Pantallas y salud mental infantil: ¿causas o consecuencias de los problemas emocionales?

Un estudio muestra las dificultades para evaluar si el uso de pantallas provoca problemas o si estas se convierten en un refugio cuando las cosas van mal.
Niños juegan en dispositivos móviles. / Freepik
Niños juegan en dispositivos móviles. / Freepik

El debate sobre el impacto de las pantallas en la salud mental de los niños pequeños se intensifica tras la publicación de un estudio en la revista Jama Pediatrics. El trabajo, que se basa en encuestas realizadas a 315 padres entre 2020 y 2022, sugiere que el uso temprano de tabletas podría estar vinculado a un aumento en la frustración y las rabietas entre los más pequeños. Según el estudio, los niños que comienzan a utilizar dispositivos móviles a los tres años y medio tienden a mostrar más rabietas un año después, y este patrón se repite a medida que crecen.

Este hallazgo parece respaldar las preocupaciones expresadas en el libro La generación ansiosa del psicólogo Jonathan Haidt, que sostiene que las redes sociales y los dispositivos móviles son responsables de una epidemia de enfermedades mentales entre los jóvenes. No obstante, el estudio también revela la complejidad de esta cuestión, sugiriendo que el uso de pantallas podría ser tanto un factor que contribuye a los problemas emocionales como un refugio en tiempos de dificultad.

En Estados Unidos, el tiempo que los niños de cuatro años pasan frente a las pantallas ha aumentado significativamente, pasando de cinco minutos diarios en 2020 a 55 minutos en 2022. La etapa preescolar, crucial para el desarrollo de habilidades emocionales, se ve afectada por la reducción en la interacción directa con padres y compañeros, la cual es esencial para el aprendizaje de la regulación emocional.

Factores determinantes

El estudio destaca que el contexto y el contenido del tiempo de pantalla también son factores determinantes. Aunque se ha observado que el uso de pantallas para ver contenidos educativos bajo la supervisión de un adulto puede tener efectos positivos, el estudio no profundiza en el tipo de contenido consumido. Esto pone en relieve la necesidad de considerar no solo el tiempo de exposición a las pantallas, sino también el valor educativo y social de los contenidos visualizados.

Por otro lado, el investigador Stanislas Dehaene sugiere que el verdadero problema podría no ser la tecnología en sí, sino la forma en que afecta la interacción entre padres e hijos. El uso excesivo de dispositivos móviles por parte de los adultos puede limitar el tiempo que dedican a enseñar a sus hijos a gestionar sus emociones, exacerbando así los problemas emocionales.

El periodo de estudio, que incluye la pandemia de coronavirus, también podría haber influido en los resultados, dado el aumento generalizado del estrés y las dificultades para mantener rutinas estables. La conclusión es que el impacto de las pantallas en la salud mental infantil es multifacético y que tanto el contenido como el contexto deben ser cuidadosamente evaluados para entender plenamente su efecto en el desarrollo emocional de los niños. @mundiario

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