El PSOE y el PSC negocian una salida alterna para evitar desquebrajarse

Javier Fernández. / PSOE
Javier Fernández. / PSOE

Tanto en Ferraz como en Cataluña están conscientes de que la de ahora es la peor crisis en la historia entre ambos pero no quieren romper las relaciones mutuas.

El PSOE y el PSC negocian una salida alterna para evitar desquebrajarse

Ni el PSOE ni el PSC se han inmutado en negar que la crisis que pasan actualmente es la peor en la historia de ambos. La decisión de los catalanes de mantener el no a Mariano Rajoy en la investidura abrió la caja de Pandora en Ferraz y la tensión, vaticinan muchos, podría llevar al partido a partirse en dos. La Comisión Gestora, máxima autoridad de los socialistas a día de hoy, creó una pequeña comisión para negociar los acuerdos con sus socios catalanes y, pese a que muchos líderes importantes de los obreros apuntaban que debía expulsarse de forma definitiva a aquéllos de los órganos federales, este séquito intentará hacer lo posible por evitar la ruptura. El PSC aporta nada menos que 18,000 afiliados al PSOE.

Los recelos de cualquier forma no son nada nuevo tampoco. El sector más españolista del PSOE ya se erizó cuando sus colegas propusieron un referendo estilo canadiense para independizarse. Pese a que igual el plan no se consumó, la simple idea de llamar a las urnas si la reforma constitucional no avanza y la definición de esa comunidad como nación subieron un poco el nerviosismo de los más proEspaña del partido.

Pero la rebeldía de negarse a abstenerse tal y como lo ordenó el Comité Federal parece haberle dado el impulso que necesitaban aquellos que ya no quería nada que ver con el PSC. Emiliano García-Page o Guillermo Fernández Vara son los abanderados de esa opción, la de la ruptura definitiva. De acuerdo a aquéllos y otros dirigentes, el PSOE debía eliminar al PSC de sus órganos federales y dejarles sin voz ni voto en las grandes decisiones que tome el partido.

También creen que los catalanes ya no son importantes. En su momento Cataluña era uno de los grandes bastiones en que se apoyaban los proyectos electorales socialistas, pero a la luz de los últimos resultados, parece que la comunidad ha perdido su peso en los balotajes. Los catalanes pasaron de un 39% de votos en el año 2000, traducidos en 21 escaños, al 16.12% en junio de este año, es decir siete diputados.

De entrada, la primera consecuencia sería que el PSC ya no podría participar en el Comité ni el Congreso Federal. Ese movimiento, creen muchos, dejaría en una posición inmejorable a Susana Díaz, quien es, de acuerdo a muchos en Ferraz, la llamada a tomar la secretaría general del partido. Díaz quiere deshacerse de cualquier escombro que le recuerde a Pedro Sánchez, cuya figura sigue muy fuerte en los obreros. Iceta, máximo líder del PSC, jamás ocultó su respeto y admiración a Sánchez y apostó por apoyar el no es no hasta la última instancia, por lo que es normal que la jefa de Andalucía no simpatice con él.

El PSC se justifica

Entretanto, Iceta busca la forma de salir bien parado del lío en que metió a sus hombres. El secretario general del PSC justificó su decisión de mandar a votar no a su partido en una muestra de lealtad al secretario general, no al nombre. Es decir, apoyó a la autoridad del partido, no a Pedro Sánchez. "Nuestra lealtad será a prueba de bombas, incluso si es Susana Díaz", dijo.

"Puede ser la excepción que confirma la regla. 38 años, tres excepciones. Podemos revisar las reglas pero intentemos que sean reglas que provoquen menos excepciones, no más", insiste Iceta. El jefe catalán quiere que se mantengan las relaciones entre ambos pero de igual forma pide que se le perdone su berrinche que casi le cuesta un nuevo bombardeo interno al partido.

Y al parecer, en Ferraz las nuevas muestras de arrepentimiento les han tocado el corazón. "Muestran arrepentimiento. Las últimas declaraciones demuestran que están intentando rebobinar. Era una salvajada. Lo último que nos faltaba es romper con el PSC en la situación en la que estamos", dice una importante dirigente. La gestora y los partidarios de romper se han quedado en un punto en el que no saben cómo proceder, y de hecho ni siquiera están seguros de qué decidir.

Fernández e Iceta han pospuesto para un par de meses la reunión que ambos sostendrían sobre este tema. Cumplido el plazo, cada uno enviará un grupo de tres o cuatro individuos para negociar las "discrepancias" que todavía hay entre ambos. Una de ellas, tal vez la más seria, es la concepción territorial de España. Fernández cree que la Declaración de Granada -la concepción del PSOE de llevar a España a ser una república federal- es "el punto de llegada" del partido, Iceta en cambio lo ve como "el punto de salida". Aparte de eso, el PSOE no tiene la más mínima intención de escuchar a Cataluña ser denominada como nación, o cuando menos no de momento. Probablemente sean esos dos grandes temas los que el partido deberá resolver antes de sentarse a dar una sentencia definitiva en este caso.

En Ferraz eso sí, urgen que las medidas adoptadas sean definitivas para evitar otra rebelión en el futuro. En las filas socialistas sentó muy mal que el PSC haya participado en la votación que ordenó la abstención y la desobedecieron igual. "No puedes participar en un órgano de decisión y si la resolución no te gusta no aplicarla", asegura un dirigente del PSOE.

El panorama apunta a complicado. Algunos afines a Sánchez piden que se revisen las relaciones, sí, pero sin excluir a los socialistas del proceso de toma de decisiones. Algo así como una alianza con interés electoral, nada más.@hmorales_gt

 

 

 

El PSOE y el PSC negocian una salida alterna para evitar desquebrajarse
Comentarios