Letizia: un sexy camisón, un payaso en su entrepierna y otros dislates

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La reina en Oviedo. / LNE

Tras dar la campanada en el Teatro Real, la reina española vuelve a mostrarse sexy como una it girl vistiendo lencería y un traje con un enigmático payaso entre sus muslos.

Letizia: un sexy camisón, un payaso en su entrepierna y otros dislates

El entorno de la reina Letizia ha filtrado recientemente que le incomoda que la prensa hable de sus vestidos o peinados y no de su trabajo, algo que sí es cierto demostraría que o bien su inteligencia es bastante limitada  o directamente les está tomando el pelo, porque Letizia no da tregua… Cuando lleva un tiempo con cierta contención parece que no lo puede resistir y tiene que dar la campanada y aparecer como aquella chica de los 80 “Busco a Jacques”.  Este verano, tras su tremendo debut con el estilismo olímpico y su primera y surrealista salida veraniega, como dimos buena cuenta en nuestros exitosos artículos de MUNDIARIO –Estupefacción ante el primer look de Letizia en Palma: ¿un 'amiplín' como lema de vida?–, parece que templó su ánimo y nos dio unos meses sin sobresaltos.

En su viaje a Estados Unidos superó con creces el aprobado.  Nada que señalar más que alguna comparecencia que otra  con sus desafortunados e impropios brazos al aire. Algo que hace años que  sólo nosotros comentábamos en MUNDIARIO y que se ha generalizado en casi todas los crónicas. Pero  comenzó el otoño abriendo una jornada operística en el Teatro Real con uno de sus ya sonados habituales amiplines.

Teatro Real
Los reyes de España.

 

Teatro Real, un nuevo amiplín  

Se trataba de una  gala en la que la invitación claramente estipulaba que las damas deberían llevar traje largo. Y quien marca el protocolo en el vestir es la persona de mayor rango, por lo tanto la reina. Pues ni caso, se saltó a la torera la invitación, el protocolo y el rango, y apareció con un vestido no sólo corto, sino cortísimo y enseñando los muslos a través de unas aberturas en el guipur  con excitantes transparencias completamente fuera de lugar para el espacio al que iba destinado y aún más en su condición de reina.

Junto a los muslos insinuantes a través del encaje negro, un generoso escote en v que dejaba  vislumbrar en cada movimiento una exageradas prótesis siliconiles para su complexión raquítica,  Beatriz MIranda en El Mundo  sugiere que se ha retocado el pecho, que  ya se había operado cuando era periodista, pero que tras la maternidad necesitaba una puesta a punto.

Y junto al imposible modelo, toda la parafernalia que suele acompañar sus looks, maquillajes excesivos, pestañas postizas cual gatita fifí, labios de rouge potente… En fin, casi todo impropio de una señora elegante. Pura provocación. Por detrás, un escote triangular dejaba su espalda y omóplatos al aire y llevaba la cremallera a la vista que terminaba donde la espalda pierde su casto nombre.

Premios Princesa de Asturias

Repasando los años en los que ha comparecido  en los Premios asturianos desde que se casó, se ha visto la gran evolución no sólo física, sino en sus actitudes y elección de modelos.

En el concierto de la orquesta de la Fundación, la audiencia con los galardonados, la visita al pueblo ejemplar de Asturias y la entrega de los galardones,  los estilismos de Letizia se han convertido una vez más en uno de los temas estrella.

Un camisón  sexy para un concierto

Acudía al tradicional concierto de nuevo, peinada cual actriz de los 40. Se despojó al entrar de una capa negra de vampira para dar la campanada, tiesa como una vara  con un traje del atelier de Varela, de la colección Minimal Opulence. Llamarle traje es mucho suponer, pues era en toda regla  un atuendo de lencería fina,  aunque los medios cortesanos bautizaran eufemísticamente lingerie o slip dress.  Disimulado por el caro cinturón de flores de cristal, era un ceñidísimo vestido-camisón  en punto negro con opulente escote  que vislumbraba el inicio de sus prótesis. Un seductor camisón que en una actriz  veinteañera hubiera quedado gracioso.  Nos reservamos por eso de la ley mordaza lo que parecía la reina, pero podemos apuntar que un conocido comunicador lo llamó "todo un numerito exhibicionista".

Por lo visto el vestido lencero es la tendencia en alza esta temporada, y ya sabemos que Letizia a veces se muestra como una fashion victim…  pero curiosamente siempre que le ciña y le deje enseñar. Dudamos mucho que si volviera la moda parchís, el plano total o los bombachos, los llevara.

Al margen de lo inadecuado del vestido para la  estación, ocasión y para su cargo, para más inri la camisetilla- enagua  rondaba los 1.000 y el  estilismo global  los 2.000 euros, sumando solo zapatos, vestido y cartera. Eso sin contar con las carísimas joyas de las que desconocemos su valor. Y todo esto para ir en salto de cama.

