El fiel Ruslán, de Gueorgui Vladímov, obra de poderosa emoción y reflexión

Portada de El fiél Ruslá, de Gueorgui Vladímov. Libros del Asteroide, 2013. Traducción de Marta Rebón
Portada de El fiél Ruslán, de Gueorgui Vladímov. Libros del Asteroide, 2013. Traducción de Marta Rebón

Se trata de una novela en la que el autor ruso despliega con cadencia exquisita el análisis de una realidad que fraguó la represión estalinista. Una recomendación de MUNDIARIO.

El fiel Ruslán, de Gueorgui Vladímov, obra de poderosa emoción y reflexión

Novela alegórica de resonancias sombrías, que aborda la cuestión de la lealtad como perversión. El lenguaje preciso y definido, no exento de cierta ironía, sorprende por la capacidad expresiva y el trato que el autor profesa a las descripciones y psiocología de los personajes. El sentido del deber, la obediencia, la fidelidad se enfrentan a la represión, al trato vejatorio, a la crueldad. Los presuntos valores ven manipulados su espíritu con el objetivo de propinar el mayor golpe: liquidar el alma de los presidiarios. El drama sangriento y terminal de la represión estalinista tuvo como símbolo los llamados gulag. Curiosamente no es una palabra al uso. Se trata de un acrónimo de Dirección General de Campos de Trabajo. Sin embargo se convirtió en el vocablo que designaba no sólo a los campos de concentración, también al sistema soviético de trabajos forzados en sus diversas variedades.. Venían clasificados por la comunidad que los formaba y la funcionalidad que prestaban: campos de trabajo, de castigo, de criminales y políticos, de mujeres, de niño o de tránsito. La madre de Gueorgui Vladímov sufrió dos años de presidio en un campo próximo a Leningrado. De ahí que la propia madre narrara a su hijo la terrible experiencia que vivió, fruto de la persecución antisemita promovida por Stalin. Varlam Shalamov, autor de Relatos de Kolimá, retrata el descarnado y sobresaliente grado de dolor que supone optar por recordar u olvidar, las dos décadas de mano de obra presidiaria que penó en las minas de oro del Gran Norte, "Sabía que no permitiría a mi memoria olvidar nada de lo que había visto". A través de esta obra documentalista, "el hombre se convierte en una alimaña en tres semanas", pero dotada de una visión poética que no deja indiferente al lector, "Una tablilla en el pie es un signo de cultura". Esa era la realidad de los gulag, llamado por los condenados triturador de carne. Shalamov moriría en extrañas circunstancias el 15 de enero de 1982. Fue trasladado a un sanatorio mental. A los dos días certificarían su fallecimiento a causa de una neumonía.

 

El fiel Ruslán -Libros del asteroide, 2013, con traducción de Marta Rebón- es la confrontación entre la razón de ser del estado y la razón del ser humano. Aquélla, una maquinaria engrasada para proferir la herida mortal con que minar el espíritu. Ésta, la la desobediencia a las imposiciones y coacciones despiadadas y selectivas. La resistencia individual frente al furibundo ataque sectario revestido de patriotismo. El autor confiere a un perro guardián, Ruslán, el entronque de la historia, narrada en tercera persona, mediante su propio pensamiento. El proceso de adiestramiento y la personalización del mastín junto a su amo, el guardián del que es pareja de Servicio, nos advierte de la amenza que supone no poner en entredicho la obediencia ciega. La consideración en mayúscula -Servicio- viene dado por el propio texto y la categorización que el animal considera como el primer y mayor mandamiento. El Servicio. Los presos son calificados de "entero rebaño, hediondo, gimiente y enloquecido", valoración que coincide en los esencial con la que expresa Shalamov en el párrafo anterior. Sin embargo las tornas cambian y la racionalización de los principios regidores de su mundo se derrumban. La Unión Soviética, tras la muerte de Stalin y con el poder en manos de Nikita Jruschov, libera a millones de prisioneros. Los campos de trabajo son abandonados y sus amos, a quienes aman incondicionalmente, los abandonan, "El servicio acababa para él de una manera todavía peor a la que siempre había temido: lo llevaban fuera de la alambrada y lo despedían de un puntapié para siempre, condenándolo a mendigar..." Ruslán, desorientado por las circunstancias descritas, y al contrario que la mayoría de sus compañeros canes, se resiste. Es fiel al comportamiento que se espera de él. La profunda honestidad le lleva a pasar un vida de privaciones a conciencia. Su pretensión única consiste en no corromperse, en permanecer íntegro, "No obstante, conocía otro, el sentimiento del deber -ese que le habíamos inculcado nosotros en su conciencia sin saber siquiera en qué consistía- y fue ese deber lo que lo obligó a ponerse de pie". La intencionalidad del autor va encaminada a que el lector llegue a considerar al perro una persona. Es un personaje neutral que obedece a un código de conducta riguroso, con lo que cualquier objeción a su comportamiento es indiferente para él. Los ciudadanos leales a la filosofía y actuaciones del régimen totalitario, sólo pueden sentirse recompensados por el deber cumplido. La perversión de la lealtad se relata con tal excelencia que dificilmente el lector tendrá que desentrañar las claves internas que lo mueven. El propio Ruslán -perro o ciudadano comunista- lo experimenta frente a los otros perros, a los que se define como "bastardos tiñosos que él despreciaba con toda el alma y a los que él no consideraba como perros". Aunque reconoce en ellos su propio pensamiento en la acción, "pero, precisamente ahí radicaba la diferencia, para cualquier cosa necesitaban una orden, mientras que Tesoro, con su aspecto insignificante y su vocecita ronca, sabía muy bien lo que tenía que hacer".

