¿Deberían preocuparnos más los extraterrestres que están aquí, al lado de casa?

El ser humano, desde siempre, ha puesto la vista más allá, incitado por la curiosidad y la ambición de ampliar sus horizontes. Pero solo algunos han sido tocados por la varita de la fortuna.

La NASA presentó en sociedad a su nueva camada de futuros astronautas.

Esta semana la NASA presentó en sociedad a su nueva camada de futuros astronautas. De entre 6.100 solicitudes presentadas, únicamente fueron seleccionados cuatro hombres y cuatro mujeres que comenzarán a entrenarse sin descanso para salir disparados en un cohete en busca de otros mundos. El ser humano, desde siempre, ha puesto la vista más allá, incitado por la curiosidad y la ambición de ampliar sus horizontes. Cuando el globo terráqueo fue, por fin, convenientemente explorado, dividido en sus correspondientes paralelos y meridianos, segmentado en latitudes y longitudes y enmarcado en todo tipo de mapas, le tocó el turno entonces al espacio sideral. Todo un universo de posibilidades para sofocar la necesidad de volver tangible lo intangible, de abarcar lo inabarcable, de medir lo inconmesurable. Ese apremio por conocer otras civilizaciones, otras formas de vida, han alimentado generaciones de cosmonautas. Pero solo algunos han sido tocados por la varita de la fortuna, como es el caso de estas ocho personas que sonríen en la foto igual que si les hubieran premiado con el gordo de la lotería. Dan la sensación de estar tan contenidos dentro de sus trajes que podrían estallar de felicidad en cualquier momento y desparramarla por todas partes. 

Sin embargo, esta semana, también se han dejado ver, aquí en la Tierra, los “mashco piro”. Una tribu indígena del sur del Perú de la que apenas se conoce su cultura. Tan solo se sabe que son nómadas, que hablan su propia lengua, el yine, y que pidieron una soga, además de un plátano, al agente forestal que los descubrió casi por casualidad. Por lo visto, salieron de su espacio en la reserva acuciados por la fiebre de la tala y demás actividades ilícitas de individuos insaciables. Alguien los fotografió como si fueran extraterrestres en nuestro propio planeta y los filmó para dejar constancia de su chocante existencia. Fue, lo que se dice, un encuentro furtivo entre dos galaxias opuestas cargado de perplejidad por ambas partes. Ocurrió aquí, al lado de casa. Y es que ya lo dijo, Paul Éluard: “Hay otros mundos pero están en este”. 

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