Incendios en Galicia y el noroeste: cuando la emergencia exige cooperación real y eficacia

La oleada de fuegos que asola Ourense, Zamora y León muestra la fragilidad del territorio y la necesidad de sumar esfuerzos entre comunidades, Estado y Unión Europea. Este lunes, usuarios de Lavacolla se sorprendieron al ver, a mediodía, tres hidroaviones en tierra.
Tres hidroaviones estacionados a mediodía de este lunes en Lavacolla. / Mundiario
Tres hidroaviones estacionados a mediodía de este lunes en Lavacolla. / Mundiario

La imagen de tres hidroaviones estacionados en Lavacolla mientras Galicia y el noroeste siguen ardiendo sorprendió este lunes a los usuarios del aeropuerto civil. No es que esas aeronaves no vayan a utilizarse, al contrario: son parte de un dispositivo que se amplía cada día ante la gravedad de una oleada de incendios que acumula ya más de 60.000 hectáreas arrasadas solo en Ourense. La magnitud de la catástrofe obliga a reflexionar, más allá de la urgencia inmediata, sobre la eficacia de la coordinación entre administraciones. Por supuesto, también sobre la utilidad de los hidroaviones.

El cierre prolongado de la línea de alta velocidad Madrid-Galicia, que suma cinco días de inactividad, simboliza el impacto económico y social de unos incendios que desbordan la etiqueta de “problema rural”. Las llamas afectan a infraestructuras, movilidad, turismo y, sobre todo, a la vida de miles de personas en las provincias de Ourense, Zamora, León y Extremadura. Es más, los datos apuntan al peor año de incendios en España en tres décadas tras un mes de agosto realmente brutal. De hecho, el sistema de vigilancia satelital Copernicus cifra en 350.000 hectáreas la superficie afectada por los incendios en el país este año.

Ante la emergencia, la cooperación internacional se ha convertido en un recurso indispensable. La Unión Europea respondió a la solicitud de España enviando dos hidroaviones Canadair desde Francia, sumándose a los medios ya desplegados por el Ministerio de Medio Ambiente. El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, agradeció la ayuda y subrayó que “todos os medios que poidan vir nestes momentos son necesarios”. Un mensaje de unidad que contrasta con la tentación política de convertir cada incendio en un campo de batalla partidista.

El propio líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, había reclamado desde Ourense que el Gobierno pidiera medios a Europa. El Ejecutivo de Pedro Sánchez lo hizo días después, y la Comisión Europea activó el Mecanismo de Protección Civil, que este verano ya ha intervenido dieciséis veces en incendios, igualando las solicitudes de todo el año pasado. España no está sola: Grecia, Bulgaria o Portugal enfrentan dramas similares y reciben también apoyo europeo. El fuego, cada vez más ligado al cambio climático, es ya una cuestión continental.

Falta una estrategia a largo plazo

Pero la solidaridad, siendo necesaria, no basta. La reiteración de estas escenas año tras año debería impulsar una estrategia a largo plazo que combine prevención, gestión forestal sostenible y recuperación del territorio. La falta de actividad agrícola y ganadera en muchas zonas rurales convierte a los montes en un polvorín, y la dispersión competencial ralentiza la respuesta. El riesgo es que la rutina del desastre acabe anestesiando a la sociedad.

La base de hidroaviones en Lavacolla es un ejemplo de infraestructura útil y estratégica, capaz de dar respuesta. Sin embargo, ni siquiera la mejor flota aérea puede sustituir al trabajo previo de limpieza de montes, ordenación forestal y educación social. Invertir solo en apagar, sin apostar en serio por prevenir, es resignarse a repetir la misma historia cada verano.

Los incendios no distinguen entre siglas ni fronteras. Arrasan sin preguntar y ponen a prueba la capacidad colectiva de respuesta. La cooperación entre Xunta, Gobierno central y Unión Europea es un paso imprescindible, pero lo verdaderamente decisivo será si, pasada la emergencia, todos esos actores son capaces de pensar más allá del humo y planificar un futuro donde Galicia y el noroeste no vuelvan a arder con la misma facilidad. @mundiario

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