España despide la ola de calor: tormentas fuertes tras las llamas que castigaron la Península

La entrada de una vaguada atlántica provocará inestabilidad en la atmósfera, lo que se traducirá en tormentas localmente fuertes, acompañadas en algunos casos de granizo y rachas intensas de viento, según la Aemet.
Unas flores entre suelo seco por el calor. / Pixabay
Unas flores entre suelo seco por el calor. / Pixabay

Tras más de dos semanas de temperaturas extremas que rozaron y en algunos casos superaron los 44 grados centígrados, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha confirmado el fin de la ola de calor que mantuvo en vilo al país desde principios de agosto. Sin embargo, la tregua térmica no llega sola: el descenso de temperaturas vendrá acompañado de un cambio brusco en el tiempo con la irrupción de tormentas, chubascos y fenómenos eléctricos que ya han activado nuevos avisos en varias comunidades autónomas.

El episodio ha dejado una huella visible: incendios forestales de gran magnitud en diferentes comunidades autónomas, noches sofocantes que no dieron descanso y una presión sanitaria y social creciente. La ola de calor que ahora se despide se ha convertido en una de las más intensas de las últimas décadas, comparable solo a episodios como el de 2022. La diferencia es que, esta vez, los efectos se han visto amplificados por la sequía acumulada y el estrés hídrico en buena parte del territorio.

El alivio llega gracias a la entrada de una masa de aire atlántica más fresca que ya comienza a notarse en el oeste peninsular. Según Aemet, a partir del martes, el termómetro experimentará un descenso generalizado que devolverá al país a temperaturas más acordes con la época estival, con caídas de hasta 10 grados en ciudades del sur como Córdoba o Sevilla, y de hasta 15 grados en zonas del norte.

Pero el respiro térmico trae consigo un nuevo desafío. La entrada de una vaguada atlántica provocará inestabilidad en la atmósfera, lo que se traducirá en tormentas localmente fuertes, acompañadas en algunos casos de granizo y rachas intensas de viento. La Aemet ya ha activado avisos en Pirineos, Comunidad Valenciana, Cataluña y Baleares, donde se espera que los chubascos descarguen con mayor intensidad. En la provincia de Lleida, por ejemplo, se podrían superar los 30 litros por metro cuadrado en apenas unas horas.

La alternancia entre extremos climáticos —del calor sofocante a las lluvias torrenciales— pone de manifiesto la creciente vulnerabilidad de España ante los fenómenos meteorológicos extremos. El país se enfrenta a un doble desafío: gestionar los riesgos inmediatos que plantea el tiempo inestable y, a la vez, reforzar su capacidad de adaptación a un escenario climático cada vez más cambiante y extremo. La sucesión de olas de calor e inundaciones repentinas no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia que la ciencia climática viene advirtiendo desde hace años.

España entra así en una nueva fase climática marcada por la incertidumbre. Tras despedir una de las olas de calor más duras de los últimos años, el país se prepara ahora para afrontar el reto de las tormentas de verano, esas que, si bien traen agua tan necesaria, también recuerdan la necesidad urgente de planes de prevención, adaptación y resiliencia. Porque, como ha recordado la propia Aemet, este alivio podría ser solo temporal: a finales de la semana, el calor podría volver a apretar con fuerza. @mundiario

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