El presidente del gobierno en funciones de España se ha quedado solo

Marianio Rajoy. / Anamaría Tudorica
Marianio Rajoy. / Anamaría Tudorica

Incluso antes del escándalo Soria, Mariano Rajoy tenía en sus manos hacer el primer y único servicio a los españoles después de décadas de carrera política a costa de los españoles: renunciar a ser el candidato de su partido y dejar paso a otro.

El presidente del gobierno en funciones de España se ha quedado solo

Una de las principales bases de la sociología es encontrar patrones regulares y lógicos en los comportamientos de las personas para predecir sus actuaciones. Algo que nos lleva a utilizar la lógica y la razón como el motor principal de la actuación humana. Sin embargo, y sobre todo en política, existe ese componente irracional e inesperado que influye mucho más en las personas de lo que la mayoría de científicos de las ciencias del comportamiento humano quieren admitir. Si no existe un patrón racional que nos sirva de predicción del individuo, la ciencia social en sí tiene poco sentido y dudosa utilidad. 

Si enfocamos más nuestro análisis hacia el marco de las élites políticas que nos han tocado, casi nadie pensaría que un gobernante o un líder haría nada que de manera clara y obvia le perjudicara en su propia supervivencia. Es cierto que no sería la primera vez que un dirigente actúa contra los intereses de su país o de su partido; pero generalmente ninguno toma decisiones que perjudiquen su supervivencia. Algo que en España, además, se extiende sin pudor alguno al campo de la responsabilidad política, que brilla por su ausencia. Los españoles disfrutamos de una democracia donde sus políticos no asumen responsabilidades. 

Pues bien, todo este planteamiento teórico y práctico ha quedado desfasado en el análisis tras el último movimiento de Mariano Rajoy: premiar a Soria con 266 mil euros al año en el Banco Mundial. El error ha sido tan evidente que no existe nadie en la derecha mediática capaz de defender este nombramiento. (Hace pocas horas Soria ha presentado su renuncia al puesto). El presidente del gobierno en funciones se ha quedado solo, escoltado por Cospedal, capaz de defender con su rostro armado de hormigón cualquier desvergüenza, y De Guindos, el ministro que se hace co-responsable de la faena. La realidad es doble: no existía ningún beneficio en situar a un cadáver político como Soria al frente de un organismo internacional representando a España; y no podía existir un momento más crítico que el actual para cometer este atropello al mínimo respeto que los ciudadanos de este país nos seguimos mereciendo. 

Ahora bien, también creo lo siguiente: es posible que este movimiento no le reste electoralmente casi nada al PP; y es bastante oportunista utilizar la colocación de Soria como el argumento definitivo del “no es no” por parte de Pedro Sánchez. Seamos sinceros: no ha sido ni será la situación de Soria lo que determine la política nacional o las razones del bloqueo al gobierno. Me causa incluso estupor cuando veo a ilustres pedristas dándose golpes de pecho por el premio al ex ministro de Industria como si esto fuera una especie de pecado original imperdonable. 

La realidad es que incluso antes del escándalo Soria, Mariano Rajoy tenía en sus manos hacer el primer y único servicio a los españoles después de décadas de carrera política a costa de los españoles: renunciar a ser el candidato de su partido y dejar paso a otro. Esta simple renuncia, aceptando como generosidad lo que no sería más que responsabilidad, podría suponer un movimiento político por parte del PP casi decisivo para su supervivencia en el Gobierno. Tras la marcha del actual presidente en funciones y el paso a un nuevo candidato se pondría el foco y la responsabilidad absoluta del bloqueo, esta vez sí, en Pedro Sánchez y en el Partido Socialista. 

El problema lo tenemos, sin embargo, en la práctica imposibilidad de este ejercicio de altura política por parte del gallego y en la probable inutilidad que conllevaría si renunciase, porque la marcha de Rajoy sería una condición necesaria pero no suficiente para el desbloqueo actual de gobierno. Hay otros actores como Albert Rivera que a pesar de señalarse a él mismo como la solución que emana del “sacrificio por España” ha dado muestras preocupantes de absurdo existencial, al pedir en la sesión de investidura la cabeza del candidato con el que había pactado y estaba votando a favor, algo impensable en ninguna democracia seria de occidente. 

La cuestión es que el PSOE de Pedro Sánchez quiere terceras elecciones. Antes, claro está, pasará por el teatro ya repetido de intentar ese “gobierno de progreso” con las “fuerzas del cambio” que no es más que un eslogan cursi y vacío al servicio de la verdadera razón del líder socialista: su sillón. Aún así, viendo como cotiza a la baja la coherencia en los actores políticos españoles, no sería descartable cualquier desenlace por descabellado que parezca a priori. Frente a Pedro Sánchez tenemos un Rajoy que parece ya dispuesto a pulsar el botón de la bomba nuclear antes que su rival, por mucho que eso suponga la destrucción mutua asegurada. El mundo ha tenido una gran suerte porque Rajoy y Pedro no estuviesen al frente de la URSS y los Estados Unidos en plena guerra fría, porque el holocausto nuclear habría estado garantizado. 

El presidente del gobierno en funciones de España se ha quedado solo
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