La panorámica del patio de butacas demostraba que  el resto de las  invitadas habían optado por vestidos cocktail de hombros cubiertos y trajes de chaqueta. Ella dando la nota, nunca mejor dicho en un concierto.

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La reina de España.

 

Cuando quiere, bien sabe hacer las cosas

La mañana siguiente, doña Letizia mostró un nuevo 'look' para la recepción de los galardonados: un  precioso diseño de CH Carolina Herrera de  línea entallada  con estampado de hojas otoñales en tonos rojizos.  Aunque se  le veía con  una melenita de cuatro pelos, fue su mejor elección. Lo que quiere decir que, cuando quiere, bien sabe hacer las cosas.

Para la alfombra azul del Teatro Campoamor después del camisón parecía que  nada podría ser peor. Con las bajas temperaturas de Oviedo, era imposible encontrar a alguien con manga corta. Pues ¿lo dudan? Cómo no, ella apareció sin mangas luciendo sus brazos de halterofílica liliputiense, huesudos y tendonosos.

En un primer momento parecía que  mejoró  el look. Un vestido muy en su línea, muy estrecho y con bordados a mano sobre tul invisible con hilo de metal negro y lágrimas de cristal de Swarovski negros. Este tipo de bordados los ha llevado muchas veces: el problema es que esta vez eran sobre fondo nude y de lejos hacía el efecto de ir desnuda, de no llevar nada debajo de los dibujos que asemejaban hormigas.

¿Un guiño de Varela a los actuales payasos asesinos?

Pero eso no fue lo peor,  sino algo alucinante como se puede comprobar: un divertido foro de opinión descubría extrañas imágenes de payasos asesinos en el bordado. ¿Un guiño de Varela a los actuales payasos asesinos porque Letizia le quiso liquidar hace unos meses?

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Curioso vestido de Letizia.

 

Además el rostro del payaso reposaba en la parte pudenda  de su anatomía. Acompañaban al modelo del clown unos pendientes de diamantes negros de la firma De Grisogono valorados en una cifra sonrojante que supera las 5 cifras.

Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias

Vayamos al Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias. Cuando realiza estas visitas a los pueblos ejemplares suele abandonar el look vedette pero tampoco atina. Este año ha elegido un abrigo de  Marcos Luengo pero que parecía una bata de casa con las costuras por fuera. Sorprende que le entren los calores para los actos de noche y tenga que  ir escotada y brazos al aire y en cambio aquí al mediodía con abrigo de lana. Aquí hace todo el repertorio de caras de entusiasmo exageradas, exaltando esa asturianía de atrezzo que nos vendieron cuando se prometió. ¿Ah, y para el pueblecillo una melena llena de extensiones?

Tan impactante o más fue el estilismo de la madre Rocasolano, cual madre de la artista lucía un Felipe Varela. La enfermera sindicalista apareció con kilos de pintura, dos piezas de negro con lentejuelas plateadas, dalda ceñida también con transparencias marcando trasero y longitud cortísima para una mujer en camino de ser septuagenaria. De cara, irreconocible. El público de broma le llamaba guapa, y ella debió creerse que iba en serio. Dejaba el muslo al aire al sentarse.

Qué lejos de aquella sindicalista que era el terror de los hospitales de Oviedo y que se instaló en un pisito de la periferia madrileña con su marido antenista... Hoy, en una Fundación, distinguida con un premio solidario, viviendo en el Madrid de los Austrias y aposentos en Zarzuela, a la que acude con chófer y un nuevo look producto de la cirugía. Flaco favor le hace al sindicalismo… Es decir cuando se es fea y pobre hay que luchar por los derechos de los trabajadores, pero cuando hay pasta, ni fea, ni pobre, nuevos dientes, nuevos pechos y se veranea con los joyeros Tous. Mucha coherencia no hay. A raíz de las obvias operaciones a las que se ha sometido, Beatriz Miranda comenta en El Mundo que si la Reina y su madre comparten confidencias y ropa, ¿por qué no compartir también médico?

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La madre de la reina. / RR SS

 

La ausencia de Leonor

Ha sido imperdonable la incomparecencia de Leonor en los Premios que llevan su nombre. La monarquía para su supervivencia tiene que generar afección en el pueblo, y los niños son un gran reclamo. Es cierto que se hubiera aburrido, pero podrían haberla llevado al paseo por el pueblo ejemplar por lo menos.

Aunque parece imposible, algunas voces hablan de que Letizia quiere el protagonsimo para ella y Leonor sin duda se lo robaría. Argumentan por ejemplo el inconcebible capítulo de la comunión en el que se puso unos zapatos imposibles para centrar la atención y ningunearan a la niña que hacía la comunión vestida de colegiala manga, algo que comentamos en Diez paradojas de la primera comunión eclipsada por los inconcebibles zapatos de Letizia.

