La canela bajo sospecha: ¿delicia aromática o amenaza invisible?
La canela, esa especia que evoca infancia, dulces navideños y café con leche, acaba de recibir un varapalo inesperado. Según un estudio del Centro Común de Investigación (JRC), dos tercios de las 104 muestras examinadas en trece países europeos no cumplían con los estándares internacionales de calidad. Algunas incumplían la legislación alimentaria, otras levantaban sospechas de fraude y varias contenían niveles de plomo o de cumarina —un compuesto potencialmente tóxico para el hígado— por encima de lo recomendable. La noticia estremece, sobre todo porque hablamos de una de las especias más consumidas en Europa. Pero también conviene preguntarse: ¿qué nos dice realmente este estudio y qué tanto deberíamos preocuparnos?
El hallazgo tiene todos los ingredientes para sembrar alarma. Ni más ni menos que un 66% de la canela estudiada presenta irregularidades. Y entre los riesgos, algunos no son menores: la cumarina puede resultar peligrosa, especialmente para los niños, y casi el 10% de las muestras superaba los límites legales de plomo. ¿Acaso estamos sazonando nuestros postres con veneno? La respuesta es más compleja.
El primer matiz necesario es el tamaño del estudio. Hablamos de apenas 104 muestras repartidas entre 13 países, es decir, un promedio de ocho por país. Una cifra minúscula si recordamos que solo en 2023 la Unión Europea importó más de 13.000 toneladas de canela. Por tanto, el informe aporta pistas valiosas, pero no una radiografía definitiva del mercado europeo.
La otra cara de la moneda es el fraude. Un 9% de las muestras etiquetadas como “canela de Ceylán” resultaron ser, en realidad, canela cassia. No es un detalle menor: la cassia es más barata, de sabor más fuerte y contiene mucha más cumarina. El consumidor paga más por un producto que no recibe y, además, se expone sin saberlo a un compuesto que podría dañar su hígado. Y aquí surge una paradoja inquietante: en muchos casos, ni siquiera leyendo la etiqueta podemos saber qué tipo de canela hemos comprado.
Cumarina: la amenaza silenciosa
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estableció en 2004 que la ingesta diaria tolerable de cumarina es de 0,1 mg por kilo de peso. Esto significa que un adulto de 60 kilos puede ingerir hasta 6 mg diarios sin riesgo. Sin embargo, algunas muestras de cassia analizadas por el JRC contenían tal concentración que una simple cucharadita superaría esa cifra incluso en adultos de 80 kilos. En el caso de los niños, la preocupación es mayor: un octavo de cucharadita podría ser suficiente para sobrepasar los límites seguros.
El dilema regulatorio
La legislación europea establece límites para la cumarina en productos elaborados como postres o bollería, pero no regula su presencia natural en la canela en bruto. De acuerdo con El País, ese vacío legal deja la puerta abierta a riesgos y hace urgente un debate político. Si el consumo de canela sigue creciendo, como apuntan las previsiones, ignorar este aspecto sería poco menos que irresponsable.
Ahora bien, más allá de los riesgos sanitarios, el estudio vuelve a poner sobre la mesa la cuestión de la confianza. La canela se suma a la larga lista de especias y productos de alto valor donde el fraude es tentador y difícil de detectar. Que el consumidor no pueda diferenciar a simple vista entre cassia y Ceylán es un problema que, en última instancia, erosiona la credibilidad de todo el sector alimentario.
El estudio del JRC es más un aviso que una sentencia. No se puede afirmar que toda la canela esté contaminada o adulterada, pero sí que existen riesgos y que la vigilancia debe intensificarse. La Comisión Europea tiene ahora la responsabilidad de decidir si regula la cumarina en la canela y de reforzar los controles para evitar fraudes. Porque lo que está en juego no es solo el sabor de un postre: es la confianza de millones de consumidores europeos que merecen saber qué están poniendo en su mesa. @mundiario

