La razón de Artur Mas y las cinco sinrazones del proceso catalán

Artur Mas.
Artur Mas.

La entrevista realizada por Ana Pastor al president de la Generalitat ha puesto en evidencia la debilidad de la propuesta del bloque independentista, según este autor.

La razón de Artur Mas y las cinco sinrazones del proceso catalán

La entrevista realizada por Ana Pastor al president de la Generalitat ha puesto en evidencia la debilidad de la propuesta del bloque independentista, según este autor.

Si me permiten un comentario en clave personal, he de reconocer que mis simpatías iniciales hacia la andadura emprendida por las fuerzas nacionalistas catalanas hace cuatro años se están convirtiendo en decepción cuando no en mera perplejidad. La entrevista realizada el pasado domingo en la Sexta a Artur Mas me ha provocado un nuevo y profundo desencanto, pues ha demostrado la falta de realismo existente ante un desafío de tanta repercusión para Catalunya. 

Tal como manifestaba en mi artículo anterior sobre el deporte catalán (se puede consultar desde aquí), creo que una cosa es el derecho de los partidos catalanes a plantear la autodeterminación, un postulado en mi opinión plenamente defendible, y otro es ignorar las consecuencias más que probables de una hipotética independencia. Repasemos los momentos de la entrevista que inspiran la anterior afirmación.

La razón de Mas

El president de la Generalitat argumentó en varias ocasiones que su ideal habría sido la celebración de un referéndum en el cual los ciudadanos catalanes pudiesen haber decidido libremente entre el Sí y el No a la independencia. Creo que tiene razón. Llegados al punto en el que estamos, lo más razonable es dejar que el pueblo exprese su posición.

Ahora bien, igualmente creo que es preciso articular las mejores condiciones para llevar a cabo tal consulta trascendente. Entiendo imprescindible consensuar el modelo y procedimiento entre todos los partidos catalanes y establecer un período de debate y análisis amplio y profundo que permitiese a la ciudadanía alcanzar un conocimiento de calidad sobre las implicaciones de la independencia. Claro que para ello precisarían de la anuencia del gobierno español. En esta línea deberían haber porfiado. Tarde o temprano llegarían a un acuerdo, con el presente ejecutivo o con el próximo. Además de que las prisas no suponen el mejor escenario para procesos de esta complejidad y relevancia, rompiendo las reglas del juego no se consigue más que conflicto y perjuicio para todos.

Las sinrazones del proceso

En donde creo que el president Mas se equivoca de parte a parte es en mantener contra viento y marea postulados inciertos cuando no directamente falsos. El camino hacia la independencia de un país no puede construirse sobre la base de falacias y barro. Me explico:

Respecto a la permanencia en la Unión Europea, el presidente catalán utilizó un argumento propio del vecino del quinto discutiendo con el del cuarto. Dijo, básicamente, que en caso de independencia, Catalunya seguiría en la Unión porque ya pertenece y no veía a Europa expulsando a siete millones y medio de ciudadanos. Tal vez se lo crea pero en tal caso, Artur Mas tiene dos problemas: encauzar correctamente el proceso y asumir sus consecuencias ciertas.

España es miembro de la Unión Europea tras un largo y tortuoso camino de solicitud, análisis, revisión y negociación. Es el único trayecto posible, el que han seguido cada uno de los países miembros. Si una parte de un estado miembro se desgaja, tendrá que pasar el examen completo para unirse al club. No hay otra. Si necesitaba la confirmación, ahí tiene a los líderes de la UE afirmándolo sin la menor reserva. Por poner un ejemplo ajeno: si Sicilia se independizase de Italia, tendría que ponerse a la cola de los países cuya incorporación está en fase o pendiente de análisis. Cabe la opción de que los estados miembros procurasen acortar los plazos de acceso; sería posible pero no seguro, ni mucho menos.

Segunda sinrazón, la pérdida del comercio bilateral con España. Volvemos al nivel de interlocución entre vecinos. El presidente Mas no cree que el comercio con España se resienta por sentido común ya que a ninguna de las partes le interesa. Es cierto pero a la parte que, con diferencia, menos le interesa es a Catalunya dado el enorme saldo a favor de su balanza comercial con España. Los principales clientes de los productos catalanes son comunidades autónomas españolas. Esto es así, no se puede retorcer la realidad. Y en caso de independencia, habrá una merma de ese comercio, también es una evidencia. Los productos catalanes pasarían a considerarse comercio exterior, lo que ello implica de complicación administrativa que muchas empresas españolas tenderían a evitar desviando sus compras hacia otras CC.AA.

Tercera sinrazón, la gobernabilidad de un ejecutivo constituido por fuerzas de ideología diametralmente opuesta. El president alegó en este caso que Junts pel Sí había presentado un programa electoral común lo que demostraba que se podía gobernar sin problemas. ¿Desde cuándo un programa es garantía de nada? Puso como ejemplos de concordancia la pregunta del 9 de noviembre pasado y la propia celebración de la consulta. Y bueno, supongo que si Artur Mas se escuchó posteriormente, no se habría quedado demasiado satisfecho son su respuesta. Comparar un texto de una pregunta con el ejercicio de gobierno que pretende la independencia política es igual que equiparar el Exin Castillos con la Sagrada Familia.

Cuarta al hilo de la pregunta anterior de Ana Pastor, que Mas aprovechó para justificar la necesidad de la secesión sobre la base de no disponer Catalunya de las competencias de empleo y pensiones. En fin, cualquier Estado se organiza a partir de una distribución de competencias que se debe articular sobre el principio de eficacia administrativa y optimicidad del mercado. Puede ser discutible a qué administración le debe corresponder la gestión de una u otra función pero lo que parece ciertamente improcedente es defender la independencia de un territorio por no haber asumido una u otra competencia. En tal caso, España debe separarse de la Unión Europea pues ésta cuenta con una larga lista de atribuciones, entre ellas la política monetaria por ejemplo.

Y por último, quizás lo más extravagante de la entrevista, fue una afirmación que emitió el president Mas como si tal cosa y que refleja, en mi opinión, el nivel de miopía, cuando no de ceguera, en el que está incurriendo. Dijo que necesitaba la competencia de Empleo para tener el índice de paro de Finlandia o Dinamarca (creo que fueron esos los países que mencionó) y no el de España. Primero, que Convergencia apoyó la reforma laboral del PP en el Congreso, con lo cual parece estar de acuerdo con la legislación en la materia. Pero en segundo lugar, el índice de desempleo depende fundamentalmente de la estructura económica y de la cultura administrativa y empresarial. Por suerte o por desgracia, ambas realidades en Catalunya se parecen bastante más a las propias de España que a las típicas de Escandinavia.

Catalunya será un estado en algún momento del futuro. Lo demanda su historia, lo preferirán la mayoría de sus ciudadanos y lo justificará un escenario que en este momento, me temo, no se cumple en absoluto. Si los políticos catalanes reflexionan con ecuanimidad, probablemente lleguen a la conclusión de que lo conveniente es ponerse a gobernar a fin de rebajar los ratios de desempleo, disminuir abruptamente los índices de desigualdad y recuperar el nivel de bienestar social anterior a la crisis. Y continuar la negociación con el gobierno español a fin de avanzar cara a una Catalunya más libre y más justa en los términos que se vayan acordando. También, por cierto, más razonable y veraz.

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