Italia conmocionada por la investigación de los “safaris humanos” en Sarajevo

La Fiscalía de Milán ha abierto una investigación que reabre las heridas del sitio de Sarajevo: presuntos ciudadanos italianos habrían pagado miles de euros para disparar a civiles desde las colinas de la capital bosnia.
Vehículo de la ONU en la Avenina de los Francotiradores durante el sitio de Sarajevo, Bosnia. / Paas
Vehículo de la ONU en la Avenina de los Francotiradores durante el sitio de Sarajevo, Bosnia. / Paalso-Wikimedia Commons

El eco de los disparos vuelve a resonar en la memoria de Europa. La Fiscalía de Milán, dirigida por los magistrados Marcello Viola y Alessandro Gobbis, ha abierto una investigación sobre un supuesto crimen que desafía toda noción de humanidad: los llamados “safaris humanos” organizados durante el asedio de Sarajevo. Entre 1992 y 1996, la capital bosnia fue cercada por las fuerzas serbobosnias en uno de los episodios más brutales de la guerra de los Balcanes. Desde las colinas, los francotiradores disparaban indiscriminadamente contra civiles que se atrevían a cruzar las calles.

Ahora, los fiscales italianos tratan de confirmar una hipótesis aterradora: que durante aquellos años hubo ciudadanos italianos que pagaban grandes sumas de dinero para viajar los fines de semana a Bosnia y poder matar personas como si de una cacería se tratase.

El caso ha salido a la luz gracias a la denuncia del escritor y periodista Ezio Gavazzeni, respaldado por el exmagistrado Guido Salvini y la exalcaldesa de Sarajevo Benjamina Karic. Durante años, Gavazzeni recopiló testimonios, documentos y relatos sobre una práctica que se rumoreaba desde la posguerra y que el documental Sarajevo Safari (2023), del director de cine esloveno Miran Zupanic, contribuyó a exponer al público internacional.

Según la denuncia, varios italianos —algunos empresarios del norte del país, aficionados a las armas y cercanos a círculos de extrema derecha— contrataban vuelos desde Trieste a Belgrado con la aerolínea serbia Aviogenex. Una vez en territorio serbio, eran trasladados a las colinas de Sarajevo para participar como francotiradores contra la población civil.

Los precios oscilaban entre 80.000 y 100.000 euros por fin de semana, y los investigadores no descartan que se establecieran tarifas distintas según el tipo de víctima. “Por disparar a un niño se pagaba más”, sostiene la denuncia.

Testimonios y archivos secretos

Gavazzeni asegura que un antiguo agente de inteligencia bosnio, identificado con las iniciales E.S., ha confirmado que los servicios secretos italianos tuvieron conocimiento de esta práctica en 1993. Según su testimonio, existirían archivos clasificados que documentan la presencia de al menos cinco ciudadanos italianos en las colinas que rodeaban Sarajevo, asistidos por milicianos serbobosnios.

Otros testimonios, como el del exbombero estadounidense John Jordan, voluntario en Sarajevo durante el conflicto, refuerzan la acusación. En el juicio contra el expresidente de Serbia Slobodan Milosevic ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya, Jordan declaró haber visto “tiradores turísticos” con armas y atuendos ajenos al frente de guerra, acompañados por soldados locales.

La investigación apunta además a la posible implicación de Jovica Stanisic, exjefe de los servicios secretos serbios condenado por crímenes de guerra, quien habría coordinado parte de estos viajes bajo la apariencia de “excursiones de caza”.

Un crimen imprescriptible

El delito que investiga la Fiscalía de Milán es homicidio múltiple con agravantes de crueldad y motivos abyectos, lo que lo convierte en un crimen imprescriptible según el Código Penal italiano. Los fiscales trabajan junto al Raggruppamento Operativo Speciale (ROS) de los Carabinieri para reconstruir la red logística y financiera que habría facilitado los desplazamientos.

Aunque los nombres de los presuntos implicados se mantienen en reserva, se menciona a un empresario milanés, propietario de una clínica estética privada, así como a ciudadanos de Turín y Trieste. Se estima que podrían existir hasta un centenar de implicados entre italianos, estadounidenses, rusos y canadienses.

El caso no solo revive uno de los capítulos más oscuros de la historia europea reciente, sino que reabre el debate sobre la responsabilidad moral de los países occidentales durante la guerra de Bosnia.

Un espejo incómodo para Europa

Más allá del terreno judicial, la revelación de los “safaris humanos” ha provocado una profunda conmoción en la sociedad italiana. Si se confirma la veracidad de los hechos, el país deberá enfrentarse no solo a la culpabilidad penal de algunos de sus ciudadanos, sino también a un debate ético de dimensiones históricas: cómo fue posible que personas con vidas aparentemente respetables decidieran pagar por matar civiles indefensos en un conflicto extranjero.

Treinta años después del fin del asedio de Sarajevo, esta investigación amenaza con sacudir no solo a Italia, sino también a la memoria colectiva del continente. Los safaris humanos representan la degradación absoluta de la guerra: el paso del conflicto político al espectáculo de la muerte.

En una Europa que aún lidia con las heridas de los Balcanes y observa con inquietud nuevas guerras en su vecindario, el caso reabre una pregunta esencial: ¿hasta dónde puede llegar el ser humano cuando la guerra se convierte en un negocio y la vida en un blanco?

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