Tiene guasa y tronío el nombrecito de Manos Limpias tratándose de lo que tratan
¿Quién o quiénes son los culpables de que tales tropelías puedan llegar a puerto? ¿Sólo los mugrientos Manos Limpias o también aquellos que aceptan a trámite tales desafueros? ¿Qué clase de mofa es esta de “si me aflojas el parné retiro el doloso chivatazo?
Me resulta descorazonador el no poder prescindir todos los días de todos los diarios, escritos o hablados, que no hacen otra cosa que inflamar mi enojo e inundar de deyecciones mis ya mermadas entendederas, más allá de lo que me permite la decencia y cortesía, con supuestas primicias informativas cuyo único propósito –presumo- no es otro que el de ahondar y hacer más punzante una herida, más o menos generalizada, ya crónica y hasta aceptada, de tanta y tanta machaconería insolente con la que nos trituran. Cuando no el de hacer supremacía (y caja, por supuesto) respecto a los medios informativos de la competencia. Cuando no ambas cosas a la vez, en amor, compaña y escarnecimiento.
Uno piensa que se disfruta más sin conocerlas. Pasando un rato largo de ellas y gozando en lo posible de lo que el día haya tenido a bien brindar. Además que ando algo hartito de bambalinas y, de vez en cuando, algo guerrero apetece. Pero, lejos del tan codiciado deleite desinformativo, me entra -al cabo de muy pocos días - una especie de prurito gulusmero- metomentodista que me incita – como el que no quiere la cosa- a apretar el botón del mando o a ponerme las gafas de cerca para ver o leer – de pasada, me digo yo…si seré embustero– los titulares noticieros y las novedades irrefutables que han sucedido durante mis días de asueto y de retirada voluntaria de esas informaciones, siempre perversas y partidistas.
Los clientes de barra en mi bareto tempranero habitual (que son los que realmente cuecen las habichuelas), deben quedarse ojipláticos (ahora está en boga esa palabreja, por lo visto; ¡vaya por Dios!) al ver mis gestos faciales y oculares mientras hojeo La Razón de reojo (no sé el por qué, pero en todos los baretos de mi pueblo sólo están desperdigados por la barra La Razón y el Marca; no sé por qué). Si es que me miran, que va a ser que no. Que cada uno es cada cual y va a su puta bola. Y lo que pase alrededor de su café –solo o ‘cortao’- o carajillo de Terry, como que les suda la entrepierna. Y con razón.
Gabilondo, por ejemplo, y su voz en El País de lunes a jueves me resulta un deber inexcusable
Tras el vistazo de primeras páginas y el consiguiente ojiplaticismo conceptual de mi parte, voy a la última y suelo leer a Ussía. Unas veces me encantan sus escritos. Otras no tanto. Otras, nada en absoluto. Pero lo leo. Me parece un buen escritor, versado, culto y, a veces, acertado de acuerdo a mis criterios. Claro que también leo –y sin intención de cotejo alguno- a Marías, a Almudena y algunos más. Gabilondo, por ejemplo, y su voz en El País de lunes a jueves me resulta un deber inexcusable. Y cómo no, a mis compañeros de blog: unos son unos benditos de Dios y otros más tendentes al descalabro general y la hecatombe patria so pena que no hagamos caso a sus opiniones y acertadísimas conclusiones analíticas.
O sea, de todo; como dicen que ha de haber en la viña de no sé qué señor y en toda botica que se precie. Todo eso sin contar los seis o siete artículos de mi oficio que me zampo antes de mi salida callejera para estar al día (¿para estar al día? la madre que los trajo); que ya estoy por no leerlos más: ¡Muchacho! Que en el mismo día y en distintos Journals (porque son en inglés) tratan el mismo tema con resultados totalmente antagónicos, en dependencia de sus intereses crematísticos respecto al tema en cuestión (¡Ah! por fin a mi querida “Aspirina” vuelven a hacerle la justicia que nunca debió perder). De lo que puedo llegar a deducir que igual es que leo mucho. Y mal.
Hablando de la Justicia, quizá la noticia que más me ha impactado en estos días y que todavía colea –dejará de hacerlo cuando se haya hecho demodé y no venda, eso seguro- ha sido la de los desmanes de unos tales Manos Limpias. Que tiene guasa y tronío el nombrecito, tratándose de lo que tratan. Me ha impactado más que el istmo de Panamá y sus sucursales (eso me lo podía oler, ya ve usted).
Por lo que estoy entendiendo -que igual me equivoco- son una caterva de jetas que, habiendo avistado unos dividendos colosales a costa de las corruptelas de muchos, se les ha ocurrido la grandiosa idea de querellarse, demandar, denunciar, o todo junto y revuelto, a unos otros no menos jetas con el sublime fin de ganar unas “perrillas” diciéndoles algo así como: "Os pongo una querella criminal-penal-penitenciaria (o como minga se diga, que viene a ser lo mismo) por lo que habéis hecho. Pero si sois buenos y obedientes y me soltáis este pastizal que tan amablemente os propongo, retiro la querella; y Paz entre nosotros y Gloria después para todos. ¿Vale? ¿Qué os parece? Así, todos salimos ganando y quien pierda que se vaya jodiendo y baile algo, que bailar es muy bueno para el corazón". Algo muy similar entiendo yo. Una desfachatez insultante me parece a mí. Claro que sí. Obvio. Es entonces cuando me asaltan inmisericordemente las dudas (y es que no tengo remedio…venga a dudar, venga a dudar; que parezco un cartesiano inveterado).
¿Acaso esto es como el “Alirondo, alirondo, alirondo… que el sombrero me lo quito y me lo pongo” según mis conveniencias...?
¡Veamos! ¿Quién o quiénes son los culpables de que tales tropelías puedan llegar a puerto? ¿Sólo los mugrientos Manos Limpias o también aquellos que aceptan a trámite tales desafueros? ¿Qué clase de mofa es esta de “si me aflojas el parné retiro el doloso chivatazo? ¿Acaso esto es como el “Alirondo, alirondo, alirondo…que el sombrero me lo quito y me lo pongo” según mis conveniencias y con el bendecido contubernio del Tercer Poder hasta ahora escondido por parte del Cuarto? Pues, de ser así, apañados vamos; mucho más apañados de lo que ya estamos… ¡dónde va a parar! Flaco favor –cuando no verdadero daño – se ha hecho con los abnegados y probos profesionales de la abogacía. Que debe haberlos, digo yo.
Pero, no me digan que muchos de ustedes, mis estimados lectores, no tienen algo de yuyu con ellos por aquello del “por si acaso me toca a mí un malandrín (este calificativo va por ti, Fernando Breijo) de esos”. Porque de nada nos va a servir luego decirnos el “¡Quién se lo iba a figurar! ¡Vaaaamos y vamos y vamos a volver!”.
Tengo entendido que ya están en el talego los dirigentes del infame Manos Limpias. Todo me apunta que, en menos que tardemos en olvidar sus putrefactas hazañas, ya estarán en la calle, vestiditos de domingo, en misa de doce en sede catedralicia comulgando y…de Punta en Blanco. Por aquello de las apariencias, que siempre suelen engañar.