Una asturianía impostada
Letizia cuando llega a Asturias es tan expresiva que raya la sobreactuación… Se esfuerza en exhibir la emoción que le embarga en su tierra impostada. Hoy se sabe que eso de la asturianía fue un adorno cuando se presentó como prometida, porque la realidad es que es una chica de la periferia madrileña, en la que se crió y vivió casi toda su vida hasta que se casó. Incluso hasta adquirió vivienda allí. Pero claro, su adscripción de extrarradio capitalino para una futura princesa parece que tenía poco glamour…  y la asturianía  le venía como anillo al dedo, dado el hermosísimo título que  ostentaría: Princesa de Asturias. Porque las profundas raíces asturianas que tanto parangonaron en sus primeras comparecencias no eran tales, que queda claro si nos atenemos a sus ancestros y vínculos personales...  -que es a lo que hay que atenerse cuando hablamos de raíces-. Sus abuelos maternos, Francisco y Enriqueta y su madre son del barrio de Prosperidad de Madrid y de una barriada de Alicante. Su abuela paterna, Menchu, la locutora, proviene de la Aldea de San Miguel, denominado coloquialmente como La Aldeílla en Valladolid, lugar en el que veranearon de niñas Letizia y sus hermanas. Cuando conocimos a Menchu vivía en una casita en las bucólicas montañas de Asturias de reciente adquisición, pero en cuanto enviudó a la primera de cambio se mudó a La Zarzuela y después a la soleada Marbella… Y con respecto a su abuelo paterno y el único asturiano de verdad de toda la parentela, José Luis Ortiz, resulta que según muchos testimonios posiblemente no era su abuelo biológico ya que su padre habría sido supuestamente concebido de una relación premarital y nacería en 1949, sólo algunos meses después de contraer matrimonio y es reconocido y criado por José Luis.
La Reina Letizia nació y vivió con sus padres su infancia en Asturias  pero nunca máis… Y es muy clarificador señalar que cuando se promete al que era entonces Príncipe no tenían vivienda en el Principado ni su padre, ni su madre, ninguna de sus dos hermanas, ni ella…  ni proyectos de comprarla  A día de hoy, años ha de la boda, siguen sin adquirirla. Y para los norteños el sentimiento de la propiedad es casi una necesidad, existencial y si no que nos lo digan a los gallegos: "galego sin casa non é de fiar". Otro dato capital ese que  para las bodas se suele elegir la tierra  de la novia. En el caso de Felipe razones de estado obligaron a que fuera en Madrid. Pero es que Letizia ya se había casado antes. ¿Y fue en Asturias? No... fue en Almendralejo, gran villa pacense a centenas de kilómetros de la verde Asturias, porque tales vínculos han sido una recreación posterior.

 

Sexy, atrevida, agresiva, arriesgada, seductora, provocadora...
Los periódicos locales ovetenses hicieron su particular encuesta de elegancias y barrió la reina Sofía quedando Letiizia en un discreto cuarto puesto. Es decir, de nada le sirvieron los aspavientos de esa asturianía impostada. Su elección sólo  consiguió  que los medios le dedicaran epítetos tan "reales" como sexy, atrevida, agresiva, arriesgada, seductora, provocadora... El pueblo prefirió a una reina casi octogenaria  leal a su imagen, vestida con empaque, digna para la ocasión. Una profesional que es una reina y lo parece... ¿Algún día Letizia se dará cuenta de que ese es su camino y no obregonizarse hasta el hastío? Desesperaditos nos tiene a algunos. Otros están encantados porque no les temblará el pulso si llegan a desposeerla de esos privilegios que tan poco valora, eximiéndose de cumplir con su deber en aras de un lucimiento personal totalmente inconveniente y contraproducente para los tiempos que corren en España.

Algo más peliagudo de comentar son las relaciones de la reina Letizia con su suegra la reina Sofía. Este año se comentó que la reina Sofía  no ha disimulado la poca empatía con Letizia Ortiz. No olvidemos que hace poco filtró a través de Pilar Eyre que había sido apartada de sus nietas en beneficio de su consuegra que campaba por sus anchas en La Zarzuela. La influencia de la reina madre en las niñas sería capital para profesionalizarlas en el mundo royal, ya que Letizia es incapaz de aceptar  que los grandes privilegios de los que disfruta llevan aparejado una serie de deberes. Ella altera a sus anchas y siempre en su conveniencia el protocolo real y da la justificación de que  hay cosas que tienen que cambiar.

 

Letizia: un sexy camisón, un payaso en su entrepierna y otros dislates
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