Desperdicio de alimentos en España: ¿una realidad que se puede evitar?
En España, los cubos de basura no pasan hambre, pero sí revelan una preocupante realidad: se desperdician más de tres millones de toneladas de alimentos al año, según revela un reciente informe del departamento de medio ambiente de la ONU (PNUMA). Este dato alarmante, que equivale a una media de 72 kilogramos por persona, ha impulsado al Gobierno a tomar medidas.
Desde la pasada legislatura, el Ejecutivo tiene pendiente la aprobación de la ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario. Pero, como ocurrió con un buen número de normas, su tramitación quedó truncada por el último adelanto electoral.
El proyecto de ley, retomado por el Consejo de Ministros en enero y actualmente en trámite parlamentario, busca priorizar el uso de excedentes alimentarios para consumo humano, animal, o para la obtención de compost y biocombustibles.
Según el Informe sobre el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 de la ONU, el desperdicio alimentario no solo impacta directamente en las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también tiene consecuencias devastadoras para los ecosistemas naturales. A nivel global, se estima que más de mil millones de toneladas de alimentos se desperdician anualmente, siendo una quinta parte de lo producido.
El agujero negro
En el caso español, si bien se sitúa entre los países que menos desperdician en la Unión Europea, el principal agujero negro se encuentra en los hogares, responsables del 84% del desperdicio alimentario. La falta de planificación y la influencia de las ofertas comerciales son citadas como razones principales por las cuales la comida termina en la basura.
La futura ley española contempla medidas como la colaboración obligatoria de establecimientos con bancos de alimentos u ONG, la facilitación de llevar comida sobrante en bares y restaurantes sin coste adicional, y el fomento de la venta de productos imperfectos. Sin embargo, algunos activistas consideran que la ley es poco ambiciosa y demandan una mayor prevención del desperdicio.
A nivel global, el despilfarro de alimentos es un problema urgente, especialmente en un mundo donde 783 millones de personas pasan hambre. Naciones Unidas ha establecido la reducción del desperdicio alimentario como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, reconociendo la necesidad de abordar este desafío en todas las escalas sociales y económicas. @mundiario



