Un avión de la Marina de México, que transportaba un niño con quemaduras graves, se desploma en Texas

El siniestro de una aeronave naval mexicana en la bahía de Galveston, cuando trasladaba a un menor con quemaduras graves para recibir atención médica especializada, deja un balance provisional de cinco fallecidos.

Accidente del avión de la Marina de México en Galveston, Texas, EE UU. / RR.SS
Accidente del avión de la Marina de México en Galveston, Texas, EE UU. / RR.SS

La caída de un avión de la Marina de México en aguas cercanas a Galveston, Texas, ha convertido una operación de auxilio médico en una tragedia de alcance internacional. La aeronave, que participaba en una misión humanitaria para trasladar a un menor con quemaduras graves al hospital Shriners Children’s, se estrelló cuando se aproximaba a su destino, dejando al menos cinco personas fallecidas, dos con vida y una aún desaparecida.

Según confirmó la Secretaría de Marina mexicana, en el aparato viajaban ocho personas: cuatro miembros de la tripulación y cuatro civiles, entre ellos el niño que debía recibir atención especializada. La autoridad mexicana ha subrayado que el vuelo tenía un carácter estrictamente humanitario, orientado al traslado médico, y ha evitado facilitar identidades hasta que concluyan los protocolos oficiales.

El siniestro ocurrió en la bahía de Galveston, cerca del acceso elevado que conecta la isla con el continente, una zona transitada y próxima a un popular enclave turístico. Equipos de emergencia estadounidenses acudieron de inmediato, apoyados por buzos, drones y unidades especializadas del condado. A la operación de búsqueda se han sumado la Guardia Costera de EE UU y autoridades mexicanas, que continúan rastreando la zona en busca de la persona desaparecida.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó que la aeronave perdió comunicación con la torre de control aproximadamente 10 minutos antes del accidente. Según explicó, se pensó inicialmente que el avión había aterrizado con normalidad, hasta que se tuvo constancia del impacto. “Hasta que no se analice la caja negra no se puede saber cuál fue la causa del desplome”, advirtió, al tiempo que expresó condolencias a las familias de las víctimas, entre las que se encuentran marinos mexicanos y el menor trasladado.

Una misión que salvaba vidas

Aunque las causas no han sido determinadas, las condiciones meteorológicas figuran entre los factores que se analizan. El Servicio Meteorológico Nacional de EE UU informó de la presencia de un banco de niebla densa en la zona, con visibilidad reducida a unos 800 metros en el momento del accidente. La aeronave intentaba aterrizar cerca del Aeropuerto Internacional Scholes cuando se produjo el siniestro.

Uno de los primeros en llegar al lugar fue un capitán de yate, Sky Decker, que residía en las inmediaciones. Su testimonio ilustra la crudeza del rescate: una mujer gravemente herida atrapada entre restos del avión, con apenas espacio para respirar, y el cuerpo sin vida de otro pasajero. El relato, confirmado por las autoridades, da cuenta de la magnitud del impacto y de la rápida actuación de civiles y equipos de emergencia.

El vuelo se realizaba en coordinación con la Fundación Michou y Mau, una organización mexicana que desde hace más de dos décadas facilita el traslado de niños con quemaduras graves a centros hospitalarios especializados en ee uu La fundación expresó su “profunda solidaridad” con las familias afectadas y reafirmó su compromiso con una atención “humana, sensible y digna” para los menores que atiende.

Cooperación internacional y responsabilidades pendientes

La investigación del accidente está en manos de la Administración Federal de Aviación (FAA) y de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) de EE UU, en coordinación con la Marina mexicana y la Secretaría de Relaciones Exteriores. El seguimiento político y operativo lo encabeza el secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles.

Más allá del balance humano, la tragedia siembra dudas sobre los protocolos de seguridad, las condiciones de vuelo en situaciones meteorológicas adversas y la coordinación en misiones internacionales de carácter médico. Resolverlos con transparencia será clave no solo para depurar responsabilidades, sino también para garantizar que operaciones similares puedan seguir realizándose con el menor riesgo posible.

Mientras continúan las labores de búsqueda y se esperan los resultados de la investigación, el accidente de Galveston deja un recuerdo amargo: las misiones concebidas para salvar vidas se enfrentan a riesgos extremos. @mundiario

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