¿Tiene la derecha derecho a gobernar?

Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy.

El PP gobernará, si es que gobierna, porque así ha surgido de un mandado electoral de los votantes, no porque el Partido Socialista le regale una instancia en la Moncloa en deferencia a Rajoy.

¿Tiene la derecha derecho a gobernar?

Cuando la política solamente se analiza desde la óptica del poder en su máxima expresión de eficiencia, es evidente que se llega a pervertir cualquier lógica democrática. En España tenemos, ahora mismo, un conflicto acerca de qué es la democracia, en qué debe sustentarse el poder y qué función juegan las elecciones. O, dicho de otro modo, ¿tiene la derecha derecho a gobernar? De un tiempo a estar parte se ha establecido que solo lo tiene si alcanza la mayoría absoluta, en un giro pragmático impuesto, principalmente, por un PSOE que desde hace unas legislaturas se ve incapaz de ganar unas elecciones al PP en la mayor parte de nuestro territorio nacional. 

A la hora de analizar los pactos y los gobiernos de coalición, es preciso entender que no es lo mismo la lógica política aplicable a un municipio o incluso a un parlamento regional, que las dinámicas institucionales que rigen el marco nacional. Un gobierno estatal tiene herramientas para reaccionar ante bloqueos que impidan la gobernabilidad de un país, adelantando elecciones que casi siempre favorecen al partido del gobierno si la oposición que bloquea es incapaz de ofrecer un relato convincente a la hora de plasmar un proyecto alternativo. Realmente, ¿tienen PSOE, Podemos y Ciudadanos, un proyecto alternativo (aunque sea de mínimos) que presentar frente al del PP? Porque no es lo mismo sumar escaños que sumar políticas que propongan una dirección mínimamente coherente en la tarea ejecutiva y legislativa del gobierno de coalición. 

Nos encontramos, por lo tanto, ante un problema que ha sido creado, no sé si consciente o inconscientemente, por los dirigentes de la izquierda que en estos últimos 4 años han convencido a gran parte de la ciudadanía de que el PP no tiene legitimidad para seguir gobernando. Y ha pasado lo peor que podría pasar en este juego tan arriesgado de mensajes exclusivos y excluyentes: que las urnas le han dado dos victorias seguidas al PP, sobre todo en este último 26J, con 52 diputados más que el segundo y con mayoría más que absoluta en el Senado. Ante esta situación nos encontramos a los propios votantes socialistas que no comprenden cómo es posible que la derecha siga ganando las elecciones pero exigen de manera pasional que el Partido Socialista no contribuya, ni con su abstención, a la gobernabilidad de España según el mandato de las urnas. 

Es habitual, en este sentido, leer en las redes sociales y escuchar dentro del PSOE la preferencia de sus militantes más activos de ir a unas terceras elecciones antes que abstenerse como última opción para que pueda haber gobierno del PP. Y lo hacen, además, con una contundencia que impide todo debate, llegando incluso a la irracionalidad de no comprender que hay principios de la democracia que deben respetarse para el correcto funcionamiento de la misma. La democracia no es una partida de dados donde uno puede repetir tirada hasta que salgan los números que se desea. Como es lógico todo esto se agrava cuando existe una cúpula en Ferraz que está dispuesta a aferrarse a cualquier truco o atajo con tal de seguir alargando su supervivencia política personal, aunque eso signifique a medio y largo plazo un daño al propio partido e incluso al propio país. 

Cuando Pedro Sánchez asegura, sin inmutarse, que el 26J supuso el comienzo del declive de Podemos y el fortalecimiento del PSOE, al tiempo que en tuiter y facebook se difunde una encuesta de dudosa fiabilidad donde sitúa al socialismo a 3 puntos del PP y hunde al partido de Pablo Iglesias, se está dejando esa puerta abierta a las terceras elecciones que nadie quiere, que niegan enérgicamente, pero que se producirán si se dan dos negativas aseguradas por las élites socialistas: no al PP, y no a un gobierno con Podemos. 

Hablemos claro: el PP es un partido objetivamente inhabilitado por su corrupción sistémica y por el nefasto balance de gobierno de esta última legislatura. Pero, objetivamente, los españoles han votado que siga gobernando pero sin mayoría absoluta. Que el PP haya impuesto políticas de derechas, por otra parte, es algo legítimo y natural a su misión política. Es totalmente falso e interesado ese mensaje de que el PSOE “va a dejar gobernar al PP”. El PP, gobernará, si es que gobierna, porque así ha surgido de un mandado electoral de los votantes, no porque el Partido Socialista le regale una instancia en la Moncloa en deferencia a Rajoy. El socialismo ha convencido a muchos votantes de que todo es legítimo menos un gobierno del PP, y este discurso tan radical en el peor de los términos le acabará causando un serio problema a la izquierda y, como casi siempre, un regalo de oxígeno a la derecha. 

Lo que no se puede aplaudir es proponer un “no” a Rajoy, asegurar que el PSOE se quedará en la oposición y que bajo ningún concepto se le facilitará una abstención al PP como último recurso para evitar terceras elecciones. Algo falla en esta ecuación y alguien está jugando con la estabilidad de la democracia. 

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