Pero hasta ahora, no lo era.

Durante años, las personas con discapacidad han tenido que enfrentarse a la desinformación, los prejuicios y, en no pocas ocasiones, a la humillación de ser expulsadas de establecimientos por ir acompañadas de un perro de asistencia. Aunque algunas comunidades autónomas ya contemplaban el acceso de estos animales a espacios públicos, la falta de una norma estatal provocaba vacíos legales y enormes desigualdades. El nuevo decreto pone fin a esta discriminación, igualando derechos y reconociendo por fin todas las realidades que existen más allá del clásico binomio "persona ciega y perro guía".

Porque los perros de asistencia no solo guían. También alertan a personas con epilepsia antes de una crisis, ayudan a quienes padecen autismo a mantener la calma en situaciones de estrés extremo, o son apoyo esencial para quienes no pueden abrir una puerta, descalzarse o simplemente necesitan un empujón emocional para salir de casa.

Cada uno de estos animales ha sido adiestrado de forma específica, y su vínculo con la persona usuaria es, en muchos casos, lo que marca la diferencia entre el aislamiento y la autonomía.

Más allá del ladrido

Con esta nueva legislación, el Gobierno lanza un mensaje potente: los perros de asistencia no son un capricho ni un favor social, son una herramienta de vida. Y por eso se garantiza su acceso a centros educativos, sanitarios, culturales, deportivos y comerciales, incluidos supermercados, museos, playas y restaurantes. ¿La única excepción? Espacios como quirófanos o zonas con requerimientos higiénicos especiales. Una excepción lógica, no discriminatoria.

Además, se da un paso importante hacia el reconocimiento emocional y simbólico de la figura del perro de asistencia: cuando el animal se jubile —a los 10 años— no perderá sus derechos de acceso. Porque no se trata solo de utilidad, sino de vínculo, de respeto y de memoria. El perro de asistencia no es un dispositivo que se apaga al finalizar su vida laboral. Es parte de una historia compartida.

Hacia un país más empático y educado

Pero los cambios legislativos solo son el principio. Como señala al diario El País, Anxo Queiruga, presidente de COCEMFE, ahora toca informar y sensibilizar. Porque muchos ciudadanos aún no comprenden por qué una persona entra al cine con un perro, o por qué un niño con autismo necesita a su lado a un can entrenado. La ley protege, pero la empatía educa. Y si queremos un país verdaderamente inclusivo, debemos trabajar ambos frentes.

El decreto también regula la formación y acreditación de estos animales, algo esencial para evitar el fraude, pero también para garantizar su bienestar. No todo perro sirve, y no todo adiestrador está capacitado. La norma exige rigor y responsabilidad, tanto a quienes entrenan como a quienes reciben a estos compañeros de vida. @mundiario

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