El rey Felipe VI reclama “seguir fortaleciendo” las relaciones con China
Felipe VI ha puesto rumbo a China con un mensaje tan diplomático como contundente: España quiere consolidarse como un socio fiable del gigante asiático. No era una visita protocolaria. Ni una gira de cortesía. El primer discurso del monarca en Chengdú, epicentro industrial del suroeste chino, marcó el tono de una visita de Estado cargada de contenido económico y de lecturas geoestratégicas. Su objetivo: reforzar una relación bilateral que combina promesa de prosperidad con inevitables tensiones.
El Rey, que no visitaba China desde hace 18 años, eligió sus palabras con precisión quirúrgica: “Si queremos construir una relación económica sólida y duradera entre España y China, debemos hacerlo sobre la base de la confianza mutua, la apertura y la seguridad jurídica”. Una frase que, más allá de su tono institucional, resonó como una advertencia velada. España busca más puertas abiertas en un mercado tan vasto como hermético, donde las reglas del juego no siempre son transparentes para las empresas europeas.
Mientras la comitiva española —con el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, a la cabeza— desplegaba una agenda de contactos empresariales, el contexto internacional recordaba que nada es casual. El acercamiento entre Madrid y Pekín ha despertado recelos en Washington y en algunas capitales europeas, incómodas ante la sintonía española con una potencia que combina atractivo económico y pulso geopolítico. Pero, tras la reciente entente entre Estados Unidos y China, el pragmatismo vuelve a imponerse sobre la retórica: todos necesitan hablar con la segunda economía del planeta.
En Chengdú, Felipe VI no solo representaba a España: representaba a una Europa que intenta mantener su peso en un tablero dominado por la rivalidad entre Washington y Pekín. Lo hizo ante un auditorio compuesto por más de 400 empresarios chinos y españoles, un escenario que mezclaba el sonido de los traductores simultáneos con el aroma del café y la expectación por los acuerdos posibles.
🇨🇳 El Rey, en el Foro Empresarial España-China
— Casa de S.M. el Rey (@CasaReal) November 11, 2025
🗨️Nos ilusiona, especialmente, poder impulsar juntos nuevas oportunidades de colaboración que redunden en el beneficio mutuo de nuestras empresas y en la prosperidad de nuestros pueblos. pic.twitter.com/QHeznyfO9S
Una visita con cifras, tensiones y simbolismo
La visita llega en un momento crucial. Pekín mantiene aranceles provisionales sobre el porcino europeo —una medida que golpea directamente a uno de los sectores españoles más exportadores— como respuesta a los gravámenes de Bruselas sobre el coche eléctrico. España, que el año pasado se desmarcó de esa política europea, confía ahora en que la diplomacia económica, encarnada por el propio Rey, sirva de palanca para aliviar la presión comercial.
El foro empresarial celebrado en el Gran Hotel Meliá de Chengdú, con 180 firmas españolas y 260 chinas, mostró dos caras del mismo tablero: la oportunidad de inversión y la fragilidad de la reciprocidad. Para los empresarios del cerdo, el viaje “llega en un momento clave”. Para gigantes como CATL, el fabricante chino de baterías que invertirá 4.100 millones de euros en una gigafactoría en Zaragoza, España es una tierra fértil para la innovación.
La estrategia: atraer inversión, exigir apertura
Felipe VI insistió en que los proyectos chinos deben generar valor añadido, transferencia tecnológica y empleos de calidad. No basta con ser receptores de capital extranjero; el desafío está en transformar esa inversión en conocimiento y competitividad. En un mercado global cada vez más condicionado por la geopolítica, España necesita que su apuesta por China no se interprete como dependencia, sino como visión estratégica.
El mensaje del monarca fue claro: España se ofrece como puente entre Europa y Asia, pero reclama reciprocidad. “Nos ilusiona, especialmente, poder impulsar, juntos, nuevas oportunidades de colaboración que redunden en beneficio mutuo”, afirmó, recordando que las relaciones internacionales no pueden sostenerse solo en el intercambio comercial, sino en la confianza política y jurídica.
La Reina Letizia, mientras tanto, añadió el toque cultural a la visita: un homenaje en Chengdú al poeta Antonio Machado, junto a versos de la escritora china Xue Tao. El acto, entre pagodas y bambú, simbolizó la otra cara del viaje: la del diálogo entre culturas. Porque si la economía acerca, la cultura humaniza. @mundiario

