Pues claro que Arriola sabe de friquis, ¡no ves que tiene la casa llena!

El autor pretende demostrar que el Partido Popular podría celebrar por sí solo el Día Mundial del Orgullo Friqui (25 de mayo) sin preocuparse por la falta de quórum.

Sheldon Cooper, personaje protagonista de The Big Bang Theory.
Sheldon Cooper, personaje protagonista de The Big Bang Theory.

Pedro Arriola, Sumo Asesor del Partido Popular, dio esta semana el banderazo de salida para el bataneo de la derecha mediática a Podemos y al "Coletas", como tiernamente llama el TDT Party a Pablo Iglesias. Si las izquierdas en este país no se odiasen como se odian desde los tiempos de Maricastaña, qué simbólico resultaría que este joven de ideología comunista sea tan tocayo del fundador del PSOE.

Al grano, al grano, que se lo comen los pajaritos. Lo primero que quiero dejar claro es que Arriola no dijo –solamente– que Podemos esté lleno de friquis. Fue más allá: dijo que Madrid está lleno de ellos. Aún puede Arriola tomarse esas libertades en un feudo del PP, mermado, pero feudo al fin y al cabo. Los arrestos hay que tenerlos para decir eso mismo, por poner un ejemplo, en su Sevilla natal.

¿Y qué es un friqui? Olvidémonos de la definición y vayamos al arquetipo. Les presento a Sheldon Cooper, friqui excelente que protagoniza la teleserie "Big Bang Theory", comedia norteamericana repleta de nerds, geeks y, propiamente, friquis. Con ayuda de Cooper vamos a demostrar que donde realmente hay una legión de fricazos es en el PP de Arriola.

Este astrofísico –Sheldon, el otro es de letras– siente, como todo "rarito" de pro, una especie de fe ciega en la existencia de entes superiores al ser humano. De ahí su fanatismo por la saga de La Guerra de las Galaxias –y sus dos lados de la Fuerza– o por los seres ultraterrenos de Expediente X. Devoción gemela a la del ministro del Interior español, que condecora a la Virgen del Amor; a la de la ministra de Empleo, que se encomienda a la Virgen del Rocío; o a la de Julio Somoano, cuyos informativos recomendaron a los parados rezar. Por no hablar de la obsesión de Wert por calzar en los colegios públicos la fe católica. Por cierto, la madre de Sheldon es una cristiana integrista de Texas.

Estas fantasías extraterrenas propias del friquismo se traducen en una falta absoluta de rubor a la hora de disfrazarse de personajes inverosímiles; Darth Vader, la Mujer Maravilla, Batman... ¿Recuerdan a Aznar con sus botas de cowboy y su acento chicano? ¿O a Cospedal con su pañuelo palestino, queriendo parecer tan ye-yé? Pues olvídenlos, porque si hay un disfraz conseguido en el PP, ese ha sido el de Gallardón, un lobo reaccionario de tomo y lomo escondido bajo la piel de un cordero centrista y liberal. ¡Cómo les engañó! Yo lo supe siempre, como supe que Bruce Willis estaba muerto en "El sexto sentido" desde el primer fotograma del tráiler.

El aprensivo Sheldon Cooper no conduce. Y lo que es peor, siempre obliga a sus amigos a que lo lleven a hacer recados en sus coches. Ahí tenemos a Cañete haciendo apología de la bicicleta en la jornada de reflexión; y a tanto ministro, diputado provincial, alcalde y asesor siendo llevado y traído en automóvil oficial venga o no a cuento. Y qué decir de la linchada Esperanza Aguirre, que no atropelló a los agentes de movilidad madrileños con su utilitario por huir de la justicia, sino porque confundió, como Cooper, las marchas y los pedales.

Nuestro friqui de ficción es obsesivamente normativo. Sheldon le pinta la vida de color de hormiga a su compañero de piso Leonard a base de contratos de convivencia oportunamente reformados (por su interés, claro). Para ser tan liberales, los ministros del PP también están colmando este país de leyes y decretos. Siempre, eso sí, en la misma dirección: hacia abajo. Y con la misma alegría largan indultos, pero hacia arriba.

Una de las características que refuerzan el perfil de Cooper es su síndrome de Asperger. Entre otros síntomas, Sheldon carece de empatía. ¿Recuerdan a Andrea Fabra y su empático "¡Que se jodan!"? ¿O a la viceconsejera de Sanidad madrileña, Patricia Flores, preguntándose si los enfermos crónicos debían tener asistencia gratis mientras ella y su jefe querían vender los hospitales al corso financiero? Cuánta comprensión derrochó también la diputada valenciana Pilar Sol cuando aseguró que los pobres se compraban plasmas con las subvenciones públicas… Y qué derroche de caridad cristiana cada viernes, en ese consejo de ministros que tantas veces nos ha recordado a una asamblea en Isla Tortuga.

Relacionada con su carencia absoluta de empatía, nos encontramos con la imposibilidad de Sheldon Cooper de tocar y ser tocado, especialmente por el otro sexo. ¡Hmmmm! ¿Será esa la razón oculta que lleva a Wert a querer separar chicos y chicas en los colegios? Eso sí, después de que el ministro nos confiara públicamente que él no tira la toalla más que al salir de la ducha, ya se imaginarán las ganas que le quedan a uno del menor contacto humano.

Y por fin, hablemos del archienemigo de Sheldon. No es propiamente un personaje, sino un cameo: el del actor Wil (así, con una L) Wheaton, que interpretó al álferez Wesley Crusher en Star Trek: The Next Generation, otro icono friqui. Wheaton es, sin paliativos, manipulador y tramposo. Es decir, un friqui malévolo, un trasunto de Magneto, el mutante que traicionó a sus compañeros de la Patrulla X (o X Men, como prefieran). El PP también tiene sus magnetos, los verdaderos culpables del reciente toque de atención electoral. ¿Que dónde están? En los tribunales.

En conclusión, Arriola: para ti la perra gorda. Es verdad, lo que sobran son friquis, pero no en Madrid, sino en Génova. Como dice el bueno de Sheldon Cooper: "¡Zas, en toda la boca!".

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