Terminado el filón del ladrillo, los especuladores buscan dinero rápido en el negocio del hambre
Existe una crisis silenciosa culpable del aumento del hambre y que
además tiene un valor negativo para la agricultura. Es uno de los más
desconocidos enemigos de la humanidad: la especulación alimentaria.
En todo el mundo, y en particular en los países pobres están
aumentando de modo exponencial los precios de los alimentos.
Consecuencia: mil millones de personas padecen hambre. En tan solo
unos pocos años, el mercado mundial de alimentos, que era estable y
presentaba precios bajos, se ha convertido en un mercado turbulento.
Unos pocos miles de especuladores internacionales, sin ninguna clase
de ética se enriquecen a costa de la mayoría de la gente, provocando
tremendos daños. El incremento especulativo de los precios de los
productos alimentarios básicos no es ejercido por alguien anónimo.
Hay instituciones concretas: bancos, fondos de pensiones e inversión,
que actúan en los diversos mercados de valores y en el comercio. Una
vez terminado el filón del ladrillo, los especuladores buscan en el
negocio del hambre una nueva manera de ganar dinero rápido.
El informe de la FAO que aconseja comer insectos para combatir el
hambre, independientemente de las virtudes nutritivas en proteínas,
materias grasas y minerales y, a pesar de que en otras latitudes está
plenamente extendida, no es solución.
Hay que devolver a los pueblos la soberanía alimentaria: la capacidad
de decidir sobre qué y cómo se produce, distribuye y consume.
Termino con una reflexión de Cicerón: "La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre".