Amplias movilizaciones sociales e intensos debates en Bolivia sobre el aborto

Si el Estado boliviano no quiere despenalizar el aborto, es recomendable que dé facilidades a las mujeres con hijos creando guarderías para que puedan trabajar y mantener a sus hijos.

Morales, junto al vicepresidente García Linera, en el 18 aniversario del Movimiento Al Socialismo en Santa Cruz / Foto: José Lirauze.
Morales, junto al vicepresidente García Linera, en el 18 aniversario del Movimiento Al Socialismo en Santa Cruz / Foto: José Lirauze.

No es pertinente criticar, juzgar, ni castigar a las mujeres que decidieron o se vieron obligadas abortar. Muchas lo hicieron por situaciones extremas como por la falta de recursos económicos, por preservar su imagen ante la sociedad, porque fueron presionadas por sus parejas o sus padres, por inmadurez, ignorancia, desesperación, irresponsabilidad, falta de apego a vida y un sin fin de motivos.

Nadie está libre de quedar embarazada, más aún en estos tiempos en que muchachitas de trece años ya tienen pareja. El aborto es un tema de orden humano. No es político ni religioso, aunque grupos e instituciones suelen utilizarlo como plataforma.

El controvertido tema recobró actualidad por una multitudinaria “Marcha por la vida” que se realizó en varias ciudades de Bolivia como nunca antes. Sólo en La Paz, participaron más de diez mil personas, en su mayoría jóvenes.

Grupos -principalmente de feministas- abogan por la despenalización del aborto, que el Estado boliviano niega. Según ellas, tienen derecho a decidir por sus cuerpos. Nada más equivocado y peligroso, porque en el momento de la concepción nace una nueva vida que se va desarrollando y creciendo en el vientre materno, con células maternas y paternas. Es más, en países como Bolivia, donde el aborto es ilegal, las mujeres suelen ir a seudo clínicas sucias y clandestinas para que les realicen esa práctica con el riesgo de nunca más quedar embarazadas.

No hay nada más importante que el derecho a la vida. Y resulta terrible que la madre y por general su pareja decidan tomar el camino de quitar una vida, más aún si es parte de ellos. La llegada al mundo de un bebé es un hecho trascendental.

La Universidad de Notre Dame descubrió en los años ochenta un común denominador en algunas mujeres: una depresión profunda. Luego de entrevistarlas y realizar investigaciones, llegaron a la conclusión de que su tristeza era porque habían abortado y no se podían recuperar. Allí nació el término Síndrome post–aborto que resulta ser un drama que sufre la mujer en carne propia tras el aborto que se resume en llevar en silencio un cargo de conciencia y arrepentimiento acompañado por soledad, sentimiento de vacío, baja autoestima que se traducen en no encontrarse a sí mismas y en un auto aislamiento social.

Abortar es una decisión muy seria con repercusiones, muchas veces irreversibles donde la primera víctima es el bebé en gestación y la segunda la madre. A la corta o a la larga el duelo por practicar el aborto suele ser más doloroso que tener o entregar al bebé. Y las mujeres suelen llevar consigo ese dolor de por vida. Por aquello -según las estadísticas- el 70% de las mujeres, no volvería abortar.

Desafortunadamente el embarazo en madres solteras es condenado por la sociedad. Grave error porque aumenta su sentimiento de culpabilidad. Es importante educar a la sociedad para que no las juzgue sino que las apoye porque ya llevan un calvario encima. Por tanto, es fundamental que las mujeres sean asistidas y apoyadas por psicólogos, talleres, encuentros, grupos de terapia que ofrecen diferentes instituciones por la vida para encontrar el auto perdón y rehacer sus vidas.

Si el Estado boliviano no quiere despenalizar el aborto, es recomendable que dé facilidades a las mujeres con hijos creando guarderías para que la madre pueda trabajar y mantener a su hijo, o instituir mecanismos de fácil adopción, ya que existen miles de parejas que no pueden tener hijos y están dispuestos a adoptar.

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