Facua denuncia a TikTok por publicitar un GPS como herramienta para “cazar” a “mujeres infieles”

La organización alerta de que el dispositivo fomenta prácticas machistas y de acoso mientras la red social lo publicita sin control.
El logo de la red social TikTok en una pantalla de móvil. / RR. SS.
El logo de la red social TikTok en una pantalla de móvil. / RR. SS.

El escándalo estalla en pleno corazón de las redes sociales. Facua, la organización de defensa de los consumidores, ha denunciado a TikTok y a un vendedor que comercializa un pequeño GPS con grabadora, publicitado como un método para “cazar” a “mujeres infieles”. Lo que podría parecer un producto inocuo se ha convertido en el ejemplo más crudo de cómo la tecnología y la publicidad digital, sin regulación efectiva, pueden convertirse en armas contra la intimidad y la dignidad humana.

Lejos de ser un simple dispositivo de geolocalización para encontrar el coche en un aparcamiento abarrotado, la publicidad que circula en TikTok instruye a los usuarios sobre cómo ocultarlo en el vehículo de su pareja para espiar sus movimientos. El mensaje es tan claro como alarmante: “¿Sospechas que tu esposa te engaña? Déjalo en el coche y ella nunca lo encontrará”. Esta normalización del control y la sospecha se alimenta de los mismos algoritmos que deberían proteger a la comunidad de contenidos dañinos.

El portavoz de Facua, Rubén Sánchez, no se anda con rodeos y explica al diario El País que: “Más allá del machismo, están fomentando directamente prácticas de acoso y vigilancia”. La denuncia, presentada ante la Dirección General de Consumo del Ministerio de Derechos Sociales, apunta a que la promoción del GPS constituye un caso flagrante de publicidad ilícita, amparada en un vacío de control por parte de la plataforma.

El caso no se limita a una anécdota en la jungla digital. Lo que aquí se juega es un debate de fondo: ¿puede una red social global eludir su responsabilidad cuando la publicidad que difunde alienta delitos contra la intimidad? En sus normas de moderación, TikTok asegura que elimina contenidos que promuevan odio, violencia o desinformación. Pero en este episodio ha preferido mirar hacia otro lado, demostrando que la tolerancia a la viralidad está pesando más que el respeto a los derechos fundamentales.

Publicidad que atenta contra la dignidad

Facua recuerda que la Ley General de Publicidad declara ilícita toda campaña que atente contra la dignidad de las personas o vulnere derechos constitucionales, como los recogidos en los artículos 14, 18 y 20 de la Carta Magna. Promocionar un aparato para vigilar a una pareja no solo es ilegal, sino que además legitima la cultura del control y del castigo sobre las mujeres.

La delgada línea entre seguridad y acoso

El fabricante podría anunciar el GPS como un aliado práctico para localizar un coche o proteger a un menor, pero la estrategia de marketing ha elegido el camino más oscuro: venderlo como una herramienta de sospecha y persecución. Esta tergiversación no es inocente; apela al morbo, al miedo y al machismo, tres ingredientes que garantizan viralidad, aunque a costa de la dignidad ajena.

El papel de TikTok en este caso es clave. La plataforma no ha eliminado los vídeos pese a que algunos perfiles los publicitan como “comisiones pagadas”. En lugar de cortar de raíz un contenido que roza la apología del acoso, ha permitido que se difunda entre millones de usuarios, muchos de ellos adolescentes. Lo que está en juego no es solo un fallo puntual, sino la credibilidad de sus políticas de seguridad.

La denuncia contra TikTok se suma a otra presentada por Facua contra la tienda online Temu por comercializar productos similares. La diferencia es que, en este caso, la narrativa publicitaria ha sido mucho más agresiva, hasta el punto de alentar explícitamente a los usuarios a espiar a sus parejas. Este episodio debería servir de llamada de atención: cuando el mercado digital se convierte en un terreno sin ley, lo que se erosiona no es solo la confianza en una red social, sino el mismo concepto de derechos fundamentales en la era tecnológica. @mundiario

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