La pesadilla del PP ante su dilema valenciano: depender de Vox tras la caída de Mazón

Mientras los populares tratan de recomponerse, Santiago Abascal aprovecha el vacío para marcar distancias y culpar a Feijóo de ofrecer un “chivo expiatorio” a Pedro Sánchez.
Santiago Abascal, líder de Vox. / Vox
Santiago Abascal, líder de Vox. / Vox

La salida de Carlos Mazón de la presidencia de la Generalitat Valenciana ha sacudido el tablero político regional y nacional. Su renuncia, presentada con ambigüedad y sin aclarar los pasos a seguir, ha dejado al Partido Popular atrapado en un escenario que no controla del todo: el de tener que negociar su continuidad en el poder con Vox, su socio necesario y ahora juez decisivo.

Con el registro formal de la dimisión en el Diario Oficial de la Generalitat, el reloj institucional ha comenzado a correr. El Estatut d’Autonomia fija plazos precisos: la presidenta de Les Corts, Llanos Massó (Vox), deberá abrir una ronda de contactos para designar un nuevo candidato en un máximo de doce días. Sin los 13 votos de Vox, los 40 diputados del PP no alcanzan la mayoría absoluta. Es decir, la gobernabilidad de la Comunidad Valenciana depende de la voluntad del partido de Santiago Abascal.

El escenario es endiabladamente complejo. Si en primera votación no hay mayoría absoluta, se repetirá el intento 48 horas después, esta vez por mayoría simple. Pero incluso en esa circunstancia, Vox mantiene la llave, ya que sus votos seguirían siendo imprescindibles para superar el bloque de izquierdas formado por PSPV y Compromís. De no alcanzarse un acuerdo en el plazo de dos meses, las Cortes se disolverían automáticamente y la Comunidad Valenciana iría a elecciones anticipadas en marzo.

Para el PP, el riesgo es doble. Por un lado, perder el control político del Gobierno autonómico si Vox decide no respaldar a su candidato. Por otro, exponerse a un adelanto electoral que podría castigar su gestión y, sobre todo, reavivar la narrativa de división interna. Mazón, que se va sin pronunciar un adiós explícito, ha dejado tras de sí un vacío que Abascal ha sabido llenar rápidamente con un mensaje claro: Vox no se moverá “hasta que el PP se aclare”.

Durante una comparecencia en Plasencia, Abascal desveló que Mazón le había informado de su decisión minutos antes del anuncio oficial. Acto seguido, lanzó un doble mensaje político. Primero, reclamó que “no se trata de personas, sino de ideas”, dejando entrever que Vox condicionará cualquier acuerdo a un giro ideológico del PP hacia posiciones más firmes ante la división interna sobre el sucesor. Y segundo, aprovechó la coyuntura para atacar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

“El Partido Popular ha acabado dando a Sánchez un chivo expiatorio que lo exime de su responsabilidad criminal en la dana”, afirmó Abascal, atribuyendo al Ejecutivo central la responsabilidad última por la falta de respuesta ante el desastre natural que golpeó a Valencia. “El gran culpable de lo que ocurrió en Valencia es Pedro Sánchez, su ministro del Interior, su ministra de Defensa y Teresa Rivera. Lo son porque negaron la ayuda internacional; lo son porque racanearon la ayuda; porque evitaron a toda costa que la ayuda llegara a tiempo y lo son porque se negaron a la construcción de las infraestructuras hidrológicas que habrían paliado este desastre”, aseguró.

De esa forma, el ultraderechista lanzó un discurso que traslada el foco de la crisis valenciana a la arena nacional y busca situar a Vox como el verdadero opositor al Gobierno socialista, mientras el PP aparece atrapado en sus propias indecisiones.

La estrategia es clara: convertir la incertidumbre del PP en una oportunidad para proyectar fortaleza. Abascal sabe que el desgaste de Mazón y la falta de un liderazgo alternativo sólido abren una ventana política para su partido. En paralelo, Feijóo afronta el dilema de si optar por la alianza con Vox a costa de ceder terreno político o distanciarse con el riesgo de perder gobiernos autonómicos clave.

Mientras tanto, el calendario institucional sigue avanzando. Si el PP no logra un acuerdo rápido con Vox, el escenario de unas elecciones anticipadas en marzo se vuelve cada vez más probable. La “pesadilla” de depender de su socio de ultraderecha se convierte, así, en la prueba más dura para los populares valencianos desde su regreso al poder.

En el fondo, la crisis de Mazón expone algo más profundo: la dificultad del PP para gestionar su relación con Vox, entre la necesidad aritmética y el desgaste político. Y, en ese terreno, Abascal ha encontrado la oportunidad perfecta para tensar la cuerda y marcar los tiempos de una negociación que puede definir el mapa político valenciano —y, con él, el equilibrio de poder dentro de la derecha española—. @mundiario

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