Sánchez se vuelca en la campaña de Extremadura para revertir un posible descalabro del PSOE
El presidente del Gobierno ha irrumpido con fuerza en el arranque de la campaña extremeña para aupar a su candidato Gallardo e intentar frenar una derrota que los socialistas dan por casi inevitable.
El PSOE afronta las elecciones del 21 de diciembre en Extremadura con una estrategia más pragmática que ambiciosa: evitar un desplome. La comunidad, tradicional bastión socialista, fue uno de los territorios donde peor calaron las cesiones del Gobierno al independentismo y las protestas por la amnistía. La dirección del partido confía, sin embargo, en que esta vez la presencia de Pedro Sánchez sume y no reste, como ocurrió en las autonómicas de 2023.
Por eso, el presidente ha decidido asumir un rol protagonista desde el primer día. Su puesta en escena en el Palacio de Congresos de Plasencia —con 800 asistentes, mayoría de votantes veteranos y un ambiente festivo— funcionó como demostración de fuerza simbólica y como mensaje interno: la campaña no girará en torno al candidato, sino a la marca PSOE y a la movilización de su electorado tradicional.
En esta ocasión, Ferraz ha optado por abandonar el mensaje del miedo a un gobierno PP-Vox, tan habitual en los comicios previos, para centrarse en la defensa de los servicios públicos como seña de identidad socialista. Sanidad, educación y dependencia aparecen como el eje discursivo destinado a conectar con una Extremadura envejecida, con altos índices de vulnerabilidad y donde las políticas sociales siguen siendo un factor de identificación emocional.
Sánchez aprovechó su intervención para cargar contra la gestión sanitaria del PP y para vincularla al escándalo del Hospital de Torrejón. El objetivo: reforzar la idea de que sólo el PSOE garantiza la igualdad de oportunidades frente a un PP que “convierte a pacientes y estudiantes en clientes”. “Da igual que sean los cribados de Andalucía, o los recortes de (María) Guardiola, o la privatización de (Isabel Díaz) Ayuso”, lanzó el líder de los socialistas.
“Primero, recortan. Y luego aumentan las listas de espera. Es hacer negocio con la sanidad de todos para que ganen cuatro. Y al final, ¿qué hacen?, que le pregunten al novio de Ayuso”, espetó el presidente del Gobierno sobre el caso de fraude fiscal del empresario Alberto González Amador. “Vamos a ganar a la derecha (...) que luego te dicen me duele mucho España, pero lo que les duele es que gobierne la izquierda”, aseguró Sánchez al hablar de las encuestas que vaticinan el descalabro de los socialistas en número de escaños.
Gallardo, un candidato lastrado pero reivindicado
El candidato socialista, Miguel Ángel Gallardo, llega al 21D con un doble lastre: las encuestas adversas y su condición de investigado por presunta prevaricación y tráfico de influencias en la contratación del hermano del presidente, David Sánchez. Aunque intenta capitalizar su historia personal como ejemplo de ascenso social, él mismo reconoce que carga con “la mochila llena de piedras, que es lo que ha querido la ultraderecha que lleve. A mayor dificultad, mayor ganas”.
Su relato busca presentarse como víctima de una campaña de la ultraderecha y conectar emocionalmente con un electorado socialista que históricamente castiga la desmovilización. Pero incluso dentro del partido nadie espera un vuelco: los cuadros territoriales sólo aspiran a que la derrota no alcance dimensiones de batacazo.
El cartel del acto inaugural, donde solo aparecía Sánchez, confirma la estrategia: es él quien puede activar al votante socialista desmotivado, especialmente después de la caída de 2023. El presidente participará en varios mítines más y cerrará la campaña, consciente de que parte del resultado se leerá nacionalmente como una prueba de su fortaleza política.
El discurso de los socialistas busca transmitir confianza, minimizar las encuestas y proyectar una narrativa de remontada, evocando la sorpresa de las generales de 2023. “Que se queden con ellas”, dijo en referencia a las encuestas que pronostican el primer triunfo PP de María Guardiola.
El PSOE juega a contener daños
Con Gallardo cuestionado y un PP que aspira a consolidarse en la Junta sin tener que ceder mucho en un pacto con Vox, los socialistas extremeños afrontan dos semanas largas, intensas y decisivas. El partido intenta reactivar la maquinaria en un territorio donde la marca sigue siendo fuerte, pero donde la desafección interna y los escándalos pesan.
El lema que preside los actos —“Hazlo o lo harán”— sintetiza la apuesta final: movilizar sin recurrir al miedo, apelar a la memoria socialista y convertir la presencia constante de Sánchez en un revulsivo que, al menos, amortigüe el golpe.
La batalla del 21D no parece ya una pelea por ganar, sino por resistir. Y para eso, el PSOE ha puesto toda su campaña en manos del presidente. @mundiario