 

Gueorgui Vladímov, sobrenombre con el que firmaba sus trabajos literarios y cuyo nombre real era Gueorgui Nikolaievich Volosevich, concibió la historia a raíz de un suceso en la celebración del 1 de mayo. Una manada de perros guardianes abandonados, confundió a los ciudadanos que participaban en el desfile con prisioneros, a los que no dudaron atacar. El primer avance sobre este hecho tuvo su manifestación en el cuento que titulo Los perros. Fue distribuido en la Unión Soviética como samizdat. Eran copias clandestinas de obras prohibidas por los paises del Bloque de Este. De esta manera lograban regatear la censura. El objetivo es que cada receptor ampliara el número de copias para llegar a más personas. Era una producción artesanal, ya que, incluso, existían ejemplares de copia manuscrita. Durante años Vladímov siguió trabajando este cuento hasta que en 1975 apareció en la revista Grani editada en Frankfurt por los emigrados rusos para, inmediatamente, aparecer en formato libro.

 

En 1983 fue obligado a abandonar el país y, posteriormente, se le hurtó la ciudadanía soviética. Fijó su residencia en la República Federal Alemana. Su actitud crítica no obviaba el cuerpo a cuerpo literario. En el año 1977 dirigió una carta a la Unión de Escritores Rusos en la que que rezuma el doloroso sentir del ostracismo editorial que estaba padeciendo y el flaco favor que ofrecía la institución. Esta misiva contiene el arrojo, la valentía y los principios éticos que le fueron característicos:"A pesar de que voy a continuar en este país, no deseo estar entre ustedes. Os excluyo de mi vida. No solo en mi nombre, sino en el de todos aquellos a quienes habéis excluido, aquienes habéis condenado oficialmente a la destrucción y el olvido, y quienes, pienso, no lo objetarían, aunque no me hayan autorizado a hablar por ellos (...) cargad con el fardo de la mediocridad, haced aquello que estáis preparados para hacer y pra la cual habéis sido escogidos: aplastar, perseguir, detener. Os vuelvo mi carnet número 1471".

 

Los lectores de El fiel Ruslán podrán disfrutar de una obra contemporánea cuyo estilo viene marcado por la claridad expositiva, la sencillez y precisión del lenguaje, y en la que encontrará la sobria percepción de la miseria y grandeza del ser humano, investidas en un perro, "Sí, todos los animales advierten la grandeza del hombre y entienden que esta se extiende muy lejos tanto en la dirección del Bien como en la dirección del Mal, pero saben también que un perro,incluso dispuesto a morir por un hombre no puede acompañarlo a todas partes, no puede alcanzar con él cualquier cima, ni cualquier umbral sino que, en cierto momento, tendrá que detenerse y rebelarse".

 

El fiel Ruslán, de Gueorgui Vladímov, obra de poderosa emoción y reflexión
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